Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. (Bertolt Brecht)

Muchos me llamaran aventurero, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades. (Ernesto "Che" Guevara)

Aquellos que ceden la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad. (Benjamín Franklin)

viernes, 14 de febrero de 2014

Tendencias tecnológicas y yo, consumidor



Curiosamente, cada final de año aparecen los informes de previsiones de tendencias tecnológicas para el año, elaborados por consultoras y fabricantes, cual videntes fueran. Sin embargo, hay diferencias entre unas y otras. Unas son futuristas, otras son cuando menos interpretables; unas basadas en opiniones “expertas”, otras más basadas en criterios ciudadanos y sociales; unas de mayor impacto en la persona, otras en la industria. Pero pocas tan significativa como la que realiza Ericsson Consumer Lab, con una muestra de 100.000 entrevistas individuales, de 40 países, representando estadísticamente alrededor de 1.100 millones de personas, con métodos cualitativos y cuantitativos. Sobresale una conclusión, según el responsable de Investigación del ConsumerLab, Michael Björn: "la tendencia más importante" que han detectado es la "demanda masiva de aplicaciones y servicios en todos los sectores y sobre todo en aquellos que tienen el potencial de cambiar el día a día de la gente" (artículo de La Vanguardia Digital). Muy por encima de la demanda de nuevos aparatos o innovaciones “físicas”.

Ello quizá sea debido a que, actualmente, prácticamente cualquier smartphone, tableta, portátil o aparato móvil que tengamos, por bajo que sea su coste o prestaciones, nos permite acceder a servicios. Servicios como los diez enumerados por Ericsson: aplicaciones, el cuerpo como contraseña, cuantificación (control de constantes) de uno mismo, internet en cualquier sitio, smartphones como reductor de la brecha digital, sensación de que los beneficios del mundo online pesan más que las preocupaciones, video e influencia social al poder, datos visibles, sensores para todo, y encender, parar y reanudar en cualquier parte. Curiosamente, y entre 100.000 entrevistas y miles de conclusiones, no aparece contemplada la mejora o el incremento de la accesibilidad y usabilidad de las tecnologías, cuando ésta sin duda se está introduciendo cada vez más, y sin querer, en nuestros aparatos. O quizás porque, del mismo modo que las novedades técnicas y las evoluciones de los SO cada vez la incorporan más, los cientos de servicios, aplicaciones y utilidades derivadas carecen bastante de accesibilidad y usabilidad. Es decir, el coche será cada vez más bonito y potente, pero si cada vez lo entiendo menos, lo llevaré, sí, pero lo utilizaré (sacaré provecho) muy poco para lo que pudiera ofrecerme. Y consumiré menos.

Cisco también anunció sus tendencias: video de alta definición, analítica en tiempo real para servicios comerciales y transporte, nuevas arquitecturas de internet, sistemas de red autónomos, cloud multiproveedor… Gartner definió las suyas: máquinas inteligentes, impresión 3-D, internet de las cosas, cloud híbridas, arquitectura cloud-client, web-scale IT,… y así todos y cada uno de los pensadores de cada casa. Pero por encima de estas tendencias profesionales, importantes sin duda y que vamos hacia ellas, las que más afectan al ciudadano son los servicios, usos y aplicaciones dirigidas al ciudadano común, generadas y desarrolladas sobre estas otras técnicas. La TV de alta definición o 4K no nos cambia la vida, lo hacen los servicios desarrollados sobre ella. Lo que ha cambiado nuestros hábitos de comunicación no son los smartphones, son las nuevas aplicaciones de comunicación instantánea desarrolladas sobre ellos, como Whatshapp, Line o Telegram, y por supuesto el correo electrónico. Y es sobre estos servicios, aplicaciones y desarrollos de contenidos donde se hace más imperativa la accesibilidad y usabilidad, y donde puede quedar excluido el ciudadano-consumidor con discapacidad, limitaciones o mayor.

Uno de los problemas de las tendencias del servicio, desde luego, es que afecta al consumo y al consumidor. Todo aquello que no contempla la accesibilidad y la usabilidad pierde potenciales clientes y mucho dinero. Desde el momento en que gran parte del consumo ha pasado de realizarse del espacio o comerció físico al virtual, esta pérdida se hace aún más evidente. Máxime cuando la oferta virtual es más amplia y cómoda que la compra insitu, y por tanto el volumen de consumo debiera ser mayor. Dentro de nada vamos a ver cómo una nueva tendencia se introduce en nuestros hogares y a gran pantalla, aparte de, por supuesto, también en nuestro teléfono inteligente y tableta. El comercio interactivo. Con otro enfoque, como la que propone, de forma innovadora (por anticiparse, no porque se haya inventado ahora), el emprendedor Koldo García, Director General de The Mad Video: «Integrar The Mad Video con las televisiones inteligentes mediante una aplicación móvil conectada con ellas. Por ejemplo, si estás viendo una serie de televisión, parar la reproducción y que la aplicación que tienes en el móvil te permita hacer clic sobre los objetos que hay en ese momento en ella, y así poder ver más información o poder realizar una compra». No es difícil darse cuenta del poderío de esta nueva forma de consumo: fácil, divertida, rápida, emocional. Los grandes comercios y las marcas comerciales van a disponer de un canal de venta masivo y sorprendente en el salón de casa y en la mano mientras van en metro o por la calle (costumbre ésta, por cierto, nefasta, andar mientras miras el móvil). Viendo una película o serie, el “consumidor” podrá comprar la moto del protagonista, la cazadora que viste, la pulsera de la chica y hasta la pizza que estén cenando. ¿Merecerá la pena dejar un porcentaje alto de consumidores, con discapacidad o limitaciones visuales, auditivas o de destreza, apartados de este canal de consumo, por no tener presente la accesibilidad y usabilidad?

Como ya mantenía en otro artículo, la batalla por la accesibilidad de las TIC’s debe cambiar de estrategia, una vez que se demuestra cada vez con mayor frecuencia la ineficacia de las políticas sociales (por su lentitud, es competir carricoches contra Ferraris en su velocidad de diseño y fabricación); o “desconfiar” del derecho al observar las lagunas legales que se encuentran continuamente con los nuevos desarrollos tecnológicos, lagunas legales a nivel mundial además, como pasa con las Google Glass y sus usos de intrusión, los datos en Clouds deslocalizados de ámbitos nacionales, o la producción en serie de verdaderas colecciones de weather clothes que recopilan y envían datos personales y sensibles, o quedan ahí para que cualquiera…Si a todo esto unimos que seguimos sin tener expertos y profesionales con discapacidad en puestos directivos, ejecutivos y órganos de decisión de las grandes corporaciones tecnológicas que dominan el mercado de consumo, está claro que tenemos que cambiar de estrategia para introducir la accesibilidad a las TIC’s. Quizás buscando estrategias colaborativas ciudadanas de envió masivo de información a la industria sobre las necesidades de accesibilidad para miles de personas.

Puesto que los usuarios siempre vamos por detrás, al menos podríamos observar las tendencias de los “grandes”, y una vez detectadas, preguntarnos: ¿Por qué ha comprado Google su decimotercera compañía de robots en un año?. Desde luego, no para coleccionarlos. ¿Podrán ser usados por todos cuando nos los vendan en masa?. O, ¿qué puede significar que IBM invierta 1.000 millones en la creación del Grupo Watson y 100 millones a starups para desarrollo de aplicaciones del grupo? Está apostando claramente por la comunicación hombre-máquina en lenguaje natural y la interpretación de información. Creando una nueva unidad de negocio que dedicará a desarrollar y comercializar innovaciones cognitivas en cloud, haciendo llegar al mercado nuevo software, nuevas aplicaciones y nuevos servicios capaces de aprender y dar respuesta a preguntas complejas. Es evidente que uno de los objetivos con la creación del grupo es innovar en y gestionar servicios. Gartner predice, de hecho, que las máquinas inteligentes producirán el cambio más disruptivo por las tecnologías de la información. Quiero suponer que si tendemos a las máquinas verdaderamente inteligentes, éstas serán capaces de incorporar la accesibilidad usabilidad y adaptación al usuario “de serie”.

Paralelamente, la misma IBM invierte otros 100 millones en arrancar el “Proyecto Lucy”, con un laboratorio de investigación en Kenia, y poniendo a disposición de científicos y socios de negocio acceso a las tecnologías más avanzadas de computación cognitiva de Watson, que les permitirán desarrollar aplicaciones comerciales para sectores como el sanitario, educativo, de agua, agrícola o de tecnología móvil. Al menos, eso afirma Kamal Bhattacharya, director de la unidad de investigación de IBM en África. Si lo creemos, deberíamos alegrarnos, porque en un continente donde las cifras de analfebetismo, discapacidad, escasos recursos económicos e ingentes núcleos de población sin acceso a las redes de comunicación, y por tanto conocimiento de las Tic’s, sólo contemplando la accesibilidad usabilidad y simplicidad de las mismas podrán ser usadas y ser eficaces para los ciudadanos. Si no nos lo creemos, debiéramos pensar que la multinacional ha desembarcado en un continente “virgen”, donde hay un potencial incalculable de beneficios a corto y medio plazo ofertando servicios Tic’s, aplicaciones móviles y productos comerciales elementales, y donde dejar olvidados a un porcentaje de ciudadanos con discapacidad, limitaciones o mayores sobre una cifra de población tan grande, la considere apenas significativa. O lo que sería peor, dirigir esos recursos comerciales diseñados mediante la “inteligencia” Watson pensando en el tejado, es decir, en las empresas y las Administraciones políticas, antes que en la persona en toda su diversidad.

