Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. (Bertolt Brecht)

Muchos me llamaran aventurero, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades. (Ernesto "Che" Guevara)

Aquellos que ceden la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad. (Benjamín Franklin)

sábado, 1 de octubre de 2016

Integración, elemento clave para una accesibilidad TIC universal

Accesibilidad integral, necesariamente global. Ya es impensable como sólo necesaria una accesibilidad parcial a determinados productos o servicios: todos son interoperables y están interconectados. Ninguno sin los otros sirven por sí solos para moverse e interactuar con la Sociedad de la Información y la comunicación. El concepto de accesibilidad universal, nacido para el producto, y en todo caso para el servicio TI, se ha quedado corto. De nada nos sirve si no es Integral, de modo que no falle ningún eslabón de la cadena en la ya global Sociedad de la Información: accesibilidad en el producto y el servicio, pero también compatibilidad, multimodalidad, multicanal, multidispositivo, soluciones de comunicación unificadas y accesibles cada una para no romper la accesibilidad en la integración… De forma que se integren tanto terminal o producto de acceso, como información y procesos con foco en la movilidad. Si falla uno de ellos, la Sociedad de la Información Universal se cae. Ya no estamos a principios de los años 80, donde la accesibilidad a nuestra estación de trabajo se ceñía a nuestro pc individual, casi estanco, con escasa conexión a redes y prácticamente nula oferta de servicios conectados. La accesibilidad debe estar integrada en cada escalón de la cadena. Porque, además, el usuario TI ya no sólo es profesional, trabajador en el ramo; ahora todos y cada uno de los usuarios son clientes particulares, a los que cada vez se puede engañar menor en cuanto a las prestaciones que nos venden.
¿De qué nos sirve el poder acceder a Internet desde una Tablet accesible si los documentos, la información, las aplicaciones o los servicios de la red no lo son?.
Es necesario garantizar un mundo donde el intercambio de información digital sea seguro, sí, pero también accesible y fácil, de forma que asegure su uso por todos y mejore la experiencia de los usuarios a través de sus propios dispositivos, que ya le han supuesto un coste: en la nube, en la red, en el hogar, en la ciudad supuestamente inteligente (con impuestos y las consiguientes partidas presupuestarias en lo que toca a las Administraciones), y en la adquisición del producto.
El caso de los wearables (igual puede decirse de IoT) puede ser uno de los más claros y paradigmáticos, por vincular uso personal, llevable, cotidiano, necesariamente conectado, y posibilidades en múltiples campos; entre ellos, la sanidad. ¿Servirán para algo si no se diseñan bajo concepto de accesibilidad total?. ¿Y si no me los puedo poner, por dificultades motrices en las manos? ¿Y si no puedo acceder a sus funciones, por ser ciego, y no diseñarse para ello? ¿Y si …?. Muy cercano al universo wearable, encontramos el “espacio” de la telemedicina. Es cierto que, en este campo, se ha demostrado que los pacientes crónicos que son telemonitorizados ahorran costes y ganan calidad de vida. Ya en noviembre de 2014, en en el I Congreso Nacional de Wearables y Big Data en Salud, fueron presentados proyectos de monitorización en la nube con la inclusión de wearables y juegos. También un proyecto europeo de monitorización remota de pacientes que permitía que los enfermos hepáticos no tengan que pasarse media vida en la consulta. Entre otras novedades atrayentes entonces, la empresa D-LIVER anunció un desarrollo para estos pacientes que sólo debían pincharse el dedo en casa y colocar la muestra en un chip para estar controlados a distancia. El sistema también incluía un wearable o tecnología vestible con el que poder controlar la presión arterial, la temperatura y el ritmo cardíaco. Añadía una serie de ejercicios para tablet con los que controlar la función neuronal, que puede verse afectada con la enfermedad hepática. Vemos que todos estos procesos, ya hace dos años (por la distancia en el tiempo lo pongo como ejemplo, hoy todavía tiene más sentido), requieren de diversas funciones interconectadas e interoperables entre sí. Pero, ¿Y si falla el eslabón de la accesibilidad global en alguno de ellos? ¿Serviría a una persona ciega, con discapacidad auditiva, limitaciones físicas, o mayores?. ¿Dónde quedaría su valor?. ¿Tendríamos que tener dos sistemas paralelos de salud, uno para quienes puedan manejar las tecnologías remotas, y otro para quienes no?. ¿Duplicaríamos el coste, al hacer el servicio ineficiente?.
