Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. (Bertolt Brecht)

Muchos me llamaran aventurero, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades. (Ernesto "Che" Guevara)

Aquellos que ceden la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad. (Benjamín Franklin)

domingo, 17 de mayo de 2020

Por qué internet es la parte más social de la tecnología

      Porque es un protocolo de comunicaciones neutro, que ha creado un nuevo mundo de productos y servicios, muchos de ellos accesibles. Porque es el verdadero motor de la inclusión social. Internet es el medio de transformación social más importante hasta la fecha.

      Según la wikipideia, Internet es "un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas que utilizan la familia de protocolos TCP/IP, lo cual garantiza que las redes físicas heterogéneas que la componen constituyan una red lógica única de alcance mundial". O según la definición de nuestra Real Academia de la Lengua, mucho menos técnica, "Red informática mundial, descentralizada, formada por la conexión directa entre computadoras mediante un protocolo especial de comunicación". En cualquier caso, es la Gran Vía de la Comunicación moderna.

      Efectivamente, Internet es la mayor vía de comnicación que jamás ha conocido la humanidad. Las grandes vías de comunciación siempre han generado profundos cambios cambios sociales y han sido creadoras de riqueza, con la aparición de grandes asentamientos poblacionales, florecimiento de negocios e industria, y multiplicación de servicios para mayor bienestar de los ciudadanos. Los grandes ríos, las antiguas calzadas romanas, las grandes líneas de ferrocarril o las modernas carreteras y autopistas, han hecho proliferar a lo largo de sus riberas, márgenes o cercanías, riqueza y desarrollo, pero también expansión de la comunicación y de la información. Pero ninguna ha supuesto un cambio estructural y social como la gran vía de comunicación tecnológica a la que hemos denominado internet. Ninguna ha cambiado tanto las sociedades, su hábitos, sus formas de consumo, de comunicarnos, de estudiar, de cuidarnos o de divertirnos. Y ninguna lo ha hecho, desde luego, tan rápido.

      Pero también ha sido el mayor canal de inclusión social que hemos conocido. Porque a través de ella, han surgido decenas de miles, si no millones, servicios, productos, plataformas y entornos digitales que nos permiten conectarnos de punto a punto de cualquier lugar del mundo en cuestion de segundos. Más importante aún, también ha significado la aparición de decenas de miles soluciones tecnológicas, productos, servicios y entornos que corren a través de internet, pero con criterios de accesibilidad y usabilidad. Soluciones que, a diferencia de cualquier otra, permiten a millones de personas con discapacidad, limitaciones o mayores, niveles de inclusión social nunca vistos hasta ahora. Y aún siendo redundante, más importante todavía, permite afirmar que es el canal para el caso de no existir aún, que permite crear esas soluciones tecnológicas de comunicación, información, trabajo, ocio o acceso a servicios, con criterios de accesibilidad y usabilidad. Internet es el canal, la carretera, el espacio que lo permite, y como tal, es neutro. O debiera serlo. Su importancia radica en la riqueza económica y social que se genera sobre él, al elminar distancias y barreras físicas.

      Cierto es que la mano del hombre tiene mucho que decir, y dejar hacer. Porque si internet es el mayor tranformador social y económico creado hasta ahora, necesita, al igual que las carreteras o las vías de ferrocarril, su parte física, su instalación, la implantación de los cableados o sistemas de nodos inalámbricos para llegar a cualquier lugar. Como era necesario el asfaltado en las carreteras o los raíles de acero y hierro, para permitir la circulación de automóviles y avance del ferrocarril. Y precios asequibles, o gratuitos, de productos y servicios creados en torno a internet, para el acceso universal de cualquier persona adecuandose a sus condicones socioeconómicas. El producto es bueno y neutro, sin duda, pero es el hombre quien tiene el deber de eliminar cualquier discriminación y politización. Anteriormente, la capacidad de trasladarse era el elemento esencial para llegar a los productos y servicios; la gran diferencia con Internet, es que en éste sólo viaja la información y los datos, no la persona, lo que amplifica enormemente la capacidad de inclusión social para millones de personas con dificultades de movilidad, limitaciones sensoriales o mayores.

      Creo que podriamos coincidir que el mayor "hijo" que ha dado Internet , o su producto estrella, son las conocidas como páginas webs, o webs a secas. Para olvidarnos de las definiciones técnicas, lo que vemos todos los días a través de nuestro ordenador, tablet o teléfono inteligente, información organizada o maquetada de tal forma que no da a acceso a millones de bancadas de información: periódicos y revistas digitales, comercios on line, servicios públicos y privados, bibliotecas, o más rcientemente acceso a servicios multimedia y de entretenimiento. Todo basado en protocolos sencillos para permitir el acceso en remoto a la información. Pues bien, este primer y gran hijo de Internet, la web o páginas de internet, nos traía la sorpresa de que tiene fórmas para hacerse accesible y adaptativa, en cuanto al acceso y uso de la información contenida en ella, a cualquier persona con independencia de sus capacidades, físicas, sensoriales o simplemente limitativas por la edad. Pero es aquí donde este hijo, la web, necesita de la mano de nosotros para moldearlas y diseñarlas con los criterios de accesibilidad y usabilidad. ¿Por qué, entonces, pienso que Internet es la parte más social de la tecnología?. Sencillamente, porque sin el canal o el medio, que es él, la Web no nace ni existe. Sobre el medio se crea, sin él no existe, al igual que tampoco es posible ninguna edificación sin existencia de suelo.

      La eliminación de barreras y distancias físicas y temporales potencia exponencialmente el valor creado por Internet, encontrándonos miles de ejemplos. Especialmente me resulta emblemático, como ejemplo muy fácilmente comprensible, la importancia de la lectura digital y los libros digitales. Para determinada parte de la población, especialmente personas ciegas o con baja visión, dificultades severas de movilidad po causas funcionales o meramente estructurales. Para una persona ciega, la aparición de la tecnología digital en documentos ha signifcado un antes y un después, pasar de una necesidad de apoyo externa de tradución a braille, a ser autónomo en el acceso a información o educación, y al mercado laboral (si se hacen bien las cosas). Los libros digitales, la lectura digital, sería local y limitada, si no existeira internet. Para personas ciegas o difcultades funcionales de movilidad, sin duda sería importante de por sí. Pero un beneficio restringido a su hábitat cercano. Es internet quien permite un acceso global a la cultura, la lectura o el estudio, estés donde estés y con tus circunstancias.

      Internet ha supuesto, además, por primera vez, si se hacen las cosas bien (accesibles y usables), la captación de millones de clientes y usuarios de personas con discapacidad, limitaciones o mayores a sus negocios y servicios. Introdución de millones de personas como ciudadanos activos en la era de la Sociedad de la Información y Comunicación. De forma masiva. Clientes, consumidores en potencia, que entran en el mercado y participan del beneficio económico del sector privado. Y usarios de servicios públicos, esencialmente, que permiten una mayor eficiencia y eficacia de los mismos, con enorme ahorro del gasto, y verdadera inclusión social. Internet viene a traer la posibilidad de construir mediante la accesibilidad y usabilidad, lo que vendría a ser "la rampa virtual" para eliminar discriminaciones.

      Internet ha sido muy prolífico creando una amplia familia numerosa de hijos, los productos y servicios nacidos gracias a él, después de su primogénito la web: el correo electrónico, la mensajería instántanea, la telefonía por internet, las redes sociales, los mapas interactivos, el ocio virtual, o el comercio electrónico, blockchain y aplicaciones de ciberseguridad, o los millones de app's aparecidas para ser usadas en nuestros teléfonos inteligentes, todas ellas sin sentido si no existiera Internet, la gran autopista de la comunicación.