Las empresas no son tontas, y antes de dedicarse a fines altruistas buscan el incremento de los ceros en sus cuentas de resultados. Sin embargo, los últimos movimientos de estas grandes empresas tienen, aparentemente, conexión con futuros usos relativamente sociales o vinculados, en alguna medida, con un beneficio más directo o personal al ciudadano. Del mismo modo ocurre con el famoso movimiento mundial que rodea a las smart-cities. Ahora bien, el que estas nuevas tendencias tecnológicas se acerquen más al beneficio personal a través del fin de su uso, no significa necesariamente que empiecen a contemplar la accesibilidad y usabilidad de las Tic’s “para todos”, eliminando cualquier discriminación social. Más bien, parece que la tendencia busca más una elevación sustantiva del consumo entre quienes tienen capacidades “normales”, facilitando el incremento de su uso, y acelerando el acceso a otros servicios anexos, de consumo también, obviamente. En definitiva, acelerando el incremento de beneficio económico simplificando el uso, evitando el desgaste de esfuerzo que siempre suponen las nuevas Tic’s para quienes no son relativamente expertos. Es decir, acrecentando el consumo entre el consumidor “fácil”, pero sin invertir parte de ese beneficio en hacer servicios y aplicaciones accesibles para quienes tiene más dificultad en su uso, los ciudadanos con discapacidad, limitaciones y mayores.

Decía Carl Sagan, hace bastante tiempo,  que “Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre”. Y ciertamente caemos en ese riesgo.

Veamos una cosa, y hagamos una regla de 3 para ver la pérdida de negocio. La web de Renfe registró 121 millones de visitas en 2013, aumentando sus ventas en un 36%. Alcanzó los 15’5 millones de billetes de AVE, larga, y media duración, lo que supone más del 41% del total vendido. Todo ello a través de la web clásica en internet. Decidieron evolucionar, y han tardado, en diseñar una app para uso en movilidad mediante tablets o smartphone. Llamada Renfe Ticket, se presentó en Fitur, y en unos días se han producido más de 100.000 descargas. Con ella pues realizar la compra de tus billetes, cambios anulaciones, seleccionar la plaza, gestionar puntos y ofertas, o la posibilidad de ir directo al tren sin mostrar ningún papel. Una aplicación interesante y útil, sin duda. Pero, cómo decían Uderzo y Goscini en la primera página de los cómics de Asterix, hablando del “todo dominio” romano: interesante y útil, sí, ¿pero para todos?. No, al menos hoy, al tener serios defectos de accesibilidad y usabilidad. Este sería un ejemplo clásico de pérdida de oportunidades. Las personas con discapacidad sensorial, y movilidad reducida, son usuarios masivos de transporte público.

Y luego está, no menos importante, el conocimiento del total uso de las Tic’s comerciales comunes. Cuando las tendencias llegan, se convierten en bienes, productos y servicios que afectan al ciudadano. Para lograr cualquier evolución social es necesario generar innovación y conocimiento, pero también ser capaz de transmitir y generalizar este conocimiento. Sin transmitir el conocimiento del uso, de las utilidades de la tecnología, el gasto en I+D realizado para generar innovación tecnológica se derrocha. La denominada tecnología cívica, promovida por activistas que buscan lograr mejoras en lo social, cultural, político o administrativo, se basa en definitiva en la participación ciudadana. En realidad, el principio filosófico de la tecnología cívica debe ser la base del conocimiento cívico, de la transmisión del conocimiento, que sólo puede lograrse participando el ciudadano en la transmisión en cadena del conocimiento de la tecnología, de su utilidad, y de sus carencias (falta de accesibilidad y usabilidad). Si la tecnología es accesible, es esencial transmitir ese conocimiento de uso y de dónde y en qué cacharro está; y si no es accesible y usable, también. Es necesario transmitir las dificultades de uso a la industria y el comercio por esos cientos de miles de ciudadanos con discapacidad, limitaciones y mayores.

El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos (Henry Ford).

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Qué pensaría Montaigne hoy en nuestra Sociedad de la Información?



Aún no nos hemos adaptado a las tabletas (la población en general) ni sabemos exprimir nuestros teléfonos inteligentes, y ya nos llegan los Smartwatch, probablemente uno de los más demandados en los próximos meses,  y pasado mañana las Google Glass. Ciertamente, y así se puede apreciar en los últimos años, nunca hemos tenido una tecnología imperfecta tan perfecta, pero tenemos que dedicar tiempo a descubrirla. Los profesionales de la medicina, de la ciencia, de la ingeniería, tienden a descubrirla en su uso y en nuevos usos, pero el ciudadano en general tiende a no descubrir incluso sus ventajas principales, y su mayor utilidad: cómo le puede facilitar la vida.

Estas circunstancias me hicieron recordar un artículo de Jordi Soler aparecido en El País del 3 de septiembre de este 2013, y que bajo el título de “El pensamiento vagabundo”, puede darnos una clave del por qué tenemos tanto desconocimiento de las posibilidades que nos ofrece la tecnología actual, de consumo la mayoría, y de sus capacidades de accesibilidad y usabilidad aún siendo imperfectas. En el artículo, interesantísimo, nos habla de cómo Michel de Montaigne consideraba esencial la reflexión sobre las cosas, y cómo se ha perdido. “Mientras Montaigne pasaba en silencio largos tramos del día, que llenaba de pensamientos y reflexiones, nosotros forcejeamos contra el estruendo que sale permanentemente de las pantallas. Concentrado en un solo punto, Montaigne lo abarcaba absolutamente todo, nosotros, concentrados en puntos múltiples, no abarcamos casi nada”. El único aspecto en que discrepo, es que la falta de reflexión, la pérdida de la tranquilidad, la incapacidad de permanecer sentados largos ratos pensando, la centra Jordi en los niños, cuando la prisa por correr y conseguir sin aprovechar el recurso la tienen los propios adultos, que trasladan esa necesidad a los chicos. No hay gran diferencia entre adultos y menores, pero quizá si responsabilidad de los primeros sobre los segundos con su incapacidad a enseñar a reflexionar.

No voy, desde luego, a alabar la perfección de la tecnología de consumo principalmente (televisores “inteligentes”, teléfonos “inteligentes”, tabletas “inteligentes”, electrodomésticos “inteligentes”…) en cuanto a sus niveles de accesibilidad y usabilidad, pero tampoco la voy a demonizar. De hecho, tendríamos que diferenciar distintas parcelas de la accesibilidad y usabilidad de la tecnología, pues mientras el manejo va siendo cada vez más adaptativo al usuario (mediante gestos, voz, reconocimientos biométricos o integración de varios), e intuitivo al conocerlo, el contenido y presentación de la información textual y visual sigue adoleciendo de graves carencias de accesibilidad. Y, por supuesto, las múltiples utilidades, facilidades y capacidades que va incorporando la tecnología, se pierde por ser, hasta ahora, incapaz la industria de trasladar ese conocimiento al usuario en sus manuales de forma lo más simple y elemental posible.

El teléfono que manejo actualmente, un Samsung S4, incorpora importantes niveles de accesibilidad y usabilidad, como encender la pantalla sin tocarla, poniendo la mano encima. Pero para averiguarlo, he tenido que leer prácticamente todo un libretillo de instrucciones, y esto se comenta en un párrafo conjunto. Si decimos sólo: ”Para ver  la información básica del teléfono, sólo ponga la mano encima”, todos los usuarios lo entenderían, independiente de su nivel cultural, formativo, o capacidad intelectual. Y esa capacidad de usabilidad se aprovechará. El manejo gestual, leer páginas de internet y moverla con la vista o la mano sin tocar la pantalla, disparar la cámara de fotos con la voz… también están incorporadas. Si la empresa es capaz de reducir esa información de uso a la sencillez entendible por todos, probablemente además de entretenernos, también facilitarían la vida a muchas personas, y especialmente con discapacidad funcional, escasa movilidad, discapacidad intelectual o mayores. El problema empieza a ser no que la tecnología no sea accesible (con su falta de perfección, por supuesto), sino cómo hacer para que el usuario sepa hacerla accesible a sus necesidades. ¿Cuántos usuarios conocen aspectos tan básicos como variar el contraste o el brillo, cambiar la resolución u organizar la disposición en pantalla de sus iconos?