El mundo hiperconectado es una realidad y va a seguir aumentando. Existe una clara tendencia de crecimiento en el uso de servicios a través de dispositivos moviles. Un sector importante del mercado es la movilidad, hoy en día ya indiscutible, y dentro de este sector, el modelo BYOD (Bring your own device, o trae tu propio dispositivo), decía Federico Dios, senior solutions de Akamei. Y el modelo BYOD, aparte de otras virtudes y entre otras muchas cosas, puede suponer una oportunidad inmejorable de acceso al mercado de trabajo a las personas con discapacidad, al permitirles usar sus ya adquiridos terminales, hardware y sofware, adaptados y adecuados a sus capacidades. Por poner sólo un ejemplo. Un ejemplo claro, además, donde es importante conjugar los criterios de seguridad en los accesos, con de accesibilidad y usabilidad en el mismo.
También es evidente que va a crecer la adopción de las tecnologías que ayuden a incrementar la satisfacción de los usuarios y a fidelizarles. Ya no se puede engañar al usuario, ni despreciar millones de clientes que por sus distintas capacidades necesitan tecnologías accesibles e integración accesible; las personas con discapacidad son clientes cada vez más poderosos, organizados e informados, con una importante presencia en el mercado.
Estamos convencidos de que las tecnología es el elemento clave de dinamización de nuestra economía, palanca de crecimiento y eficiencia y base para construir el futuro de bienestar y prosperidad que nuestro país se merece”. Lo afirmaba Aurora Delgado, directora general de Fujitsu, en una entrevista realizada por Computerworld en marzo 2014. Con un matiz: el mundo TIC es global desde hace tiempo, ya no se ciñe a fronteras territoriales. Y efectivamente, la tecnología es el factor clave del futuro bienestar, pero ese bienestar sólo será eficiente, real, y cierto, si las tecnologías se diseñan y fabrican para adaptarse a las distintas capacidades de todos los usuarios, y a sus limitaciones funcionales y cognitivas. Cada vez se aprecia más una mayor presencia de los clientes en las decisiones de negocio a través de su participación en redes sociales y medios de comunicación en tiempo real. Y las empresas lo saben.
Las organizaciones, sean públicas o privadas, debieran usar tecnologías que permitan una nueva forma de interaccionar con sus usuarios, ciudadanos, clientes o trabajadores, a través de las redes sociales y los dispositivos móviles. Para ello, el usuario, cliente o trabajador, debe poder acceder a esa información y servicios, con independencia de sus capacidades. Hay mucho negocio en juego, si hablamos en términos de mercado; pero también mucho en juego para lograr la garantía de los derechos de la persona, con indepencia de sus capacidades, si hablamos en términos sociales.
El mundo ha entrado en una era de computación integrada que no sólo vendrá determinada por los propios dispositivos, sino por la integración de la tecnología en la vida cotidiana de los usuarios. Intel introducirá una nueva tecnología que incorpora los sentidos de la percepción humana”. Cuando Norberto Mateos, director general de Intel para el sur de Europa, afirmaba esto en marzo 2014, vislumbraba el futuro. Pero para ello, la accesibilidad en cada paso es esencial. Las innovaciones tecnológicas de los fabricantes tendrán sentido y, por tanto éxito, si son capaces de servir de una forma eficiente a estas necesidades sociales, y por qué no, de mercado.
Queda asumido, como ya he afirmado anteriormente, que la accesibilidad a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es indispensable para las personas para participar como miembros de pleno derecho de la sociedad, para poder ejercer la libertad de elección y para una vida independiente y lo más autómoma posible. Cuando son herramientas diseñadas con criterios de accesibilidad y facilidad de uso (y pensadas para ser integradas con esos criterios), las tecnologías son aplicadas por todas las personas en todos los sectores de la sociedad. La tecnología ha dado lugar a nuevas formas de interacción social, a nuevas formas de gestionar los negocios y la economía productiva, a los cambios en la educación, el empleo y los requisitos de acceso a la cultura y el ocio. La distribución cada vez mayor y el permanente despliegue de las TIC ofrece nuevas oportunidades para distribuir, manipular y almacenar información. El creciente uso de las TIC sólo ofrecerá nuevas oportunidades para las personas con discapacidad en todos esos campos, reduciendo los obstáculos a la participación en la vida cotidiana, si se consiguen eliminar las barreras de accesibilidad en los bienes, productos y servicios tecnológicos actuales, y prevenir los futuros.
La Sociedad de la Información y la Comunicación debe estar al servicio de la persona, y no al revés. Sólo siendo utilizable por todos, será para todos. La tan en boga Transformación Digital sólo puede ser Social (que significa beneficiosa para la sociedad) si contempla la accesibilidad como uno de sus diversos, pero irrenunciable, elementos.

viernes, 27 de mayo de 2016

Transformación Digital, ¿o Transformación Digital Social?