      Toda esta proliferación de hijos nacidos gracias a Internet, han cambiado y están cambiado como nunca nuestra sociedad y nuestras estructuras socioeconómicas. Todos los sectores empresariales, industriales, de formación y educativos, y servicios públicos empezaron a tranformarse y a redefinirse. La industria perodística y los medios de comunicación han tenido que readaptarse al nuevo mundo, donde la inmediatez y la comodidad de acceso a la información prima frente a las tradiciones culturales. Como también empieza a notarlo el libro en papel. Lo impreso pierde terreno, por comodidad, y más recientemente por la corriente de concienciación mediodambiental. La televisión ha salido de nuestro aparato de salón para meterse en nuestro portátil, tablet o teléfono inteligente, a través de la correspondente web o app.

      Sin embargo, nunca nos habíamos dado cueta de la verdadera importancia de Internet en nuestras vidas, hasta la llegada de la actual pandemia provocada por el Covid-19. De su importancia en nuestros hábitos, en nuestra convivencia, y como elemento permanente, vivo, latente, transformador continuo de la sociedad moderna. No lo habíamos detectado, porque conviviamos con él a bajo nivel, e infrautilizado. Ahora hemos visto que también es práctico, importante, clave y vital en la sociedad moderna. La capacidad de poder acceder a nuevas formas de producción a través del teletrabajo, es un ejemplo evidente de ello. El emprendimiento y los innovadores tienen en Internet su mayor aliado. Como también lo es el detectar, más allá de los corrillos de whatsapp, el potencial social que integra para evitar el aislamiento, así como acceder a la información y servicios en situaciones de confinamiento. La existencia de Internet, en esta crisis, ha conseguido niveles de inclusión digital, a nivel doméstico, desconocidos hasta ahora. Personas que, sin ser profesionales, nunca habían utilizado una videoconferencia, lo han hecho. Y hemos encontrado soluciones para movernos por el Inteernet, que, sin ser perfectas, sí reunen los suficientes niveles de accesibilidad y usabilidad para ser usados por personas con discapacidad sensorial, limitaciones y mayores. Impensable hace tan solo veinte años.

      ¿Por que mantengo, definitivamente, que Internet es la parte más social de la Tecnología?. Porque sin duda, es la nueva Gran Vía de la comunicación, de la información, y de los servicios. Porque ha sido capaz de transformar, en apenas tres décadas, nuestra civilización. Pero sobre todo y ante todo, porque es el medio que puede permitir, la creación de manera unversal de productos, servicios y entornos digitales accesibles y usables por todos. No siempre se ha podido, nunca hemos tenido una autovía tan potente para crear beneficio social, y económico. Otra cosa es lo que queramos contruir sobre el. Del mismo modo que sobre el suelo, podemos construir un edificio accesible o no.

martes, 21 de abril de 2020

Qué estamos aprendiendo en la actual situación, Qué sabríamos hacer a partir de ahora.

      Iniciamos una nueva etapa. Un nuevo sistema económico. Necesitamos nuevos enfoques, y nueva mentalidad.

       No hay una, hay mchas cosas que estamos aprendiendo en esta etapa que nos está tocando pasar:
  • Nada va a ser igual: la economía, la forma de trabajar, la necesaria reestructuración de todos los sectores productivos, la forma de enfocar todo el sistema sociosanitario, la forma de gestionar los servicios publicos, la necesidad imperiosa de invertir en investigación y en innovación, y por supuesto en ciberseguridad.
  • La primera y fundamental, la tecnología se ha demostrado como el elemento esencial en todos los ámbitos y sectores de la sociedad, y el primer recurso para evitar el aislamiento social.
  • La acelerada inclusión digital de la ciudadanía, profesional y "doméstica".
  • El descubrimiento y uso de muchos y diversos medios de comunicación que, existentes, eran poco usados por la ciudadanía.
  • Que el teletrabajo existe, y se puede hacer. Incluso en el sector público. Nunca hemos tenido tantos funcionarios trabajando desde casa, y los servicios pueden funcionar.
  • La capacidad de innovación (tecnológica) en época de crisis, y que debe perdurar en adelante porque existe, solo debemos incentivarla y ayudarla a aflorar.
  • La imperiosa necesidad de eliminar las "lagunas" de conexión en nuestro territorio, para no dejar a nadie fuera de servicios como la educación online, teletrabajo a teleasistencia médica.
  • Los distintos "grupos sociales" en que esta situación ha dividido a la ciudadanía: los que se pierden en grupos de chats nocivos, deprimentes, e incitadores a la depresión y la inanición; los que se pierden en sus diatribas políticas, dedicando su tiempo en las redes a la crispación social, al debate vacío, al "tu más" y al "yo mejor", cuando pocos, ni de un color u otro dan la talla; y aquellos que tienen claro que para empezar a enfocar el futuro inminente (y el presente) de manera eficaz, se requiere proactividad, positivismo, empuje, adaptación al cambio y a nuevas formas de trabajo, a generar conocimiento válido en la sociedad, a empezar a trabajar en las nuevas formas de acceder a la formación, y, sobre todo, a transmitir una idea positiva de las nuevas oportunidades que se nos abren. Todo canalizado, como claramente y definitivamente queda demostrado, a través de las tecnologías y sus servicios.
       La transformación sufrida por las sociedades los últimos años, y muy especialmente en la última década, puso de manifesto la importancia de las tecnologías en todos los sectores. La actual crisis sanitaria provocada por el COVID-19 ya tuvo preavisos anteriores con el évola o la gripe A, por citar algunas, salvando las distancias. Pero la actual pandemia va a provocar, a diferencia de "avisos" anteriores, quizás la mayor crisis social y económica conocida de la edad moderna. Social, en cuanto va a significar un cambio de hábitos y usos sociales; económica, cambiando procesos productivos, formas de trabajo y de organización. El mundo digital, ahora, en pleno proceso evolutivo de la pandemia, se dispara tanto en el ámbito doméstico como en el empresarial, forzando el teletrabajo a marchas forzadas y una readaptación acelerada de la gestión con clientes y del propio consumo. Estamos viviendo, de primera mano, lo imprescindible de la tecnología para comunicarnos, consumir, informarnos, acceder a servicios públicos y trabajar. Y es ahora, más que nunca, cuando no debemos olvidar el crucial papel que también debe jugar la accesibilidad y usabilidad a las Tic para gran parte de la población. No significa que todo deba ser accesible, pero sí que existan las Tic y servicios vinculados accesibles y usables para quienes las necesiten, tanto en el sector público como en el privado. 
 