Pero el fallo “industrial” o de “empresa” no excusa nuestra incapacidad actual, en condiciones normales y para la mayoría de los usuarios (lógicamente, no incluyo a personas con discapacidad intelectual o muchos mayores) para “perder” tiempo mirando, investigando, pensando y descubriendo. Nos hemos vuelto cómodos, encargamos la solución a otros, a nuestro amigo, a nuestro hijo o a nuestro compañero; y además temerosos de toquetear el cacharro que nos hemos comprado y nos ha costado 300, 500 o 900 euros. Algo que no le ocurría a nuestros abuelos, que siempre encontraban cómo solucionar sus percances con los recursos que poseían, y entre los que se encontraban dedicar tiempo y constancia. Por añadidura, enfocaban cada gasto realizado a la utilidad, y no se buscaba la utilidad después de realzar el gasto.

Pero, además, es que siempre tenemos prisa, y dedicar 30 minutos a pensar o experimentar nos ocupa un tiempo que erróneamente consideramos imposible de “perder”. Quizás buscamos la excusa en la autonegación de nuestra capacidad para investigar qué hace nuestro aparato, y encontrar verdaderos descubrimientos útiles. Como dice Jordi Soler en su artículo, no sólo sentados, también hemos perdido la capacidad de reflexionar o ejercitar los pensamientos caminados que proponía Nietzsche. Ello provoca, lógicamente, que las capacidades y los recursos de accesibilidad y usabilidad de nuestros aparatos se hallen perdidos de nuestro conocimiento (dicho sea esto, sin exculpar a la industria y a las empresas).

“Se han acabado los periodos de silencio, quien va andando no produce pensamientos caminados, va consumiendo algo que sale de su mp3 y le entra por los oídos, el que viaja en metro aprovecha el trayecto para hablar por teléfono o para responder un e-mail, y cualquier momento libre se rellena con la información ilimitada que produce la pantalla del teléfono o de la tableta. Nadie tiene paciencia ya para sentarse a oír un álbum de música completo, hay tiempo para oír una sola canción, que se vende en iTunes por separado; el disco entero nos roba el tiempo que podríamos aprovechar consumiendo otra cosa”.(extracto del citado artículo).

Ahora bien, como en definitiva a la industria le interesa el consumo, y va descubriendo que le sale más rentable fabricar en serie para todos (no precisamente por sensibilidad social), buscando que no se escape ningún usuario, lleva tiempo tratando de integrar múltiples funciones de manejo para sus terminales, de forma que su uso se adapte prácticamente a cualquier usuario. La integración de voz y gestos, pronto sensores de profundidad y reconocimiento en 3D, y su combinación en el uso, pueden suponer la personalización definitiva de la facilidad en el uso respecto a las necesidades del usuario. Pero también parece que a la industria no se le escapa que nuestra capacidad de reflexión o de pensamientos caminados es cada vez menor, y que no vamos a conseguir aprovechar lo que tan benefactoramente nos ofrece, por lo que va a hacerlo por nosotros, buscando adaptarlo a nuestras necesidades sin que hagamos nada. Bueno, a cambio de tener cierta información de nosotros.

Los aparatos están aprendiendo a ver y escuchar al usuario, y esto puede abrir el camino al uso personalizado y adaptativo del televisor, ordenador, teléfono inteligente y electrodomésticos de consumo, a las propias limitaciones funcionales del usuario. A principios de año, en Las Vegas, Jorge Lang, responsable de innovación en Intel España, manifestaba “Siempre nos hemos ocupado de generar más capacidad de proceso y más autonomía, pero nos planteamos demasiado el por qué lo hacíamos. Ahora trabajamos para que esa capacidad dé lugar realmente a una máquina más inteligente”. En definitiva, seguir la línea iniciada por Apple con su Iphone hace varios años, y que ahora persigue Intel bajo el término Perceptual Computing. Este era el argumento que utilizaba Lang para justificar, si se puede, el motivo de que nuestros ordenadores fueran “ciegos y sordos” hasta ahora, y cómo están aprendiendo a ver, oír y responder (ejecutar acciones) para el usuario. Es posible que la industria, al igual que el ciudadano-usuario, haya caído en la falta de reflexión que propugnaba Montaigne, para dejar de preguntarse, ¿realmente le importa al usuario tanta potencia, desaprovechada, y menos la usabilidad?.

El reconocimiento de voz ha sido sin duda un gran avance, y lo será más cuando se extienda su comercialización masiva con la inclusión de los nuevos procesadores Hasswell por parte de Intel en los ultrabooks. Si el trabajo de Intel con estos procesadores consigue el objetivo que afirmaba Lang, “estar trabajando para distinguir la voz del usuario del ruido de fondo a un metro o dos de distancia del aparato”, probablemente se resuelva, de nuevo como valor añadido y casualmente, una gran barrera a la accesibilidad en la comunicación, avanzando en un muy mejorado sistema de subtitulación en directo.

Y si el desarrollo del Perceptual Computing consigue de verdad cambiar nuestra relación y forma de interactuar con nuestro ordenador o tablet, con reconocimiento del habla, facial, de gestos y seguimiento de objetos en 3D, llegaríamos a una nueva forma de asistente personal, con innumerables utilidades para personas con discapacidad, y especialmente gravemente motoras o intelectual. La carrera empezada con el sensor de Leap Motion para la Xbox, y el interés de HP en incorporar esta tecnología sensorial en sus equipos, nos permiten vislumbrar que el concepto y potencia del denominado  Perceptual Computing importa a más de uno y de dos fabricantes. De hecho, la respuesta a gestos para pasar páginas o comandos de voz para disparar la cámara de fotos ya la han empezado a incorporar Samsung en sus smartphones S4 y S5.

Ahora bien, ¿y las otras facetas de la accesibilidad? ¿La económica?. Bueno, la industria tiene claro que tiene que abaratar precios para incrementar usuarios, estableciendo alianzas y compatibilidades entre fabricantes. Leap Motion, por ejemplo, comercializa en EEUU por 80 dólares un sensor de reconocimiento de gestos, por ultrasonidos, y que se conecta al puerto USB de un ordenador o tablet. LG lo tiene claro también en la forma que va a cambiar la relación usuario-televisor, y ya vende, ¡si, aunque nadie se entere!, un mando llamado Magic Control que permite al usuario navegar por los menús de su TV y aliados por voz y gestos.

¿La accesibilidad del contenido y la información? Bueno, digamos que a la industria de los “cacharros” esto les preocupa menos; comprado el aparato, y generada la necesidad del consumo, ese problema que lo resuelvan otros. La vertiginosa evolución de las Tic’s nos está impidiendo adaptarnos a los cambios y en consecuencia aprovechar esa evolución por falta de reflexión, como dice Jordi Soler en su artículo. Por lo cual, seguiremos probando el siguiente modelo aún cuando no estemos seguros si nos va a mejorar nuestras necesidades.

Al fin y al cabo, y volviendo al artículo de Jordi Soler, “Todo el tiempo que se ahorra en no oír discos completos, ni ver películas largas, ni leer libros gruesos, ¿en qué se aplica?: en consumir más fragmentos: una partida de Angry Birds, una noticia extirpada del periódico, un paseo por el timeline de Twitter, etcétera”. Desde luego, en reflexionar la industria y el usuario, no.

jueves, 25 de julio de 2013

También Doug entendía que el conocimiento es poder (social)



Hace escasamente quince días falleció una de las figuras claves en nuestro universo tecnológico, y sin duda una de las mentes más preclaras en su conceptuación de cómo debía ser la relación hombre-máquina. Doug Engelbart, como todas aquellas mentes que se atreven a poner en duda clichés sociales arraigados y enfrentarse a prejuicios históricos, no dudó nunca en mantener su pensamiento, aún cuando fuera a veces arriesgado. Doug siempre creyó que el éxito del avance social pasaba, como requisito necesario, por conocer. Por conocer la herramienta (tecnología) para aprovechar su potencial en su totalidad.

Hace alrededor de quince años, cuando acababa de cumplir los 74, manifestaba que “cuánto más sepa el hombre de la máquina con que trabaja, mayor será la productividad de la empresa, de la sociedad, del país y, por tanto, de la civilización”. Doug no utilizaba el término productividad en su más estricto concepto mercantilista, más bien lo engrandecía usándolo como término universal producido por el conocimiento, por el conocimiento de la tecnología. “El distanciamiento entre unos y otros ha impedido un mayor desarrollo de la civilización”, manifestaba continuamente como parte de su pensamiento. Doug perseguía algo que quizás pareciera una ilusa idea forjada en la mente loca (o demasiado cuerda) de un hidalgo quijotesco, humanizar la relación entre el hombre y la máquina, entre máquinas y humanos, a través de un paso muy sencillo: el conocimiento. La falta de conocimiento sobre algo (si hablamos de un objeto) o sobre alguien, sólo genera distanciamiento; el conocimiento recíproco incorpora la virtualidad de poder ayudarnos mutuamente, y el conocimiento sobre la máquina implica saber utilizar todas las funciones que me puedan ayudar. Esto, cuando lo trasladamos a nuestros días, significa que toda la tecnología, gran parte de consumo, debe ser conocida en profundidad para servirnos, especialmente si hablamos personas con discapacidad, limitaciones o mayores. Y conocerla, significa también extraer sus condiciones de accesibilidad, e inaccesibilidad y usabilidad, para usarla o mejorarla, sin inventar cada día nuevas ruedas. “El distanciamiento entre la máquina y el hombre ha impedido un mayor desarrollo de la civilización”, repetía Doug.