Cuando introducimos el término “Social” en cualquier contexto, entendemos que nos referimos a actuaciones que afectan a una pluralidad indeterminada, pero masiva, de personas. Cuando vinculamos el término a la Tecnología, según su definición en la Sociología, entendemos “Social” por aquello Que repercute beneficiosamente en toda la sociedad o en algún grupo social”.
Nos encontramos en una etapa donde se habla en todos los ámbitos del sector privado (industria, empresa y comercio) y del sector público (Gobiernos y Administración) de la transformación digital y de las formas y urgencia en acometerla. Podemos entender por “transformación” digital” la introducción en todos los procesos y servicios de ambos sectores, públicos y privados, de los productos y recursos que pone a nuestra disposición la industria tecnológica. Sin embargo, este proceso, tomado sin más, sólo generaría un beneficio en la gestión de la eficiencia, y en todo caso, en la ficticia reducción de costes. Pero es cuestionable su peso en un incremento del bienestar social.
Por ello, debemos perseguir el completar el concepto “Transformación Digital” con el adjetivo “Social” (según la sociología). Y para que la transformación digital beneficie a toda la sociedad (concepto amplio y preferible) o a algún grupo social, la introducción de la tecnología (bienes y productos) y sus recursos (aplicaciones y servicios), debe realizarse tomando a la persona como centro, y pensando en la persona como destinatario principal de la transformación digital. Y si queremos una “Transformación Digital Social” completa y en su concepto amplio, con beneficio directo en cada actor de la sociedad, la gran mayoría de los bienes, productos y servicios implementados en ella, deben, además, cumplir necesariamente determinadas condiciones. Dos de ellas, innegociables, la accesibilidad y usabilidad de toda la tecnología y recursos Tic utilizados.
La Transformación Digital no es un proceso de empresa, es un proceso que afecta a toda la sociedad, y a todas las estructuras públicas y privadas, la gestión y los servicios. Desde esta perspectiva, está de moda hablar de transformación digital (aún cuando este concepto no es nuevo, y tiene algunas décadas), pero vinculada esencialmente a la empresa, y a los desarrollos que nos quiere vender la empresa. Sin embargo, esto no deja de ser un error, como tantos otros cuando hablamos de la sociedad conectada. La empresa no deja de ser un espacio más de los que constituyen un entorno mucho más global, una sociedad, un país, un territorio o un continente; y en todos ellos, la célula común e indispensable es la persona. Por ello, debiéramos ir hacia un diseño más universal, y aprovechar la oportunidad que nos ofrecen las cada vez más poderosas tecnologías, y empezar a hablar de la Transformación Digital Social. Un espacio donde confluyen las personas, en cohabitación con sus creaciones: edificios, espacios comunes, empresas, industrias, servicios a disposición del ciudadano (sociosanitarios, educacionales, culturales, transportes…). Es el momento de transformar, si queremos, la sociedad en su globalidad, y no cada “creación” en su particularidad.
La transformación digital es, en definitiva, la transformación de la sociedad. Es el cambio de nuestro modo de vida, de nuestros hábitos, de nuestras costumbres, de un nuevo sistema de trabajo y producción, de nuestra forma de acceso y utilización de servicios públicos y privados. Es la transformación de la educación, la sanidad, la cultura o la comunicación. Todo ello basado en tecnologías presentes o emergentes, que van posicionandose en nuestras vidas sin darnos cuenta: IoT, cloud, realidad virtual, tecnologías en movilidad, sistemas de desplazamiento autónomos (coches inteligentes), desembarco de la robótica… tecnologías que sin los criterios de accesibilidad y usabilidad dejarán a millones de ciudadanos-usuarios-consumidores fuera del círculo, desplazándolo a puntos alejados de la circunferencia que lo sustenta. Y las consecuencias, desgraciadamente, serán desastrosas para la economía, para el gasto público y para la sociedad.