       ¿Deprimirse?. No. Reflexión, aprendizaje, innovación y acción. Al contrario, de golpe nos encontramos que aquello de lo que tanto hablábamos, el "mundo online", existe para todos. Parte de la población ya "lo disfrutaba"; ahora, en la actual circunstancia, "casi todos" (los que pueden acceder por recursos y cobertura), lo han empezado a descubrir. Significa incorporar millones de usuarios a este nuevo mundo digital de facto. Muchos retos, muchas nuevas oportunidades. ¿Cómo afrontarlo, desde la perspectiva pública y también privada?. Porque ya no es solo la necesidad de "redescubrir" el teletrabajo a marcha acelerada. También el cambio sustancial en el ámbito educativo, el sanitario, ocio, comercio, comunicación o movilidad. Y la seguridad (o ciberseguridad). ¿Seguiremos apostando por tecnologías táctiles en la interactuación con servicios fuera de casa? ¿Seguiremos "tocando" cajeros, paneles informativos, terminales de pago o intercambiando documentos y billetes en aeropuertos u oficinas abiertas al público?. ¿O dejando y recogiendo de nuevo nuestros carnets para autentificarnos en las puertas de acceso que lo requieran?. ¿Seguirá la burocracacia en papel en las oficinas públicas?. No, todo va a cambiar, y debe cambiar de manera adecuada para todos, para no dejar a nadie fuera. Puesto que debemos reinventarnos, es hora de hacerlo bien. Máxime ahora, que nadie va a quedar al margen de los nuevos usos y formas de relacionarnos entre nosotros y nuestro entorno. Ahora debe empezar, así, a verificarse que el beneficio social también genera beneficio económico, y mucho, incorporando la accesibilidad y usabilidad a las tecnologías. Que comience la carrera, hay enormes oportunidades. Y aprovechemos, desde el espectro público, herramientas legales que tenemos a nuestra disposición claramente desaprovechadas, como la Compra Pública Innovadora. Para redefinir y hacer más eficaces todos los servicios públicos al servicio del ciudadano e incentivar a la pequeña y mediana empresa e innovadores.

       Gran parte de las últimas generaciones, nuestros jóvenes, conocían bien en muchos ámbitos las nuevas formas de trabajar, formarse y relacionarse. El trabajo fuera de oficinas, siempre en movilidad o en centros colaborativos, no les resultaba extraño. Al igual que no podemos perder el conocimiento y experiencia de nuestros senior, tampoco debemos perder ni dejar de aprovecharnos del conocimiento y experiencia de "nuestros menores". Aprendamos de ellos, de esa capacidad adquirida, porque su mundo no era el nuestro a sus edades, a adaptarse al cambio, de su rapidez de asimilación, de su flexibilidad en sus hábitos, de su capacidad para generar proyectos con tecnología y sin papel, de absorber las nuevas tecnologías emergentes con mente abierta. Quienes ya emprendían y generaban negocios pensando en digital desde la mera idea en su cabeza, tenían dos grandes compañeros en el camino: los socios, e internet, su gran aliado. El COVID-19 va a cambiar todos los patrones sociales y de trabajo, pero también debe enseñarnos a prepararnos, porque habrá otros, a nuevos escenarios, y a cambiar de metodologías. No es un drama, es previsión y capacidad de aprovechar los cambios. El trabajo online, la no dependencia de desplazamientos a "nuestro despacho u oficina", y el ahorro de tiempo y costes económicos, son una ganancia incalculable que hay que saber reinvertir. En todos aquellos sectores y ámbitos que lo permitan. Nuestra conciliación y nuestro clima también lo agradecerán. Igual incluso nos hacemos más humanos, con mayor tiempo para relacionarnos.

       Si ya de por sí el nuevo ecosistema digital generado en los últimos años nos demostraba la necesidad de saber poner en marcha productos, servicios o negocios de una manera ágil y rápida asentados en base tecnológica para que cualquier empresa fuera competitiva y perdurable, la experiencia que sufrimos ahora con el COVID-19 nos debe enseñar a ser más conscientes aún de ello. Porque este no va a ser el último drama viral que vamos a vivir. Pero vamos a tener mejores herramientas, mayor conocimiento, mejor tecnología, y quiero creer que habremos asumido la necesidad de pasar cuanto antes a la acción. 
 
       La situación que viene no va a ser fácil, no, va a ser muy difícil. Pero, como suele decirse, tenemos dos opciones, preocuparnos u ocuparnos. ¿Qué puede hacer la tecnología por mi? ¿Cómo puede ayudarme a reactivar la economía, nuestros negocios, nuestros trabajos, nuestros servicios públicos?. ¿Debo invertir en mi web profesional y en digitalizar mi negocio o profesión?. ¿Seremos conscientes que deberemos formarnos de continuo?. Aprender de la situación que estamos viviendo es algo que no debemos ni podemos desaprovechar. El planteamiento debe ser bastante más amplio, profundo, y a largo plazo. Los efectos del COVID-19 nos presentan tendencias tecnológicas que, aunque muchas entran dentro de las que hasta ahora denominábamos emergentes, se nos aparecen ahora ya no de futuro sino de presente cercano para transformar la sociedad, la economía, el mercado y lo público. Es urgente la inversión en formación desde los servicios públicos para acelerar la inclusión digital de toda la población, para poder afrontar el nuevo sistema socioeconómico y la efectiva transformación digital de la sociedad. 
 
       Parece que todos estamos de acuerdo que las economías, a escala mundial, van a tener que afrontar varios años difíciles para llegar a la estabilización anterior. Qué peso van a tener los Estados y cual el sector privado en esta nueva situación es difícil calcularlo. También estamos de acuerdo en que la forma de producir, consumir y relacionarnos va a cambiar. Por ello es urgente el reciclaje ciudadano en la transformación digital. Y en este y definitivamente nuevo mundo digital que nos va a impactar, ahora ya no es negociable el incorporar la accesibilidad y usabilidad en los productos, servicios y entornos Tic. De no ser así, crearemos la mayor brecha social conocida, con enorme impacto económico en nuestros servicios públicos y en las cuentas de resultados de nuestras empresas. No hace falta ser muy adivino para prever el crecimiento de pagos y transacciones electrónicas sin contacto, de la telemedicina, de congresos y reuniones virtuales, de cambios de medios de transporte convencionales a inteligentes, de acceso al ocio mediante realidad virtual y el auge del internet de las cosas, limitando contactos físicos. Todo ello debe crear nuevas oportunidades de negocio, y volver mas eficientes nuestros sistemas sociosanitarios. Pero para hacerlos sostenibles, universales, no discriminatorios y verdaderamente eficientes, todo el entramado tecnológico que lo sustente debe ser accesible y usable.

       Las oportunidades vienen dadas porque todo va a cambiar, y todo cambio requiere innovación y nuevas metodologías. El ser humano es social en sí mismo, y necesita relacionarse, eso no va a cambiar. Pero sí las formas. La pequeña empresa debe tener ahora urgencia en readaprse y reacondicionarse. El mercado se va a reinventar, y va a girar en gran medida en torno a grandes cadenas y distribuidores. Pero el creador, productor y generador de productos y servicios va a seguir siendo, mayoritariamente, la pequeña y mediana empresa, sobre las que necesariamente necesitan asentarse las grandes. Serán las que mejor y más rápido se adapten y transformen digitalmente quienes pervivirán. Y aquellas que mejor se preparen para adaptarse a futuros cambios. Creo que, por fin, nos hemos "creído" que las nuevas tecnologías son la clave para afrontar el futuro. Lo estamos viendo en la lucha para evitar contagios y acelerar la investigación epidemiológica. Pero las nuevas tecnologías también son la clave en la nueva economía definitivamente tecnológica. Y en ella, las empresas también pueden resolver problemas sociales. El cambio de filosofía consiste en que se puede ayudar con modelos de negocio accesibles que sean sostenibles en el tiempo. Se puede invertir con foco social sin perder la perspectiva financiera, y no solo no debemos avergonzarnos por ello, sino que debemos enorgullecernos de saber hacerlo.