Doug falleció con 88 años, y hasta hace relativamente poco seguía impartiendo cursos y charlas sobre otra de sus premisas, “la revolución inacabada” de los ordenadores. En su obsesión por acercar el hombre a la  máquina diseñó, por lo que pasa a la historia, el archiconocido ratón. Y acercó ese conocimiento a sus colegas, poco más de un año después, con la primera y arcaica videoconferencia, realiza desde su casa, con un módem y un sistema online fabricado también por él. En definitiva, el acercar la máquina al hombre seguía un objetivo: hacer accesible la máquina y sus funciones al hombre; el acercar su conocimiento a un grupo de profesionales alejados en la distancia, perseguía hacer accesible el conocimiento a otras personas en la distancia. Quizás el concepto de accesible sea distinto al que entendemos hoy cuando lo vinculamos a las personas con discapacidad, limitaciones o mayores, pero en su fin último, no hay tantas diferencias. Es conseguir la usabilidad de la herramienta (tecnológica) por todos, finalidad que sólo puede conseguirse si hacemos accesible (para todos) la tecnología.

En propiedad, el ratón inventado por Doug no dejaba de ser también una ayuda técnica, facilitando la intercomunicación de muchos usuarios, que de otra forma no podrían interactuar con el ordenador. De hecho, desde su primitivo diseño, una simple cajita de madera con ruedas, han sido centenares los modelos, tamaños y materiales utilizados, con bolas arriba (trackball) y abajo, grandes y pequeños, ergonómicos y no, ahora inalámbricos… en cualquier caso, han facilitado la conexión de la persona con la máquina, y especialmente de muchas personas con movilidad reducida, limitaciones funcionales y mayores con su máquina (ordenador).

Sin embargo, muchos años después de que Doug empezara a manifestar la necesidad del conocimiento por parte del humano sobre la máquina, este desconocimiento sobre las tecnologías actuales de consumo, sus posibilidades de uso y sus virtudes y defectos, sigue manifestándose como factor clave de infrautilización. De forma que este desconocimiento se antoja como el principal factor en la brecha digital, incluso mucho más que la propia accesibilidad, cuando hablamos de personas con discapacidad, limitaciones o mayores. Tanto por parte de estos, como de los profesionales para utilizar su potencial y diseñar bienes, productos y servicios más accesibles universalmente. Siendo conscientes de que, desde luego, debe mejorarse y mucho tanto la accesibilidad y usabilidad, pero también de que ya la propia tecnología actual va incorporando cada vez más soluciones accesibles y usables que, por desconocidas por usuarios y profesionales, “no existen”.

Cuando Doug afirmaba de la necesidad del conocimiento del hombre sobre la máquina, utilizaba sin más un razonamiento lógico muy simple. No sólo disminuimos su utilidad, sino que nos plantea otras cuestiones lógicas: Si no sabemos lo que tenemos, ¿cómo vamos a pedir algo?, o Si no sabemos para qué se usa lo que tenemos, ¿cómo vamos a saber qué se tiene que inventar?. Aspecto éste que, paradójicamente, se aprecia más en entidades y organizaciones sociales relacionadas con las personas con discapacidad, limitaciones o mayores, cuando, al ser mayor la necesidad de su uso por el beneficio mayor que podrían aportar en determinadas circunstancias, mayor debiera ser su conocimiento. Debiéramos, en este sentido, y más si existe necesidad, incentivar la proactividad personal en la búsqueda de este conocimiento acerca de nuestra tecnología que vive con nosotros. La pasividad es uno de los mayores enemigos del conocimiento, y sin éste pocas soluciones aparecen para la necesidad. Aunque estamos en la sociedad tecnológica, somos herederos la mayoría de la tecnología pasiva, es decir, de la televisión y el video, pero no sabemos buscar nuevas potencialidad ni funcionalidades de lo que tenemos entre manos. Somos capaces de perder horas dentro de un comercio mayoritario buscando ofertas, pero no de entretenernos con nuestros cacharritos para aprender a saber qué es lo que pueden hacer para facilitarnos la vida.

El conocimiento es la clave. El conocimiento de la herramienta (tecnológica) es clave. Resulta utópico pensar que el ciudadano va a ser capaz de aprender el uso de la tecnología y estar al tanto de sus innovaciones, al ritmo que va apareciendo ésta. Pero también es cierto que deben generarse nuevos sistemas de difusión y distribución del conocimiento utilizando todos los recursos sociales que las propias tecnologías ponen a nuestra disposición. Incrementar tan sólo un 5%, un 10% o un 15% el conocimiento de la persona sobre lo que las tecnologías presentes y de futuro inminente pueden hacer por ella si usa ese conocimiento, generaría simultáneamente, como decía Doug, un crecimiento exponencial de la productividad social. Sustancialmente más significativo para las personas con discapacidad, limitaciones o mayores. Y sus familias.

El desconocimiento de la tecnología es una pérdida enorme de posibilidades, recursos y soluciones. Sin renunciar, jamás, a la mejora de la accesibilidad y usabilidad de las tecnologías, tampoco debemos caer en la negatividad. Es más útil diseñar en cada momento servicios y utilidades con lo que tenemos, que dejar que lo que tenemos ahora no sea aprovechado.

viernes, 24 de mayo de 2013

Reflexiones bajo la avalancha de Ciudades Inteligentes



Nos proponemos un verdadero reto, hacer ciudades inteligentes accesibles, cuando todavía no hemos hecho accesibles el uso de las tecnologías y sus servicios, y cuando aún hoy en día el ciudadano con gran discapacidad y muchos mayores no dispone de soluciones y recursos tecnológicos accesibles en la educación o para cursar sus estudios universitarios, o para desempeñar su actividad laboral adaptando el puesto, o para disfrutar del cine, teatro o televisión por carecer de subtitulado o audiodescripción, o para relacionarse con los servicios públicos y sus profesionales… Cabe preguntarse si los diseños de Ciudades Inteligentes van a solucionar estos problemas de igualdad y de derechos, o simplemente a quedar perdidos bajo los parámetros macro del diseño inteligente. Sería un grave error, difícilmente salvable después, pues generaría serios problemas de discriminación e igualdad. Junto a los tan nombrados fines de sostenibilidad energética, sostenibilidad económica o sostenibilidad medioambiental, entre otros, debe ser irrenunciable incorporar en primer lugar la sostenibilidad social que englobe a todos los demás. Y esta última sólo es posible mediante la accesibilidad y usabilidad de los diseños, procesos, bienes, productos y servicios utilizados en la construcción de la Ciudad Inteligente. Cualquier error en no contemplar estos criterios de accesibilidad y usabilidad en cualquiera de los otros fines, podría tener consecuencias sociales y a futuro desastrosas.

Dicho esto, merece la pena además hacer un reflexión. ¿Es el momento de volcar todo nuestro esfuerzo inversor y personal en las Ciudades Inteligentes, o primero debemos preparar nuestras ciudades para ser lo suficiente inteligentes para poder ser disfrutadas por todos los ciudadanos?. En este sentido puede resultar esclarecedor el “Estudio de viabilidad del Hogar Digital en vivienda rehabilitada”, publicado por AMETIC en 2011. Los edificios inteligentes no pueden concebirse, como afirma el estudio, sin la “transformación de los hogares convencionales ya construidos en Hogares Digitales”, convirtiéndose de este modo el Hogar Digital en el elemento clave para la realización de los mencionados edificios inteligentes. Desde esta perspectiva, hogar digital y edificio inteligente, se vuelven la pieza clave para el acceso de sus habitantes a los servicios proporcionados por las ciudades inteligentes (Smart Cities). La prioridad del esfuerzo inversor debiera establecerse, de esta forma, en garantizar primero hogares digitales accesibles, edificios, y posteriormente entornos “macro (ciudades)”.

Afirma el estudio que “el desarrollo de la edificación en una sociedad avanzada debe contemplar infraestructuras y soluciones tecnológicas que garanticen la accesibilidad universal para todos los colectivos que lo requieran, cumpliendo con la legislación vigente, adaptando las viviendas a las necesidades de las personas con discapacidad o personas mayores”. Surgiría así el concepto de ciudad inteligente, o Smart City, como aquella ciudad construida sobre una "inteligente" (y previa) combinación de dotaciones y actividades libres, independientes y conscientes de los ciudadanos. El Hogar Digital se constituye como la “célula básica” de la Smart City, debido a que, siendo un hogar inteligente, confluyen en él los diferentes servicios, tecnologías e infraestructuras que debiera ofrecer ésta.