Con la transformación digital pasa lo mismo que con las Smart Cities o Ciudades Inteligentes, corremos el mismo riesgo de tener que retransformar lo transformado, en ambos casos con unos costes de millones de euros. Es decir, lo mal transformado puede suponer la mayor brecha digital y social creada hasta la fecha, tanto en entornos privados como públicos. La diferencia con épocas pasadas (o tan sólo años), es que las excusas se van esfumando: cada vez existen más recursos, bienes y productos TIC’s con amplios abanicos de criterios de accesibilidad y usabilidad, y si en conciencia existiera verdadera voluntad de convertir la Tanformación Digital en Social, los servicios generados, públicos o privados, debieran desplegarse utilizando las tecnologías más adecuadas a la pluralidad de capacidades de los ciudadanos (y consumidores) que conforman la Sociedad. Servicios en cualquier sector: sanidad, educación, transportes, Administración, cultura, comunicación o infraestructuras, por citar algunos.
En el excelente artículo de El País de 26 de abril de 2016 (http://economia.elpais.com/economia/2016/04/25/actualidad/1461606018_234064.html), la directora de IBM Commerce, Carmen García dice "No solo hay escasez de recursos asignados a la digitalización, sino también de personas, como tampoco existe una hoja de ruta definida y compartida con la alta dirección de las compañías." También Sonia Casado, directora general de Accenture Digital, manifiesta "para muchos directivos la transformación digital sigue siendo poner una tienda online, y basta". La conclusión es evidente: en ningún momento se plantean la mayoría de las empresas que su forma de trabajar en el mercado está cambiando, y que el usuario-consumidor es distinto, y en pocos años será esencialmente digital. Quizás entonces, se arrepientan de no haber tenido la visión de anticiparse a la eclosión del ciudadano digital, despreciando el potencial de los millones de capacidades diferentes entre los ciudadanos-consumidores digitales, al tiempo que ven cómo las cuentas de resultados de sus empresas descienden dramáticamente.
David Alandete, director adjunto de EL PAÍS, daba la bienvenida a los asistentes a Retina, el foro Iberoamericano y Tecnológíco que organizó su corporación el pasado mayo en Madrid, con esta afirmación: "La transformación digital no es un problema, es una gran oportunidad". Efectivamente, la oportunidad para las personas, la oportunidad de diseñar una sociedad más igualitaria, la oportunidad de generar consumo y riqueza sin excluir a nadie mediante soluciones tecnológicas adecuadas a la diversidad de la población, tomando en consideración sus distintas capacidades. La tecnología se puede y se debe humanizar, para estar al servicio de la persona. El usuario (como demandante o necesitado de determinados bienes, productos y servicios), debe ser la guía, la pieza clave y común para los medios tecnológicos que maneja la empresa, la industria y la Administración. Para ello, los medios tecnológicos ofrecidos al usuario deben ser accesibles y usables. Es la oportunidad adecuada para aunar beneficio económico y beneficio social. Es la gran oportunidad, como decía Luis Alandete.