       El mundo, es evidente, habrá sufrido cambios después de la pandemia actual, pero nosotros también. El replanteamiento social y productivo que debemos acometer debe obligarnos a centrarnos en grandes objetivos y dejar de parchear problemas. Y obligar, y exigir, que nuestros responsables públicos aprendan también; se supone que tienen estudios. Quien niegue que se va a poder seguir avanzando, creciendo, ser eficiente, eficaz y competitivo es un necio. Pero esta adaptación requiere planificación e inversión. Sí, inversión pública en formación ciudadana para la inclusión, e inversión en productos, servicios y entornos accesibles y adaptados para todos. La transformación digital hacia entornos inteligentes y digitales adaptables a la diversidad poblacional deja de ser opcional. Para el sector público, para ser eficiente, bien gestionados y sostenibles; para el sector privado, para poder ser competitivo. En ambos casos, el secreto va a ser la capacidad de adaptación a los nuevos requerimientos de ciudadanos y consumidores o clientes. El reto para subirnos a la gran cantidad de oportunidades que se presentan, es aprender a jugar con las nuevas reglas del juego que se están redefiniendo. Porque es evidente que las reglas del juego están cambiando, y creando un nuevo juego. Ante ello, es necesario aprender a jugar rápido y practicar mucho. Ahora bien, las reglas y las piezas del juego deben ser ya, sin excusa, accesibles y usables por todo. La tecnología, amigos, lo permite. No hacerlo, ya es negligencia.

      Quizás para nuestros empresarios, innovadores, investigadores y profesionales de cualquier sector no sea necesario, demuestran su valía día a día. Pero a la mayoría de nuestros responsables públicos actuales sí convendría recordarles la frase de Séneca, cargada de razón, "No hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige".

jueves, 13 de febrero de 2020

Silver Economy, la mina de oro para la accesibilidad tecnológica.

      Ante las grandes crisis, nuevos planteamientos. Frente a los grandes cambios socidemográficos y culturales, nuevos enfoques. Contra los alarmismos, búsqueda de nuevas oportunidades y soluciones. Eso es lo que nos va a permitir el nuevo panorama de envejecimiento poblacional, cambio de estructuras económicas y caducidad del planteamiento clásico de la actual sociedad y sistema de gestión social imperante en nuestros países. La Silver Economy nos ofrece dos planteamientos: caer en un terror y pesimismo social, dejándonos llevar; o posicionarnos como nuevos buscadores de oportunidades económicas y sociales. Prefiero la segunda, y creerme que, ante la nueva situación sociodemográfica que como avalancha nos viene encima, podemos entrar en una nueva era dorada donde las tecnologías serán el factor clave de sostenibilidad, beneficio social y beneficio económico. Donde la accesibilidad y usabilidad en productos, servicios y entornos tecnológicos se debe plantear ya no solo como una necesidad, sino como una solución incuestionable para garantizar la sostenibilidad de un nuevo sistema socioeconómico de derechos. Una nueva era donde el beneficio (bienestar) social va a ir acompañado definitivamente del beneficio económico, ante el incremento de la demanda ciudadana y de las necesidades funcionales de millones de personas, derivadas del proceso de envejecimiento.

      Porque los datos son incuestionables. Y Europa los lleva analizando y estudiando desde hace décadas, si bien ha sido en el último lustro donde ha advertido, definitivamente, que entramos en la era de la Sivler Economy, o economía de las canas en su versión coloquial. Una era donde nada se va a entender sin tecnología, en todos los sectores profesionales y de servicios públicos y privados, y donde la accesibilidad y usabilidad van a formar parte, sin duda, de las especificaciones técnicas de cualquier producto, servicio o entorno Tic. Porque, al ya ser incuestionables los datos, ¿quién se va a atrever a quedarse sin su cuota de mercado y de millones de clientes/consumidores, que van a buscar, por necesidad de sus limitaciones funcionales derivadas del envejecimiento o de discacapacidad, o simplemente por la facilidad en su manejo que requieren los tiempos acelerados de hoy?.

      La vejez se va a convertir en el gran negocio, sin duda. La vejez, y la discapacidad, no siempre asociada ni necesariamente asociada a la vejez. Los datos que muestran esta incuestionable realidad están ahí, y creciendo. La ONU alerta de que en 2050 un 18% de la población mundial (¡¡casi un quinto del total de la población!!) sobrepasará los 65 años, donde más de 400 millones de personas estarán por encima de los 80 años. En “nuestro territorio europeo”, la situación se agrava según la propia Comisión Europea, que afirma que uno de cada tres ciudadanos europeos superará los 65 años. Y, a escala más local, en “nuestro país”, la población mayor de 65 años supondrá el 40 % del total.

       ¿Y cual va a ser uno de los elementos comunes, permanentes y con mayor peso en este nuevo escenario socioeconómico?. Sin duda, la tecnología. En todo y para todos. Por ello, ante la clásica pregunta que muchos excepticos se hacen en este campo, ¿Se puede seguir innovando con tecnología para solucionar este “problema”?, la respuesta es: más que nunca, y además necesario, en la Silver Economy. Porque gran parte de esta innovación debe ir en la línea de conseguir tecnologías, tanto a nivel de consumo personal como profesional, con criterios de adaptabilidad a porcentajes nada desdeñables de ciudadanos con nuevas necesidades, derivadas del envejecimiento. Es decir, tecnologías accesibles y usables, en sus formas y contenidos. Las empresas deberán diseñar y comercializar productos, servicios y entornos que se ajusten a las personas y les permitan interactuar con ellas, no al contrario. Para ello se requiere nuevas maneras de pensar, de trabajar, de innovar y de gestionar los recursos.

      El nuevo usuario de la Silver Economy, ya hoy, consume más que la media y que el total de la población restante. Ya no es residual, ni acotada en el corto espacio temporal. Una persona de 60 años a día de hoy, podrá permanenecer otros 30, facilmente, como ciudadano consumidor. Un tercio de su vida. Al ser las nuevas sociedades mucho más longevas, el impacto económico de esta mayor inmortalidad es incalculable, siendo el gasto público uno de los ámbitos más afectados: dentro de 30 años, sólo en pensiones, sanidad y cuidados de larga duración superará ampliamente el 27% del PIB en los países europeos. Pero también, en el otro lado, el negocio que aparece en torno a la economía plateada, es inmenso. Debemos alejarnos del pánico que nos pudiera producir esta situación ante una hipotética situación de derrota del Estado del Bienestar, con países incapaces de hacer frente con su economía al nuevo escenario, para centrarnos en las nuevas y grandes oportunidades que nos va va a ofrecer la Siver Economy. En torno a las tecnologías, por supuesto accesibles y usables. Algo que mantenía Juan Carlos Alcaide, experto en Silver Economy y marketing, analista del envejecimiento y su impacto empresarial desde 2004, en el reportaje de El País Negocios de 19 de diciembre: “Vencer el envejecimiento será el negocio más grande del siglo. El futuro está en la gente con pasado”.

      Si el dato es el petroleo del siglo XXI para muchos, y especialmente para hacer más eficientes los servicios, pero también para hacer grandes negocios, conviene estudiar lo que dicen los datos sobre el consumo de las personas mayores. En 2019 BNP Paribas-Cetelem estudió el consumo de la población mayor de 65 años, demostrando que el 40% a nivel mundial era suyo. En España, los datos que presentó el Instituto Nacional de Estadística (INE), en su estudio sobre el gasto de las personas jubiladas y prejubiladas arrojaban un dato sintomático: gastaron 13.481 € más que la población ocupada. El 91 % de los jubilados disponían, además, de vivienda en propiedad. ¡Una verdadera oportunidad para la domótica!, en una población con más tiempo libre, y con el consumo ya por encima del ahorro, gran parte dedicada al ocio y a viajar. El informe elaborado por la Comisión Europea, The Silver Economy, demostraba que el consumo de las personas mayores ascendía a un total de 3’7 billones de euros, hace cinco años, en 2015. Este mismo informe hacía una previsión de ascenso progresivo del 5% anual hasta 2025, llegando entonces a ser del 5’7 billones, siendo en ese momento el 32% del PIB de toda la Unión Europea. La generación silver cada vez es más activa, con más tiempo por delante para disfrutar, y más proactiva. En el ámbito del turismo, la generación silver, la de las canas, gastó 66.000 millones de euros el pasado año, un 16% del gasto total en turismo en la UE. Bastante por encima de la media.