Da la impresión de que se puede correr el riesgo de centrarnos en desarrollos urbanos macro, y olvidar que la principal premisa de una ciudad, antes de llamarse inteligente, debe ser prepararla para que todos los ciudadanos puedan disfrutarla, participar de ella, generar  autonomía en la movilidad eliminando las barreras preexistentes, y tener presente que el bienestar ciudadano debe partir desde el interior de su propio hogar hacia afuera. Sigue habiendo miles de personas literalmente encerradas en sus casas, porque apenas pueden salir a la calle por la inaccesibilidad de sus propios portales, o de los espacios comunes de su comunidad. Quizás antes de meternos en inversiones costosísimas tecnológicas para entornos urbanos mayores, debiéramos volcar mayor esfuerzo en incorporar soluciones tecnológicas accesibles, que las hay, y de bajo coste, en generar autonomía a los ciudadanos en sus entornos más cercanos, entre los que se incluye el propio domicilio con soluciones domóticas accesibles y usables. Esta inversión también genera ahorro para un Estado y una sociedad, y revierte en forma de dinamizador económico y social incorporando activamente a miles de ciudadanos a una vida de partícipes activos y relacionados con su entorno, y entre ellos el comercio.

Preocupantemente, en los Congresos o Jornadas a los que he asistido durante los últimos meses relacionados con las denominadas Ciudades Inteligentes, que han sido bastantes,y donde muchos de cuyos participantes son expertos y parte activa en el diseño y planificación de este concepto de ciudad, ninguna de las exposiciones ha tenido formato accesible (salvo las del CENTAC), lo que me produce de nuevo una gran preocupación, y no pocas preguntas. ¿Acaso nadie piensa que en la sala o salón de actos puede haber ciudadanos sordos o con discapacidad auditiva, para quienes el subtitulado es imprescindible? ¿Las ciudades inteligentes se empiezan a diseñar ignorando las necesidades de accesibilidad de muchos ciudadanos, en el acceso a la información y a la interactuación con el entorno? O quizá, lo más preocupante, ¿Quienes empiezan a diseñar, planificar, construir e invertir dinero, mucho de él público, desconocen o ignoran las necesidades de accesibilidad de una parte nada despreciable de población? Si yo fuera una persona sorda o con discapacidad auditiva (afortunadamente sólo soy usuario de silla de ruedas), no me hubiera enterado de nada sobre cómo planifican y diseñan “mi futura ciudad inteligente”.

Resulta paradójico centrarnos monotemáticamente en las Ciudades Inteligentes, cuando aún no hemos conseguido hacer accesibles servicios esenciales para el bienestar de muchos ciudadanos con discapacidad o mayores. Curiosamente, los diferentes modelos de nueva Ciudad se publicitan pensando en la persona, y una vez analizado cada modelo no es difícil concluir que existe un desconocimiento enorme de, por un lado, la heterogeneidad de las poblaciones actuales en cuanto a sus limitaciones funcionales, y de cómo la tecnología adecuada (accesible) es esencial hoy día para igualar derechos en todos lo ámbitos, laborales, sanidad, educativo, de ocio o comunicativo.

Resulta igualmente paradójico cómo el desconocimiento de las limitaciones o discapacidad de miles de ciudadanos, es equiparable al desconocimiento del potencial y funcionalidades que cada vez en mayor medida va incorporando la tecnología de consumo, o comercial, a disposición de los ciudadanos. Este doble desconocimiento genera grandes costes a la Administración, y una pérdida de potencial humano y social enorme para un país. Un análisis detallado y profundo de las capacidades que nos ofrece hoy día, (y sin ignorar que deben mejor y avanzar) la tecnología comercial, nos daría muchas sorpresas. La incorporación, por ejemplo, de los asistentes virtuales y hablados en lenguaje natural a todas las plataformas de teléfonos inteligentes, nos abre campos apasionantes de relación e interactuación con nuestro entorno, con soluciones adaptativas cada vez más a las necesidades de la persona. Asistentes como Google Now, Sherpa, Siri y demás incorporan al menos dos modos de interactuación, escrito y hablado, que pueden ser utilizados para la relación de los ciudadanos con las Administraciones Públicas y sus servicios, por ejemplo, y sin embargo siguen siendo grandemente desconocidas por el usuario en general. Del mismo modo podríamos hablar de las posibilidades que incluyen o van incluyendo de serie las tecnologías en movilidad, como el GPS, NFC o  Realidad Aumentada.

Actualmente, tampoco disponemos de un marco legal adecuado, ágil y efectivo, que garantice el derecho del ciudadano con discapacidad a acceder en igualdad de condiciones al uso de los bienes y servicios a disposición del público, entre los que se encuentran prácticamente todos los enmarcados en los procesos de ciudad inteligente. Es decir, y con ejemplos sencillos, si a un ciudadano ciego le llenan su calle de semáforos no accesibles, o de servicios interactivos no accesibles, puede denunciarlo (a eso sí tiene derecho), pero pasarán probablemente años y muchos recursos administrativos (en nuestro estado de derecho) antes de solucionar el problema. Mientras tanto, vivirá cada día sin saber si será su último día al cruzar la calle, para disfrutar de la Ciudad Inteligente. Y este ejemplo alarmista puede ocurrir, si no establecemos de manera tajante la obligatoriedad de utilizar recursos y soluciones tecnológicas accesibles. Ante esto, sólo cabe seguir trabajando con la industria y el sector empresarial, ver los beneficios de utilizar tecnologías accesibles y cómo generar negocio con ellas; y paralelamente, creando obligaciones por parte de las Administraciones Públicas en las adquisiciones de bienes, productos y servicios a través de la contratación pública, exigiendo criterios de accesibilidad y usabilidad, siguiendo el ejemplo del Acta 508 de EEUU que protege los derechos de la población con discapacidad.

Probablemente, si le preguntamos al ciudadano con discapacidad, mayor o sus familias de apoyo qué prefieren, nos digan que, antes que de la nebulosa Ciudad Inteligente, prefieren poder disfrutar de recursos más cercanos accesibles, que incidan más directamente en su bienestar perceptible y ejercer sus derechos en igualdad de condiciones: autonomía y movilidad para salir de su casa y portal, tener un hogar domotizado accesible que facilite su estancia, llegar a su Universidad o instituto y tener materiales adaptados, ir al cine o ver la televisión y enterarse, tener toda la información de la ciudad (pública y privada) en formato accesible en las redes, gestionar mis servicios sanitarios o rehabilitadores con TIC’s remotas, o usar una e-Administración accesible en múltiples gestiones que me permitan mayor autonomía personal y familiar gestionando mi tiempo…

No quiero que la tecnología interactúe conmigo, quiero yo también poder interactuar con las tecnologías y servicios ciudadanos usando tecnologías que van a incorporar las Ciudades Inteligentes. La Ciudad Inteligente es necesaria, sí, por supuesto, y sin duda hay que trabajar en ella desde el principio para hacerla de uso universal para todos los ciudadanos en su disfrute, bajo el prisma de los criterios de accesibilidad. Pero hoy por hoy es un bienestar diferido, y no podemos olvidar que la persona con gran discapacidad o mayores necesitan un bienestar más presente, más rápido e inmediato. Y en ello juegan un papel esencial las TIC’s accesibles y usables para hoy.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Hagamos Marketing de la discapacidad para beneficio de todos



El pasado 12 de diciembre, ¡12-12-12!, se ha celebrado en Madrid el III Congreso de Marketing Móvil, reuniendo a compañías tecnológicas, agencias, medios y anunciantes, para debatir sobre las nuevas tendencias dando a conocer iniciativas para crear mercado en el entorno del móvil. Respecto al evento, hace un resumen muy didáctico la sección de Tecnología de ABC digital, bajo el título “La crisis y la variedad de soportes, barreras contra la inversión en movilidad”.  En su desarrollo, queda clara la conclusión de que los dispositivos móviles se han convertido en el soporte clave para las estrategias de marketing. La jornada estuvo salpicada de intervenciones y “frases” muy clarividentes, que no por evidentes pierden importancia. Raúl de la Cruz, director comercial de Microsoft, dejó caer, refiriéndose al objetivo de conseguir incrementar los contenidos digitales, “…para llegar a ese nivel, dijo, todos los  actores del sector deben educar en los nuevos soportes móviles”. Y remarca el artículo que “Todos los ponentes señalaron a la figura del consumidor como «la principal persona que marca la cuota».

Reflexionando sobre lo debatido en el Congreso, no me cabe duda de que a la discapacidad y sus necesidades le hace falta mucho Marketing, y desde luego utilizar mucho el Marketing en movilidad. Entre otras cosas, para hacerse visibles como potenciales consumidores de productos, bienes servicios y, por supuesto, de contenidos accesibles. Francisco Sierra, director de contenidos de Antena 3 Multimedia, comentaba “las posibilidades de las aplicaciones o las denominadas «second screen» para generar contenido por parte de los usuarios, quienes «comentar lo que te gusta o critican lo que estás viendo…”, posibilidades que podrían ser utilizadas con efectividad por la discapacidad para hacer relevantes la falta de condiciones adecuadas de accesibilidad en bienes, productos, servicios y entornos TIC’s.