Educación. Salud. Cultura. Política. Economía. Nada será lo mismo tras la transformación digital. Nada lo es ya. Políticos, empresarios, emprendedores, educadores, pensadores, gurús... Todos están obligados a repensar la sociedad, los mercados que la alimentan y las instituciones que las rigen con un cambio de paradigma que marca el pulso del siglo XXI: la transformación digital. Y todos están de acuerdo en que el gran cambio es que, ahora, el centro de ese universo ya no son las empresas e instituciones sino el ciudadano, o mejor, el espectador, el lector, el cliente de banca o energía, el alumno. La revolución digital ha dado todo el poder al usuario”. (http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/05/10/actualidad/1462859976_907242.html). Un proceso en donde el Big Data tiene un papel fundamental para llegar a conocer lo que pide el usuario, o los bienes, productos y servicios que necesita cada usuario en función de sus diferentes capacidades. De hecho, Big Data debe convertirse en la herramienta definitiva para compartir conocimiento, integrar conocimiento, y difundir conocimiento, con el objetivo de socializar la tecnologías, sus desarrollos y servicios.
Uno de los ejemplos más evidentes y nefastos de una desastrosa transformación digital la tenemos en el reciente proceso de gestión documental y procedimental en la Administración de Justicia, y de la entrada en vigor de la obligatoriedad de utilización para todos los profesionales del sector (jueces, fiscales, abogados, procuradores…), de la plataforma de transmisión y remisión de todo tipo de documentos a través de la plataforma digital LEXNET. Una plataforma de acceso vía web, incompatible con gran parte de las versiones de navegadores más comúnmente utilizados por los usuarios, entre ellos el último de Microsoft; diseñado sobre Java, por supuesto no accesible y saltándose todos los principios de la usabilidad. Y como no, la obligatoriedad que tienen desde hace años las Administración Públicas de cumplir los requisitos de accesibilidad y usabilidad en todos aquellos portales y servicios de carácter público. Pero además, y consiguiendo hacer el triple salto mortal de una nefasta transformación digital, introduciendo en la brecha digital no sólo a ciudadanos y profesionales con discapacidad o limitaciones funcionales, sino a miles de profesionales y usuarios por la dificultad de su uso, su incompatibilidad de equipos con la plataforma, por su lentitud, por la falta de formación (que debiera haberse previsto) de los usuarios del sector, o lo no menos grave, la falta de cobertura de redes de banda ancha aún en muchas zonas, donde la utilización de internet sigue siendo, incomprensiblemente, deficiente, muy deficiente o sencillamente nula. Es decir, se ha logrado en la Administración de Justicia, clave en el velar por los derechos de los ciudadanos, plasmar la antítesis de lo que debe ser el concepto de la Transformación Digital Social: la Transformación Digital Antisocial.
En la Vanguardia digital de 17 de mayo de 2016, hablando del Digital Enterprise Show 2016, se dice “El evento nace con el objetivo de contar con la presencia de expertos internacionales que hablarán sobre social business, liderazgo digital, ciberseguridad, Internet of Things o movilidad, entre otros. Todo ello con las empresas y su transformación digital como hilo vertebrador del evento”. Me pregunto, ¿dónde queda el ciudadano, para convertir la tranformación digital en Social?. En el mismo artículo, afirma Lluís Altes, Strategy director de Digital Enterprise Show: “El mercado actual se ha visto transformado por la tecnología. Desde cómo se relacionan los nuevos consumidores con las empresas, a cómo estas se relacionan con sus empleados, el mercado exige que iniciemos nuevos modelos de negocio más versátiles y adaptados a la nueva realidad”. Parece que Lluis Altes lo tiene más claro, el eje de la transformación es la persona en cualquiera de sus roles: mero ciudadano, consumidor, empleado o usuario de servicios públicos o privados. ¿Pero tiene claro que estos nuevos modelos de negocio a que alude, deben contemplar necesariamente la accesibilidad y usabilidad en cada componente implementado, para convertir la Transformación Digital en Social?.
Estamos a tiempo: tenemos la mejor oportunidad de incorporar a la Transformación Digital el adjetivo Social; es decir, perteneciente o relativo a la sociedad. Y la sociedad está compuesta por todas y cada una de las personas. No desaprovechemos esta oportunidad.