      Se abre una nueva era de oportunidades para la tecnología social accesible y usable, sin duda. Una nueva era donde el bienestar social de millones de personas con discapacidad, limitaciones y mayores van a poder disfrutar de soluciones tecnológicas adaptables y adaptativas a sus circunstancias. Un nuevo tiempo donde, sin duda, bienestar social, autonomía personal y beneficio económico van a ir definitivamente de la mano. La aparición de nuevos negocios centrados en las necesidades de esta nueva realidad social en torno a las personas mayores, personas con discapacidad o limitaciones y sus familias va a ser una realidad. Nuevos negocios y oportunidades donde el diseño de productos, servicios y entornos adaptados y adaptables van a tener un peso creciente en la economía y el consumo. Hablaremos más de la generación Silver y menos de la Milleniam.

      No es anecdótico que la propia Unión Europea haya incluido la Silver Economy como una de sus prioridades para impulsar el desarrollo de productos y servicios en las empresas de su territorio. La virtualidad de la Silver Economy, abre una dualidad también derivada de las características funcionales de este envejecimiento poblaacional. Por un lado, la mejor y mayor calidad de vida conseguida a través de los avances médicos, científicos y tecnológicos permite un mayor disfrute de espacios de entretenimiento, ocio, culturales, envejecimiento activo y del turismo. Pero sin duda, también nuevas soluciones en productos y servicios en el sector sociosanitario que den cobertura a la crecientes, e inevitables, limitaciones funcionales de los ciudadanos según van envejecimiendo más. Pero en los dos ámbitos, la accesibilidad, usabilidad y adaptabilidad TIC es esencial.

      ¿Qué sectores de la industria o del comercio se van a quedar al margen?. Ninguno, porque, ¿donde no están y estarán presentes las tecnologías?. En ninguno, evidentemente. No solo en ninguno, sino que cada vez tendrán más relevancia en todos. Por supuesto en la Administración también. Pero es sin duda en el sector privado donde la Silver Economy abre inmensas oportunidades de negocio. En todo lo relacionado con el bienestar, “a domicilio o externo”; en la cultura, el acceso a la lectura, museos, exposiciones interactivas o a cualquier ciclo educativo o formativo; en el transporte, en cualquiera de sus modalidades, y en cada una de sus fases (compras, reservas, gestión, planificación, diseño de rutas, utilización); en el sector financiero, en toda su extensión, y en el ámbito de los seguros; en el turismo, desde el mismo acceso informativo a “donde voy”, pasando por el cómo, estancia, disfrute y vuelta; en todo tipo de ocio y deporte; en la moda y la belleza, con los probadores virtuales y la ropa inteligente; el comercio electrónico, en todas sus ramas. Y por supuesto, en el urbanismo y en el desarrollo de las Smart Cities o Ciudades Inteligentes. Pero también, y muy especialmente, en todo lo relacionado con la vivienda y el hogar (ya mencionamos que, según el INE, el 91% de los jubilados disponen de vivienda en propiedad). Las viviendas inteligentes y domóticas van a tener un desarrollo inmenso y exponencial, sin retorno. Las viviendas de la generación silver van a presentarnos incontables oportunidades de negocio, todas vinculadas a la tecnología. Y es aquí donde la accesibilidad y usabilidad de todo lo que introuduzcamos en nuestra casa, para controlarla y servirnos, se va a volver, si cabe, más imprescindible. Aquellas empresas que se posicionen en dar mayor calidad, accesibilidad y usabilidad a sus productos y servicios domésticos o inteligentes, van a coger gran parte del nicho de mercado. Sólo para 2020, la estimación de hogares inteligentes en el mercado mundial será de 55.800 millones de euros, según la Comisión Europea. “El mayor” se va a convertir en un verdadero filón de negocio, algo que no está pasando desapercibido para los fondos inversores. Y no olvidemos todo lo que va mover el sector de la rehabilitación en los edificios, si recordamos que más de dos tercios de viviendas construidas tienen carencias evidentes de accesibilidad. En consecuencia, entramos en una nueva era, donde el beneficio social (bienestar social) y el beneficio económico del sector privado van a tomar todo su sentido.

      Por otro lado, la actual brecha digital del conocimiento en el uso de las TICs, a nivel de usuario, uno de los problemas actuales para la introducción de nuevos habitos, va a desaparecer progresivamente. Personas con 60 años actualmente, ya están acostumbradas al uso del smartphone, de su correo, del whatshapp, de su cámara de fotos… del uso común, en definitiva. Novedades como pagar el ticket de la zona de aparcamiento reservado, utilizar el google maps y similares, o hacer reservas en restaurantes o cines a través del movil, cada vez es más habitual. Seis de cada diez mayores entran cada día en Facebook, y un 65% utilizan internet diariamente. ¿Qué significa esto?. Que se está reduciendo la brecha digital “social”; nuestros muy mayores actuales se encontraron de golpe con estas tecnologías que han cambiado hábitos, uso y formas de hacer las cosas, y les resultó muy difícil adaptarse. Los actuales mayores de 60 años, llevan una década usando su smartphones y sus diversos usos; con 70, llevarán dos décadas. Adaptarse a las novedades tecnológicas, cada vez les resultará más fácil. Y ello generará mayor consumo, pero también mayor beneficio social (bienestar) sin duda; mayor autonomía y seguridad, también. Los retos son enormes para las Administraciones Públicas y para el sector privado (empresa, industria, innovación) y las necesidades muy diversas y muy distintas, debido al envejecimiento; por ello, esos retos son la verdadera oportunidad.

      Siempre he tenido la creencia de que la mayor y más importante empresa es la “empresa social”; hablando metafóricamente. La “empresa social” es la mayor consumidora de productos y servicios, pero también generadora de riqueza. Y la mayor empresa social ya hoy, y más en el futuro, es la Silver Economy. De hecho, Y como cualquier empresa, debe actuarse con ella como con cualquier otra. De hecho, la Silver Economy ha adquirido tanto potencial que, en el informe que elaboró la Comisión Europea, con el apoyo de Technopolis y Oxford Economics contemplando a la población mayor de 50 años, la situaba como la tercera economía más grande del mundo.

      Bajo esta perspectiva, si para sacar adelante un negocio es necesaria una planificación, estudio de recursos, estudios de mercados, análisis de cuentas, posibles sinergias… en la empresa social debemos empezar a hacer los mismo, máxime cuando es la única empresa que afecta a todos los ciudadanos, y no sólo a un grupo objetivo de posibles compradores y usuarios. Y ante cualquier desarrollo legislativo que persiga dar cobertura a derechos para las personas, donde estén presentes las tecnologías, debemos contemplar y analizar la sociedad en todo su conjunto, contemplando a mayores, personas con discapacidad o limitaciones para introducir y garantizar que todos los productos, servicios y entornos incorporan la accesibilidad y usabilidad. Porque, además, de esta forma se genera riqueza económica, que compensa con creces cualquier gasto público además de hacerlo más eficiente.