Para conseguir un objetivo colectivo es necesario generar conocimiento sobre las condiciones que ha de cumplir el objetivo final. La accesibilidad y usabilidad de los bienes y productos TIC’s o vinculados a ellas es un objetivo colectivo, porque tarde o temprano las limitaciones en su uso, en mayor o menor medida, nos afectan a todos. Pero para generar conocimiento en la sociedad, aparte de estar en la virtualidad y las nubes, también hay que estar en la tierra y hacerse ver. Y, ¿dónde está el ciudadano con discapacidad en estos eventos? ¿Le prohíben la entrada? ¿le cobran más? ¿le agreden?. A mí no me ha pasado nunca, pese a ir en silla de ruedas. Ahora bien, otra cosa es que haya podido estar, si las condiciones de acceso no eran accesibles.

Por ello, hay que adoctrinar fuera. Bien sabemos las personas con movilidad reducida y dificultades en la deambulación, que la accesibilidad es esencial para nosotros, pero esa percepción el ciudadano “corriente” no llega a tenerla. Hace unos días, una empresa española de ingeniería, Elea Soluciones, con las ideas muy claras, siguió una estrategia adecuada en la idea de acercar esta percepción al mundo “corriente”. Experta en crear soluciones técnicas de accesibilidad en filosofía de bajo coste, se acercó a los Administradores de Fincas y gestores de comunidades en una jornada de información celebrada en Salamanca, y organizada por Antonio Mateos, de AM-TEL&TIC.  A Elea se le ocurrió que tenía que enseñar sus sistemas de apertura de puertas económicos y tremendamente sencillos de instalar a quien podía hacer negocio con ello, generando dinamismo en el mercado, beneficio económico y todo para llegar al beneficio superior, una mejora en la calidad de vida de miles de personas. No acercó la información al beneficiario, que también, pero que conoce ya sus limitaciones, sino a quien puede ejecutar la solución instalándola. Y además, Elea adoctrinó a los profesionales presentes allí, “sin discapacidad”, dándoles las claves legales previstas en la última reforma de la Ley de Propiedad Horizontal, donde las personas con discapacidad o mayores de 70 años que vivan en una edificio, pueden pedir las obras necesarias, físicas o con elementos electrónicos que necesiten, para su accesibilidad y autonomía. En definitiva generó conocimiento en la empresa (administradores, instaladores…) para que ganen todos. Los datos son abrumadores, ¿en qué comunidad de vecinos de nuestro país no existe una persona con discapacidad o mayor de 70 años?. Con soluciones como las que presenta Elea queda demostrado que la tecnología que genera accesibilidad y usabilidad es tecnología social, beneficia al empresario y al “necesitado”, y no es necesariamente cara. Elea estuvo generando conocimiento en la empresa ordinaria para que las personas con discapacidad resultaran beneficiadas.

Pero la generación de conocimiento también ha de hacerse entre los colectivos afectados. De poco sirve invadir de tuits las redes sociales durante unas horas una mañana o fin de semana, y morirse ahí. Para generar conocimiento social es completamente necesario que los principales colectivos de ciudadanos que deben beneficiarse de condiciones de accesibilidad y usabilidad en los productos y desarrollos TIC’s aprendan a utilizar las innovaciones de presión social que la Sociedad del Conocimiento va poniendo en nuestras manos. Plataformas como la tan “visible” últimamente Change.org podrían ser usadas perfectamente para hacer llegar miles y miles de firmas a fabricantes, desarrolladores y gestores TIC’s la necesidad y la demanda comercial que existe, por qué no, de incorporar las soluciones o condiciones de accesibilidad y usabilidad a los productos y servicios. Es mucho más efectivo. Saca y hace visible la necesidad, pero también el negocio. O haciéndolo verdaderamente “intuible”, creativo, por qué no, transmitiendo mensajes visuales como hace el artista francés JR a través de su proyecto Inside Out Project.

Debemos perseguir que la mejor tecnología de bajo coste accesible y usable sea la tecnología de consumo, es decir, aquella que necesariamente vamos a tener que consumir. Televisores, smartphones, lavadoras, sistemas de pago…, que ya traigan incorporadas las debidas condiciones de uso para todos. Cualquier otra solución que signifique incorporar añadidos a la tecnología de consumo para conseguir su accesibilidad y usabilidad, por económica que sea, supone un sobrecoste.

Y no olvidemos que en la actual Sociedad de la Información y Comunicación tan importante es el producto físico que da soporte a los contenidos, información y servicios, como éstos mismos. En el anteriormente mencionado Congreso Nacional de Marketing Móvil, donde se debatían nuevas estrategias de negocios vinculadas a la movilidad, no estaba la “discapacidad”, entendida ésta como algún profesional o representante de la misma generando conocimiento de las necesidades de la misma entre los profesionales presentes allí. La población con discapacidad es un mercado potencial y facilísimo si se le trabaja bien, simplemente por la lógica más elemental: las facilidades que las TIC’s pueden suponer para miles de personas con discapacidad para el consumo online, por ejemplo, son sin duda un valor añadido muy importante a tener en cuenta. ¿Pero cómo pueden suponer estos señores que existe este mercado potencial, si no ven por allí a ninguna persona con discapacidad? Es aquí, en estos eventos y foros profesionales, donde debiera haber verdaderas manifestaciones de cojos, ciegos, sordos y sillas de ruedas (con todo respeto), deambulando por los pasillos de los Congresos y Ferias, ¡Debiera haber 1000 o más ciudadanos con discapacidad por ahí! A veces, es necesario ver y tocar para creer, como se refleja en un célebre pasaje de la Biblia. La discapacidad es como el hambre, la pobreza o las poblaciones en extinción: si sólo las ves en la televisión, en los informes multipáginas y abundantes, y en las estadísticas que todo el mundo saca, pues que como que te las crees poco.

lunes, 19 de noviembre de 2012

La rentabilidad social de la innovación para la utilización y uso de las TIC’s



Mantenía Daniel Carreño, presidente de la multinacional en España General Electric y de Fenin, la patronal de tecnología sanitaria, la importancia de la innovación en el sistema sanitario en asuntos como la medicina remota. Remarcaba que la eficiencia debía venir principalmente por la innovación, y no necesariamente a través de la inversión sino más bien a través de la gestión de las tecnologías y sus procesos.

Gran parte de las soluciones para lograr una accesibilidad tecnológica puede llegar trabajando la innovación, y esta innovación puede venir por el uso que damos a las TIC’s que tenemos entre manos. “La innovación crea riqueza”, defiende Daniel Calvo, quien junto a Juan Cartagena, dos jóvenes ingenieros y  emprendedores españoles, han creado Tecdas. Consiste en desarrollar interfaces naturales basadas en la tecnología de Microsoft Kinect para permitir a los médicos acceder en tiempo real durante las operaciones a la información médica, las imágenes del paciente y desarrollar distintas operaciones sobre ellas". Permite controlar los equipos del quirófano con los gestos de las manos, evitando infecciones. Innovación sobre inversión ya desarrollada, es decir, innovación sobre tecnología ya presente, la Kinect. Esta afirmación la hace Daniel Calvo desde Tel Aviv, donde ha participado en el Congreso de cerebros “Star Up Nation”. Sin duda, métodos similares son completamente implementables para conseguir una mayor accesibilidad y acceso a la información y los servicios, en tiempo real, para mucha población con discapacidad o limitaciones sensoriales e intelectuales.

Es sintomático que aquellos expertos que ven un poquito más allá, coincidan en una afirmación taxativa: la innovación genera riqueza. Y  bien es sabido, que la riqueza se genera reduciendo costes sobre la investigación no necesaria e incrementando servicios sobre los gastos ya realizados en innovaciones ya reales. La innovación sobre la inversión realizada en tecnología es esencial para convertirse en tecnología social. O dicho de otro modo, la innovación de las ideas aprovechando los productos diseñados a través del gasto proveniente de la investigación y desarrollo.

La verdadera innovación pasa por dotar de contenidos y servicios accesibles, usables  y útiles a las herramientas tecnológicas que vamos teniendo a nuestra disposición día a día. Tomando la accesibilidad en sus dos vertientes: material y económica. El campo tecnológico se ha convertido en un verdadero tablero de ajedrez, donde cada pieza tiene unas capacidades y funciones, desde el más simple peón a la reina, siendo cada una de ellas importante y donde sabiéndolas conjugar y jugar con ellas, podríamos ganar prácticamente cualquier partida en torno a la autonomía y bienestar de la persona.