      Y ello, que parece tan complejo, hoy en día sigue siendo complejo, pero menos. Las tecnologías nos abren un campo impensable hace poco, y siguen siendo enormemnte desconocidas y despreciadas. Por poner un ejemplo local, si en la mal lamada “ley de dependencia” en nuestro país, tuviéramos la fortuna de que se contara con expertos que nos dijeran cómo las TIC’s pueden facilitarnos el resolver muchos de estos problemas de derechos, ahorrar costes, mejorar los servicios y así garantizar los mencionados derechos, probablemente sí nos dirigiéramos entonces a un verdadero estado social; y al verdadero espíritu de la ley, generar autonomia personal siempre que sea posible.
      Y la Silver Economy puede ser la mayor Empresa Social. Las empresas deben tener un papel esencial para resolver problemas sociales, sin renunciar al beneficio económico, única forma de gestar un modelo sólido y sostenible en el tiempo. Se puede y se debe invertir con visión social desde una perspectiva financiera. Y la perspectiva social significa incluir y contemplar a todos los ciudadanos, más que nunca, en estas nuevas sociedades envejecidas, donde además sigue presente la discapacidad. La perspectiva social, en esta nueva sociedad basada en la tecnología, significa incorporar ya, de facto y de forma permanente, la accesibilidad a productos, servicios y entornos. Y las Adminastraciones Públicas, los Gobiernos y dirigentes, deben tener también muy claro que no es suficiente con el dinero y recursos de las ONGs (por cierto, fuertemente subvencionadas con dinero público) para afrontar esta nueva realidad que nos llega con el envejecimiento poblacional. Quizás debieran empezar a cambiar sus esquemas llevando en sus presupuestos el fomento de Inversiones Impacto, y un nuevo paradigma de gasto público centrado en los pagos por resultado (bonos Impacto) a las empresas del sector privado que mejor resuelvan las nuevas situaciones sociales que, indefectiblemente, van a estar presentes en la Silver Economy..

lunes, 18 de noviembre de 2019

La Usabilidad de las Smart Cities: más allá de la accesibilidad.

Juan Carlos Ramiro
CEO de AISTE (“Beneficio Social, Beneficio Económico”)
La Usabilidad de las Smart Cities: más allá de la accesibilidad

       La usabilidad es la característica que permite a todos aquellos productos, servicios y entornos que se hallan presentes en la ciudad su utilización sin ningún tipo de discriminación por los ciudadanos. La usabilidad lleva intrínseca, lógicamente, la accesibilidad en esos productos, servicios y entornos; pero va más allá. Engloba también el cómo, donde y de qué manera deben estar diseñados y construidos los espacios en la ciudad, para que puedan ser utilizables por los ciudadanos. De nada sirve llenar la ciudad de productos y servicios accesibles exclusivamente, si el acceso a ellos es limitativo o imposible, y sus localizaciones carecen de soluciones de continuidad entre ellas, al hallarse aisladas unas de otras. Porque la misión de la Smart City debe ser perseguir una mejor calidad de vida al ciudadano, en toda su diversidad, de forma sostenible. Y no necesariamente con las últimas tecnologías inteligentes, pero sí que tanto ellas como la interrelación de todas funcionen bien. Sencillamente, es potenciar la autonomía y posibilidades de sus ciudadanos.
       Recomiendo leer el artículo “El peligro de las ciudades demasiado inteligentes y poco humanas”, publicado en Planeta Futuro de El País en octubre de 2016. En él, se afirma que “después de unos años en los que la perspectiva dominante ha sido la tecnológica, han ido ganando protagonismo aquellos planteamientos que ponen el foco en el ciudadano como epicentro”. Retoma de esta forma la reflexión “¿Smart cities o Smart Citizens?”. En este mismo artículo Dan Hill, de forma completamente acertada y lógica (algo no demasiado habitual a veces) afirma que "las ciudades inteligentes serán aceptables en la medida que sigan un enfoque de abajo a arriba, dirigido por los ciudadanos". También mantiene que “todo el debate alrededor de las smart cities aún no ha sido capaz de responder a algo tan sencillo como cuál será el impacto que la adopción de las tecnologías por parte de las ciudades tendrá en el día a día de las personas que viven en ellas”.
        El gran, quizás el mayor, desafío al que se enfrentan las ciudades para ser innovadoras es la necesidad de ser diseñadas para adaptarse a los requerimientos de sus habitantes y visitantes, teniendo en cuenta su diversidad, funcional y sociocultural. El foco de la innovación en la Smart City debe centrarse en el ciudadano, residente o visitante. Progresamos gracias a la innovación social. Esto significa que toda actuación debe construirse pensando en las necesidades de la persona, por y para la persona; y su objetivo último, lograr su mayor bienestar conociendo sus necesidades. Todos estas premisas están englobadas dentro del concepto Human Centered Design. Con el fin de hacer que sus infraestructuras y servicios públicos sean utilizables por todas las personas en igualdad de condiciones, con mayor eficiencia e interactividad. Es, en definitiva, el diseño centrado en el usuario; un diseño donde todas las piezas encajan perfectas, por su diseño coherente a los mismos principios sociales. Proporcionando de esta forma a la ciudadanía un ecosistema capaz de dar respuesta a las necesidades de sus habitantes. No es casualidad que el relativamente reciente concepto de IoT esté empezando a estar obsoleto, y esté dejando paso al concepto de IoE: “Internet of Everything”. Es pasar del criterio tecnificado de la tecnología al criterio social. Es pasar del concepto tradicional de accesibilidad del producto o servicio en la Smart City, al concepto global de Usabilidad de la Smart City, que integra de por sí la propia accesibilidad. Y para conseguir esta Usabilidad, la propia ciudad podría convertirse en un Living Lab vivo que permitiera probar nuevas tecnologías y sistemas inteligentes.
         El el año 2014 Tel Aviv se llevó el premio a la mejor ciudad inteligente, durante la cuarta edición del Smart City Expo World Congress, por algo aparentemente “normal”, un despliegue masivo de wifi en la ciudad. Su objetivo, decían, les permitió “articular un modelo de interacción con los ciudadanos, el Digitel Resident Club, que se basaba no solo en el debate sobre asuntos públicos sino también en crear comunidad entre todos los vecinos y conseguir involucrarlos”. Los socios que se registraron en esta plataforma eran vendedores potenciales, y los ciudadanos clientes potenciales: se convenció al sector privado bajo el concepto de win to win para finaciarlo. Pero en toda su exposición, en todo su planteamiento, no se mencionaba en modo alguno la accesibilidad. ¿Pensarían, entonces, en involucrar a todos los ciudadadanos, mayores, con discapacidad o limitaciones?. ¿Es esto suficiente?. ¿Basta con crear la gran autopista de la información cruzando toda la ciudad, sin contemplar la accesibilidad digital en su construcción y accesos?.
        La “ciudad” tiene que escuchar qué importa los ciudadanos, escuchar permanentemente. Cuando escuchas creas valor para el ciudadano, y eso crea participación. Lo dice Hila Oren (CEO de la Tel Aviv Global), quien lleva años aconsejando que, “para crear estrategias de ciudad inteligente, primero hay que crear ciudad. Recoger todo lo que la ciudad puede ofrecer hoy para hacerla mejor y más grande, y así crear valor para los ciudadanos. En segundo lugar, escuchar a los vecinos. Una ciudad es verdaderamente inteligente cuando escucha para saber qué les importa a sus conciudadanos y cómo se quieren informar de ello”.
         De esta forma, también se accede al conocimiento de las condiciones de accesibilidad que requieren los productos, servicios y entornos que componen el ecosistema de la Smart City, y la forma de interconectar todos ellos en forma de continuidad de utilización para lograr la plena Usabilidad de la ciudad.
         No “escuchar” y aprender agrava la situación, de manera preocupante, para colectivos de ciudadanos especialmente sensibles y afectados por el diseño de las Smart Cities: mayores, personas con discapacidad o limitaciones. Más aún en amplios territorios como el europeo, donde el envejecimiento poblacional es ciertamente preocupante. Y, por supuesto, para la propia economía, donde los ciudadanos enmarcados dentro de la denominada Silver Economy (mayores de 55 años) van a tener cada vez mayor peso en el mercado.
         ¿Quién tiene la experiencia de la ciudad?. Sin duda, el ciudadano. No el profesional, por muy Honoris Causa o Doctor Emérito que sea. La experiencia de usuario como ciudadano mayor o con discapacidad, sólo la da la propia actividad del día a día, la vivencia en su contacto con la ciudad, y con las limitaciones que la ciudad nos presenta. El detalle de la necesidad, o requerimiento, de nuestra interactuación con la ciudad sólo se entiende a partir de la experiencia de quienes viven en ella. La diferencia, y la importancia de hacer bien las cosas, muchas veces, está en el detalle. Y esto sólo se aprende cuando se toma en cuenta la experiencia del ciudadano con limitaciones en su día a día con la ciudad. La eficiencia energética, la iluminación inteligente, el tránsito de vehículos de manera fluída o edificios interconectados entre todos sus componentes, serán totalmente ineficientes si no tomamos en cuenta la diversidad del ciudadano.
        Hoy en día, y cada vez más, tenemos más y mejor tecnología, más accesible y usable, desde tecnología de consumo, profesional o industrial; pero ésta, tomada individual o aislada, no es garante para hacer de una ciudad una ciudad inteligente, no segregadora. Los modelos actuales de Smart Cities, centrados en mejorar la movilidad en gran medida, no funcionan de manera óptima porque no se realizan pensando en las personas.
       Se están diseñando las ciudades inteligentes en despachos, sin la experiencia de usuario como ciudadano. Cada año, se organizan múltiples congresos profesionales (no del Tercer Sector o asociativos sociales) sobre Ciudades Inteligentes. Pero, ¿dónde figura o en cual participa la experiencia del ciudadano con limitaciones o del ciudadano mayor?. El conocimiento profesional de un arquitecto, ingeniero, responsable público o comercial, por no decir del político, es incompleto sin ese conocimiento de experiencia de usuario; incompleto, y muy peligroso por su implicaciones sociales, y muy costoso para una economía de gasto público. Costoso, porque lo mal hecho o diseñado, siempre genera ineficacia de los derechos, y para después garantizarlos es necesario remodelar con mayor inversión, y productos adicionales, lo ya puesto en servicio.
         La ciudad ya no es solo el espacio físico, es también el virtual. En la Smart City desaparece la barrera física de interactuación directa sobre el terreno, y se presenta la barrera virtual de interactuación con el mundo digital, y los servicios públicos y privados desarrollados sobre él. Es más, si no se tiene sumo cuidado en el diseño físico y contextual de estos accesos, el problema es mucho más grave en función de uno de los principales riesgos de la sociedad de la información: el aislamiento social. En el “mercado” tradicional la persona (como consumidor de servicios) se mueve en un terreno real, físico, saturado de “iguales” de los que puede recabar el apoyo que pueda necesitar en un momento dado. En el “mercado” virtual, en cambio, la relación y apoyo social desaparece en muchas de sus facetas, para convertirse en una lucha individual y personal para participar en el mismo como usuario. La ventaja de una adaptación de los entornos y servicios de la Smart City a personas con discapacidad, mayores o limitaciones, haciendo su acceso y utilización igualitario para todos, aporta un beneficio muy por encima del coste. Es esta adaptación, y adaptabilidad mediante soluciones de IA, en muchos casos, la que permite la Usabilidad de la Smart City.
       Así, el diseño de cualquier nuevo proyecto bajo el concepto de la denominada Smart City, debe tener presente la utilización, aplicación y adecuación de los conocimientos científicos, técnicos y sociodemográficos presentes, por cuanto no se puede hablar ya de futuro: al ritmo que avanza la tecnología, apenas existe el futuro y sí el presente continuo inmediato. Cualquier error en la planificación y desarrollo de los servicios tecnológicos en las “nuevas ciudades”, ya sea en su vertiente física o de contenidos, conlleva un grave riesgo de exclusión de colectivos sociales.
        Los medios que posee hoy la humanidad a través de las denominadas Nuevas Tecnologías, focalizada principalmente en los países desarrollados, debieran posibilitar definitivamente la mayor revolución en nuestra historia enfocando todo su potencial hacia el acceso universal y utilización en igualdad de condiciones. Proporcionando los medios adecuados para acceder a los productos, servicios y entornos en cada lugar de estos nuevos escenarios urbanos que se están creando a ritmo vertiginoso. Poniendo de esta forma los medios para el desarrollo de la ciudad inteligente y progresivamente incrementar exponencialmente el bienestar social, el beneficio económico del sector privado, y la eficiencia y eficacia de los servicios públicos. La tan loada sociedad informacional basada en las Nuevas Tecnologías, dista mucho de ser actualmente así. Sin embargo, con los medios y estrategias adecuadas, sí podría serlo. Medios, para sólo incorporar productos y servicios digitales accesibles. Estrategias, para englobar todos ellos en un diseño de entorno que permita el uso y acceso contínuo, sin lagunas entre ellos. Es decir, creando la Usabilidad de la Smart City. Algo muy presente en los Espacios Integrados Inteligentes de AISTE, por ejemplo.

sábado, 31 de agosto de 2019

Transformación Digital, Transformación Digital Social y Transformación Tecnológica Social