De hecho, innovaciones verdaderamente revolucionarias y eficaces se están realizando sobre soportes físicos ya creados (smartphones, tabletas o tv-smarttvs) y plataformas ya existentes (google, android, Windows, RIM, IOS…). Antes de crear (sin dejar de crear, por supuesto) es prioritario innovar conocimientos y servicios con nuestras piezas de ajedrez. La experiencia reciente puesta en práctica en dos Institutos de Madrid, de sustituir los libros de texto por tabletas donde se incorporan los mismos y todos los materiales de trabajo, supone un ejemplo claro de innovación en el uso sobre inversión ya realizada. Resultan evidentes las ventajas de llevar el conocimiento de un curso en un aparato de apenas 600 gramos, y cuyo contenido puede ser personalizable, al igual que la interfaz, a las características del alumno. Entre ellas, la posibilidad de adaptabilidad a las limitaciones de alumnos con necesidades especiales, sean motoras, sensoriales o intelectuales. Y por añadidura, la facilidad de transmisión de información y comunicación en tiempo real entre alumnos y profesores, el abaratamiento de los costes y gastos familiares, la rapidez en actualizaciones, y el reciclaje “temporal”: una tableta podría dar uso durante varios años a incontables alumnos, o acompañar al mismo durante varios cursos.

La competencia tecnológica y mercantil, y no necesariamente pensada con matices sociales, está incorporando a la tecnología de consumo posibilidades de accesibilidad, usabilidad y utilización que despreciamos inconscientemente. Prácticamente todos los smartphones que salen al mercado hoy día incorporan cámaras de al menos 8 mx. Las tabletas incorporan de serie cámaras de suficiente resolución. Sin embargo, todo el mundo aprende rápidamente a utilizar su lado lúdico, hacer fotos, y pocos usuarios descubren su potencial para la comunicación a través de servicios de video o videoconferencia, tremendamente necesarias para personas con discapacidad sensorial, o con nuestros mayores.

La tecnología actual viene a ser como nuestro cerebro. Si utilizando nuestra capacidad mental tan sólo al 10 o 15 % de nuestro potencial somos capaces de hacer lo que hacemos, incluso guerras demenciales, con tan sólo el 10 o 15% de las pasibilidades que nos ofrece hoy ya la tecnología actual, el mundo sería  mucho mejor social y humanamente. Así lo demuestran  un grupo de investigadores de la Universidad de Granada, que han desarrollado una aplicación para dispositivos móviles para mejorar competencias básicas como matemáticas, lenguaje, conocimiento del entorno, autonomía y habilidades sociales de niños con trastorno de espectro autista y con síndrome de Down. Picaa, que así se llama la aplicación, gratuita, está pensada para utilizar en dispositivos electrónicos móviles. Multiidioma, su gratuidad ha permitido su rápida difusión, y el beneficio social y ahorro económico es fácilmente constatable.

Es en esencia lo que está ocurriendo con el masivo desembarco de APPs para dispositivos móviles. Se está innovando aprovechando la inversión en investigación y fabricación de productos que se comercializan. La creación de aplicaciones en movilidad dirigidas a la gestión de servicios y utilidades, gran parte creadas buscando aprovechar el auge del comercio y la publicidad electrónica. Aplicaciones pensadas “para llevar en el bolsillo”, en nuestro teléfono inteligente o tableta. La web estática e inamovible de nuestro PC o portátil pasa a ocupar el espacio compartido de nuestro aparato de apenas unos centímetros de ancho y alto.

La aplicación personalizada a través de las APPs puede dotarnos de una enorme cantidad de recursos para generarnos autonomía, seguridad personal y gestión del tiempo, especialmente para personas con alguna discapacidad o limitaciones: en nuestro compañero móvil, smartphone o tableta, podríamos llevar un catálogo de utilidades de forma que tengamos siempre a mano nuestra gestión domótica de la casa, nuestra aplicación sobre información de nuestro entorno y recursos, nuestra comunicación tele o videotelefónica con una sola pulsación táctil con nuestros contactos principales, o la localización de lugares accesibles. En esta línea se ha diseñado la APP Accesibility: una aplicación para movilidad que busca los puntos accesibles de las ciudades, tanto físicos como de servicios. Utilizando geolocalización realidad aumentada, la aplicación orienta al usuario sobre ubicación e itinerario. Pero aún muy por encima de las utilidades que van apareciendo, sin duda la comunicación en movilidad y con telefonía móvil, ha supuesto un salto cualitativo incalculable en la vida diaria de las personas con discapacidad. Así lo expresaba el diputado Francisco Vañó en el III Congreso Nacional CENTAC, sobre lo que ha significado para personas usuarias de silla de ruedas al ir conduciendo en su vehículo: seguridad y autonomía. O para las personas sordas o con discapacidad auditiva, al aparecer los SMS y ahora messengers.

Afortunadamente, incluso la propia accesibilidad o usabilidad física de los distintos aparatos (TV, ordenadores, e incluso tablets y smartphones), va encontrando soluciones a su “inaccesibilidad de uso” innovando en su manejo, buscando éste por vía inalámbrica o sin contacto. Es cierto que la industria fabricante va buscando la sencillez en el uso y eficacia y rapidez en el mismo, por motivos distintos a la eliminación de barreras, pero la consecuencia es que éstas van siendo menos. Cada vez es más habitual leer en los análisis de productos que realizan las revistas especializadas del entorno tecnológico, publicaciones de consumo dirigidas al público general, aspectos que tocan la usabilidad. Así, no es raro encontrar comentarios en estos análisis, del tipo “…sin embargo, el puerto USB resulta incómodo para acceder…”, o “el conector para el cargador está mal situado y resulta difícil…”. Evidentemente, estas apreciaciones no se ha ido realizando pensando en las circunstancias de personas con discapacidad y limitaciones en su destreza funcional, pero sí denota claramente una tendencia positiva en la búsqueda de una cada vez mayor simplificación y facilidad de uso de los productos. La desaparición de cualquier tipo de conexión significará el final de una gran pesadilla para todos aquellos que tenemos dificultades funcionales de destreza. Y ese momento llegará pronto. Aún cuando todavía se encuentran en fase desarrollo, podemos vislumbrar soluciones muy esperanzadoras para disminuir las barreras físicas tecnológicas, como pueden ser las “gafas inteligentes e interactivas” de Sony o el “Project Glass” de Google. O el proyecto Dígitos, desarrollado  por la Universidad de Newcastle y científicos de Microsoft, consistente en un sensor colocado en la muñeca capaz de controlar cualquier dispositivo electrónico con mínimos movimiento de muñeca. “El fin del mando a distancia”, como titulaba el artículo el ABC, quizás sea también el principio del fin de una gran barrera en el uso de muchos aparatos por personas con movilidad reducida.

Lo que ocurre con la tecnología me recuerda muchas veces lo que ocurre con la legislación. Tremendamente abundante y prolífica, en constante crecimiento, y enormemente desconocida. La legislación (los derechos) y la tecnología, áreas que ambas inciden directamente en el bienestar de la persona, tienen muchas connotaciones comunes. En ambos casos no debemos ser expertos en su producción, diseño o funcionamiento, pero sí debemos conocerlos, saber que existen, y cómo hacer uso de ellos. Ante cualquier situación que afecte a nuestros derechos, no tenemos que ser abogados, pero sí conocer que ese derecho existe, y cómo recurrir a un profesional que “nos lo gestione”. Para poder manejar gran parte de nuestro hogar (calefacción, luz, instalaciones domóticas…), acceder a contenidos y servicios digitales, diseñar nuestros viajes o conseguir un certificado oficial, no necesitamos ser ingenieros. Pero sí saber que tenemos recursos tecnológicos para  hacerlo, conocer cuáles son, cómo se usan y qué podemos hacer con ellos. No obstante, existe una importante diferencia entre los dos ámbitos: el derecho escrito no admite innovación, las tecnologías y su uso sí.

viernes, 12 de octubre de 2012

Cuando el desconocimiento es el mayor problema para la usabilidad de las TIC’s



Al menos las tecnológicas nos traen periódicamente buenas noticias a las personas con determinadas limitaciones; no porque sean perfectamente accesibles, sino por su evolución constante hacia la usabilidad por todos, desarrollando cada vez más potencial y posibilidades a sus productos. Y además, los emporios tecnológicos lo hacen sabiendo gestionar sus empresas y ganar dinero. Bien podrían venir los Apple, Google, Microsoft o Samsung y salvarnos de la crisis.

El año 2012 está siendo un año “exquisito” (cada año lo es más, por negativistas que deseemos ser) en cuanto a presentaciones de nuevas funcionalidades en la tecnología, especialmente en la móvil y audiovisual, innovaciones que de conocerse en profundidad, nos sorprendería descubrir el potencial que podrían llegar a desarrollar para las personas con discapacidad o limitaciones. Buena prueba de ello son los avances que las grandes compañías están realizando en sus asistentes virtuales para los smartphones. Ahora bien, siempre podremos criticar que no son perfectos, o dicho de otro modo, que aún no son del todo accesibles o usables por muchas personas con limitaciones. Pero también podríamos utilizar otro enfoque: su imperfección es mucho menor cada vez, y centrarnos en lo que nos pueden proporcionar dentro de su imperfección, que es cada vez más. Pero la mejor noticia, sin duda, es que estas funcionalidades imperfectas, con sus imperfecciones (siendo reiterativos para remarcarlo), los fabricantes las van incorporando “de serie” ya en sus cacharros, y cada vez va siendo menos necesario hacer inventos externos para convertir en accesibles y usables lo que la evolución los va haciendo así. Hasta el punto de que debiéramos empezar a preguntarnos qué es mayor imperfección, ¿la imperfección de las funcionalidades, o el no saber difundir, dar a conocer, y enseñar a utilizar estas funcionalidades imperfectas?.