Juan Carlos Ramiro
CEO de AISTE


Transformación Digital, Transformación Digital Social y Transformación Tecnológica Social
Cuando introducimos el término “Social” en cualquier contexto, entendemos que nos referimos a actuaciones que afectan a una pluralidad indeterminada, pero masiva, de personas. Cuando vinculamos el término a la Tecnología, según uno de sus significados como adjetivo, entenderiamos “Social” por aquello Que repercute en beneficio de toda la sociedad o en algún grupo social”. Y no está de más recordar que el beneficio social repercute directamente en un mayor beneficio económico para la empresa, industria y comercio, como defiende AISTE (Accesibilidad, Inteligencia Social y Tecnología).
Nos encontramos en una etapa donde se habla en todos los ámbitos del sector privado (industria, empresa y comercio) y del sector público (Gobiernos y Administración) de la transformación digital y de las formas y urgencia en acometerla. Podemos entender por “transformación” digital” la introducción en todos los procesos y servicios de ambos sectores, públicos y privados, de los productos y recursos que pone a nuestra disposición la industria tecnológica. Sin embargo, este proceso, tomado sin más, sólo generaría un beneficio en la gestión de la eficiencia, y en todo caso, en la ficticia reducción de costes. Pero es cuestionable su peso en un incremento del bienestar social. La Transformación Digital no es sólo llenar de "cacharros" el entorno.
Por ello, debemos perseguir el completar el concepto “Transformación Digital” con el adjetivo “Social” (según la sociología). Y para que la transformación digital beneficie a toda la sociedad (concepto amplio y preferible) o a grupos sociales amplios, la introducción de la tecnología (bienes y productos) y sus recursos (aplicaciones y servicios), debe realizarse tomando a la persona como centro, y pensando en la persona como destinatario principal de la transformación digital. Y si queremos una “Transformación Digital Social” completa y en su concepto amplio, con beneficio directo en cada actor de la sociedad, la gran mayoría de los bienes, productos y servicios implementados en ella, deben, además, cumplir necesariamente determinadas condiciones. Dos de ellas, innegociables, la accesibilidad y usabilidad de toda la tecnología y recursos Tic utilizados.
La Transformación Digital no es un proceso de empresa, es un proceso que afecta a toda la sociedad, y a todas las estructuras públicas y privadas, la gestión y los servicios. Sin embargo, está de moda hablar de transformación digital (aún cuando este concepto no es nuevo, y tiene algunas décadas), pero vinculada esencialmente a la empresa, y a los desarrollos que nos quiere vender la empresa. Obviamente, esto no deja de ser un error, como tantos otros cuando hablamos de la sociedad conectada. La empresa no deja de ser un espacio más de los que constituyen un entorno mucho más global, una sociedad, un país, un territorio o un continente; y en todos ellos, la célula común e indispensable es la persona. Por ello, debiéramos ir hacia un diseño más universal, y aprovechar la oportunidad que nos ofrecen las cada vez más poderosas tecnologías, y empezar a hablar de la Transformación Digital Social. Un espacio donde confluyen las personas, en cohabitación con sus creaciones: edificios, espacios comunes, empresas, industrias, servicios a disposición del ciudadano (sociosanitarios, educacionales, culturales, transportes…). Es el momento de transformar, si queremos, la sociedad en su globalidad, y no cada “creación” en su particularidad.
La transformación digital es, en definitiva, la transformación de la sociedad. Es el cambio de nuestro modo de vida, de nuestros hábitos, de nuestras costumbres, de un nuevo sistema de trabajo y producción, de nuestra forma de acceso y utilización de servicios públicos y privados. Es la transformación de la educación, la sanidad, la cultura o la comunicación. Todo ello basado en tecnologías presentes o emergentes, que van posicionándose en nuestras vidas sin darnos cuenta: IoT, cloud, realidad virtual, tecnologías en movilidad, sistemas de desplazamiento autónomos (coches inteligentes), desembarco de la robótica… tecnologías que sin los criterios de accesibilidad y usabilidad dejarán a millones de ciudadanos-usuarios-consumidores fuera del círculo, desplazándolo a puntos alejados de la circunferencia que lo sustenta. Y las consecuencias, desgraciadamente, serán desastrosas para la economía, para el gasto público y para la sociedad.
Con la transformación digital pasa lo mismo que con las Smart Cities o Ciudades Inteligentes, corremos el mismo riesgo de tener que retransformar lo transformado, en ambos casos con unos costes de millones de euros. Si en conciencia existiera verdadera voluntad de convertir la Transformación Digital en Social, los servicios generados, públicos o privados, debieran desplegarse utilizando las tecnologías más adecuadas a la pluralidad de capacidades de los ciudadanos (y consumidores) que conforman la Sociedad. Servicios en cualquier sector: sanidad, educación, transportes, Administración, cultura, comunicación o infraestructuras, por citar algunos.
Sonia Casado, directora general de Accenture Digital en 2016, manifestaba que "para muchos directivos la transformación digital sigue siendo poner una tienda online, y basta". La conclusión es evidente: en ningún momento se plantean la mayoría de las empresas que su forma de trabajar en el mercado está cambiando, y que el usuario-consumidor es distinto, y en pocos años será esencialmente digital. Quizás entonces, se arrepientan de no haber tenido la visión de anticiparse a la eclosión del ciudadano digital "universal", despreciando el potencial de los millones de ciudadanos-consumidores digitales con discapacidad o limitaciones por la edad, al tiempo que verán cómo las cuentas de resultados de sus empresas, con el tiempo, descenderán dramáticamente.
En AISTE, al igual que David Alandete (director adjunto de El País entonces) manifestaba en 2016, creemos y defendemos que "La transformación digital no es un problema, es una gran oportunidad". Efectivamente, la oportunidad para las personas, la oportunidad de diseñar una sociedad más igualitaria, la oportunidad de generar consumo y riqueza sin excluir a nadie mediante soluciones tecnológicas adecuadas a la diversidad funcional, económica y sociodemográfica de la población, tomando en consideración sus distintas capacidades y realidades. La tecnología se puede y se debe humanizar, para estar al servicio de la persona. El usuario (como demandante o necesitado de determinados bienes, productos y servicios), debe ser la guía, la pieza clave y común para los medios tecnológicos que maneja la empresa, la industria y la Administración. Para ello, los medios tecnológicos ofrecidos al usuario deben ser accesibles y usables. Es la oportunidad adecuada para aunar beneficio económico y beneficio social.
Educación. Salud. Cultura. Política. Economía. Nada será lo mismo tras la transformación digital. Nada lo es ya. Políticos, empresarios, emprendedores, educadores, pensadores, gurús... Todos están obligados a repensar la sociedad, los mercados que la alimentan y las instituciones que las rigen con un cambio de paradigma que marca el pulso del siglo XXI: la transformación digital. Y todos están de acuerdo en que el gran cambio es que, ahora, el centro de ese universo ya no son las empresas e instituciones sino el ciudadano, o mejor, el espectador, el lector, el cliente de banca o energía, el alumno. La revolución digital ha dado todo el poder al usuario”. Así empezaba el excelente artículo del el País Retina de mayo de 2016, bajo el título "El usuario es el centro de la revolución digital". Un proceso en donde el Big Data tiene un papel fundamental para llegar a conocer lo que pide el usuario, o los bienes, productos y servicios que necesita cada usuario en función de sus diferentes capacidades. De hecho, Big Data debe convertirse en la herramienta definitiva para compartir conocimiento, integrar conocimiento, y difundir conocimiento, con el objetivo de socializar la tecnologías, sus desarrollos y servicios.
Pero, ¿y si damos un paso más ambicioso conceptualmente, y hablamos de Transformación Digital Tecnológica? Entonces nos centraríamos en la industria y la empresa de servicios TICs exclusivamente, buscando que la accesibilidad y usabilidad como negocio y beneficio social naciera desde dentro del mismo proceso de fabricación. Entonces, necesariamente, todo lo "vendible", todo lo que llegara al mercado y al consumidor, ya incorporaría las soluciones a la diversidad funcional de la población. Fuera para servicios públicos (teóricamente obligados ya) o para el mercado privado. ¿Sería posible trabajar en esta línea, y así olvidarnos de tantas leyes inútiles en todos los sitios que supuestamente obligan a que todo "sea adecuado"?. ¿Se dará cuenta el sector de las TICs que la Transformación Tecnológica Social en sus productos, servicios y entornos pueden ser su mayor nicho de oportunidades?.
Estamos a tiempo: tenemos la mejor oportunidad de incorporar a la Transformación Digital el adjetivo Social; es decir, perteneciente o relativo a la sociedad. Y la sociedad está compuesta por todas y cada una de las personas. No desaprovechemos esta oportunidad. Beneficio Social, Beneficio Económico. Algo que defiendo firmemente ahora en AISTE, y mantuve siempre en el CENTAC, haciendo de ello el lema emblemático que definía su filosofía.