Resulta decepcionante ver cómo el uso de las cada vez más avanzadas y útiles funcionalidades pasan desapercibidas para la inmensa mayoría de los ciudadanos, y su conocimiento sigue aparcado casi exclusivamente para los expertos o los frikies. Bien podríamos denominar a la tecnología actual con las cada vez mayores y mejores funcionalidades, tecnología social. Porque lo tienen, un enorme potencial social, y siempre dentro de sus imperfecciones. Pero aún con estas, el derroche de su potencial, por su desconocimiento, es alarmante. La capacidad que tienen cada vez más para facilitar la vida de los ciudadanos, y especialmente de aquellos con discapacidad, limitaciones o mayores, es impensable. Como lo sería para las Administraciones Públicas el ahorro económico si supieran extraer todas sus utilidades acercando su conocimiento a la población, aplicando sus virtualidades en la educación, la sanidad, la gestión pública o el empleo, y acercando la posibilidad de poder acceder a ellos económicamente. Siempre la inversión social bien implementada y enseñada va a conllevar reportes beneficiosos, especialmente para la población que por sus limitaciones más necesitan de las tecnologías, y por qué no citarlo también, más ahora en tiempos de crisis: claros efectos de ahorro económico a medio plazo.

Conviene recordar que nuestra tan nombrada sociedad de la información y la comunicación también va englobando progresivamente gran parte de la electrónica de consumo, los electródomésticos y prácticamente cualquier aparato que pertenezca a nuestro entorno doméstico, que van incorporando sistemas de control interactivos, táctiles o auditivos, y los vinculamos al concepto de Internet de las Cosas, gestionándolos y utilizando mediante nuestro Smartphone o tablet. No hay más que echar un vistazo a las dos grandes ferias mundiales y de referencia en ese campo, como son las de Las Vegas, y recientemente la IFA 2012 de Berlín. Cuando a lo largo de este año, y los diversos eventos tecnológicos, Samsung, LG, Lenovo o Philips han ido presentando sus avanzados Smart TV y elementos de control del aparato por voz o gestos, pocas reparan en lo que puede suponer para miles de personas con limitaciones o mayores, al incrementar la posibilidad de “personalizar” el manejo y uso de su aparato doméstico adaptándolo a esas sus limitaciones, ofreciéndole diversas posibilidades: por mando, por voz, por gestos… ¿no debiéramos empezar a matizar lo que entendemos por usabilidad? LG va incorporando ya el mando Magic Control a sus productos, con estas posibilidades, y a precios por debajo de los 200 € (no es publicidad, eh?). O el GPS manejado por gestos, ideal para personas con movilidad reducida y personas mayores, fabricado por CEATEC y presentado en la feria tecnológica de Japón, ¿es usabilidad?. Debiéramos quizás ampliar el “concepto” de usabilidad, a las diferentes posibilidades de manejo y a la posibilidad de poder adquirirlo “razonablemente”..

En esencia, el desarrollo tecnológico no hace sino avanzar buscando las debilidades humanas, es decir, la tendencia a la comodidad, simplicidad y menor esfuerzo. Que el futuro del control de nuestros ya inseparables acompañantes tecnológicos en todos los ámbitos está en la voz, y el manejo por reconocimiento gestual, es algo que tienen hace tiempo muy claro los primeros espadas tecnológicos. Buena prueba de ello es la carrera competitiva que empezó Apple con su Siri, y a la que se han incorporado Google con su integración de varios servicios para conformar Google Now, Samsung con S-Voice en el Galaxy S III, Windows Phone con Speech, y ahora RIM también entrando en la moda de los asistentes por voz, como se puede ver en la última actualización del SDK. Y no descartemos a nuestra “promesa” nacional (como en el futbol), el ingeniero vasco de 31 años Xabier Uribe-Etxebarria, creador del Sherpa, un asistente de voz para Android, inicialmente, con muy buenas perspectivas. Todo ello no puede sino redundar en una cada vez mayor perfección y facilidad en su uso, al tiempo que se volverá, para bien, más completo el potencial de sus posibilidades. Y sí, también, y para bien, para las personas con discapacidad, limitaciones y mayores. Porque frente a quienes afirman o se preguntan si ¿Genera la sociedad TIC una verdadera brecha social?, yo preguntaría, ¿hay mayor brecha para las personas con discapacidad, limitaciones o mayores en este 2012, o en 1980 sin TIC’s?. Quizás ha llegado el momento de cambiar progresivamente de estrategia, y tratar de actuar más colaborativamente con quien desarrolla y vende, queramos o no, que en seguir bombardeando, criticando amargamente y, como buenos latinos, quejándonos en el bar, que para eso somos el país de Europa con mayor número de ellos.

La simple aparición de unos pocos años para aquí de la tecnología táctil, las pantallas táctiles, en los smartphones y ahora tabletas con el aumento de pulgadas, al tiempo que la presencia cada vez más iconográfica en los mismos, supone, sin duda, un muy gran avance para su uso por muchas personas con graves limitaciones, o discapacidad, especialmente de destreza de movimientos, o intelectual, o personas mayores con Parkinson, por ejemplo. ¿Es o no es un avance en la accesibilidad y usabilidad, aún con sus imperfecciones?.

Puesto que el gasto en incorporar soluciones de accesibilidad a los productos y herramientas tecnológicas que tanto empresas como Administraciones debe ser cada vez menor, por venir cada vez más presentes en todas ellas, ahora debemos dar el paso enfocando el gasto a conocerlas, para aplicarlas y rentabilizarlas en los servicios, sacándoles las posibilidades que tienen para facilitar y potenciar la plena igualdad de todas las personas, indiferentemente de sus diferentes capacidades, en todos los entornos sociales: laboral, educativo, social y de ocio. Resulta esencial cada vez más saber qué puede hacer cada producto o desarrollo por las personas, al igual que conocemos a través de sus especificaciones técnicas la resolución de las pantallas, su tamaño, su conectividad. Un anexo después de las especificaciones técnicas indicado algunos aspectos prácticos de qué hacer con el aparato una vez salgamos de la tienda (comprar on line, información sobre localizaciones o monumentos, pagar, gestionar nuestro banco, videoconferencia con nuestros contactos…), no estaría mal. Porque quizá quien lea estos blogs lo conozcan y lo sepan, pero aseguro que el 99% de los ciudadanos, compradores-clientes de tecnología de consumo, desconocen completamente.

No tiene demasiado sentido gastar más dinero en buscar la quimera de la accesibilidad por caminos alternativos, fuera de mercado; tenemos que gastarlo en enseñar lo que ya tenemos. La tecnología se va adaptando a las necesidades del usuario, con y sin limitaciones. Conociendo con mediana profundidad lo que nos están ofreciendo anual, semestral o trimestralmente los nuevos desarrollos tanto de equipos TIC’s como de su núcleo, interfaces, SO’s, software y utilidades, podemos eliminar gran parte de la tan renombrada brecha digital. Y darle su parte de culpabilidad a la brecha económica, es decir, a la pura y dura imposibilidad de acceder por millones de personas a tener en sus manos la tecnología actual.
Por supuesto que sería mucho mejor estar en los centros de decisión e investigación de Microsoft, Samsung, Google, IBM, Intel… pero eso casi lo dejo por imposible (es un decir, yo nunca me rindo). El pasado mes de julio Intel presentó en San Francisco una batería de medidas para revolucionar el hogar, el coche o el trabajo en el futuro inmediato. Interesante es el artículo de El País que hace un resumen de ello, “Tecnologías que veremos en los próximos 10 años”. Algo parecido a lo que presentó IBM en Madrid hace unos días, a través de Michael Karasick, vicepresidente y director del laboratorio IBM Researc. Entre ellas, y especialmente relevante para muchas personas con discapacidad o limitaciones intelectuales y sensoriales, los desarrollos en sistemas cognitivos, creándolos capaces de aprender y tomar decisiones complejas. ¿Posibilidades en prevención educación o autonomía personal? Inmensas.

Pero puesto que de momento no estamos allí, tomando un café y pensando junto a los ingenieros y CEO’s que deciden nuestro futuro, al menos seamos lógicos: es más útil diseñar servicios y utilidades con lo que tenemos, que dejar que lo que tenemos ahora no sea aprovechado. Ah, y no nos olvidemos de legislar buscando la postsolución a lo de ayer.