sábado, 20 de febrero de 2016

Cuando los grandes hablaron de simplificar su tecnología…

Leyendo la entrevista en El País al presidente de Sony, Kazuo Hirai, durante el pasado CES este año 2016 en Las Vegas, me vienen a la cabeza unas cuantas reflexiones. Parece que el presidente de Sony tiene claro que, sobre todo llegados a cierto nivel de excelsa calidad en la tecnología en sí, se deben buscar otros valores añadidos de cara a llamar la atención del consumidor-usuario. Es lo que pretende al eliminar el cableado de sus televisiones, una vez que la calidad de la pantalla es cada vez mayor. Lo que no sé si además ha reparado el presidente de Sony, es que de esta forma también busca simplificar su instalación, y esto es ganar en usabilidad física del aparato. Declaraba Kazuo en esa entrevista que “La calidad de su pantalla, por supuesto, pero también el sistema de gestión de cables. Es una de mis obsesiones desde hace años. Antes de ser presidente de Sony ya me enfadaba mucho cuando me enseñaban un prototipo de pantalla, y era precioso todo, pero luego, en el hogar del consumidor era muy diferente. No está bien que inviertas dinero en algo tan bien diseñado y luego quede fatal en casa por la maraña de cables. No diseñamos para ganar premios, diseñamos para los hogares. No me gusta que se vean los cables. Me obsesiona solucionar ese problema”. Y me da la impresión, de nuevo, que los propios fabricantes y diseñadores de tecnología vuelven a empezar a buscar adelantarse unos a otros, tratando de encontrar la mayor facilidad de uso (usabilidad) para el consumidor, conjugándolo con las cada vez mayores prestaciones que incorporan. Prestaciones cada vez mayores en accesibilidad y usabilidad (y que casi todo el mundo sigue desconociendo); pero también, y sin querer de nuevo, creando diseños físicos más usables. Matizo, para los críticos más accerrimos, como siempre hago: más y mejor accesibilidad y usabilidad, no quiere decir perfección; pero la mayor imperfección, y ésta es humana, es desconocer lo que se tiene.
Declaraba también Kazuo que “Hace unos años la electrónica era solo para unos pocos. Ya no, ahora es algo a lo que todo el mundo tiene acceso, con muchas categorías: televisión, cámaras, móviles… Nosotros luchamos por ser mejores en diseño, en investigación de materiales. Queremos que los consumidores estén orgullosos de la compra, que sea duradera”. El presidente se da cuenta de que el mundo ha pasado de tener unos pocos consumidores-usuarios elitistas, que podían acceder a las novedades tecnológicas que este nuevo universo ponía encima, a ser un universo global o prácticamente total (o al menos acabará siéndolo) de consumidores-usuarios. Si como dice, quiere que el consumidor esté orgulloso de comprar Sony, incrementar su número de consumidores, y además le sean fiel, necesariamente tendrá que empezar a contemplar la heterogeneidad de las diversas capacidades (y necesidades) de los elementos que componen la sociedad, y estos son los propios consumidores: es decir, las personas, y sus distintas formas y requerimientos para interactuar y usar su tecnología. Personas mayores, con alguna discapacidad del tipo que sea, o limitaciones funcionales, sensoriales o cognitivas.
Repasando (a distancia, qué envidia) mucho de lo “presentado” en la feria (realidad virtual, automóviles inteligentes, wearables, drones, impresión 3D, robótica, ….) podemos darnos cuenta de que de todo ello empezamos a oír hablar, como quien dice, hace dos días. En la realidad, hace muy poquitos años, aún cuando la industria lleva trabajando en ello unos cuantos más. Y sin embargo, su velocidad de entrada hace que alguno de los “recién llegados” a nuestros oídos, como los drones, estrenen su propia categoría dentro de los Premios a la Innovación en esta primera feria tecnológica del año. Y entre toda esta maraña, también encontramos muchos “cacharros” de este futuro que nos llega con verdaderas utilidades sociales (aún cuando dudo que sus fabricantes las hayan detectado). La compañía Digitsole, por ejemplo, llevaba un zapato inteligente, repleto de sensores y múltiples funciones, que más allá de ser un wearable, también son una ayuda técnica en sí: puedes atártelas y ajustártelas sólo pulsando su app. ¿Se habrán dado cuenta los fabricantes de lo que puede suponer para quien tiene problemas de movilidad en las manos?. ¿Serán capaces de ver que pueden publicitarlo como valor añadido a su producto?. O como la empresa Qualcomm, que utilizando técnicas de computación cognitiva y aprendizaje automático, presentó un aparato que al hacer una foto, identifica y etiqueta cualquier cosa a nuestro alrededor, sean personas u objetos. ¿Habrán visto la utilidad para personas ciegas o con baja visión?. ¿Por qué no “utilizan” los fabricantes y empresas estas utilidades que incorporan sus “cacharros”?. ¿Por qué no introducen dentro de sus estrategias de venta y marketing esta características sociales de sus productos?. La respuesta es fácil: por puro desconocimiento. Y es un enorme error: lo social ayuda a vender mucho más.
Afortunadamente, los grandes ejecutivos de las grandes marcas del mercado van teniendo claro (aunque luego no lo hagan adecuadamente bien) que la facilidad de uso debe ser el pilar de su éxito. Y así se lo plantea Tim Baxter, presidente de Samsung en EE UU, cuando hablaba de sus nuevos televisores, presentándolos como una de sus bazas fuertes. La televisión fue otro de los focos de atención: más contenido, más aplicaciones y más sencillez. “La fricción está en pasar de una aplicación a otra, seguir viendo la tele, entrar en la tienda, elegir el contenido… ¿Por qué no es tan fácil como cambiar de canal?”. Utiliza el término “fácil”, lo que viene a significar un principio de conciencia acerca de la necesidad de incorporar la usabilidad a sus desarrollos. Igual que tiene claro que necesitan a otros, por fuertes que sean, para permanecer en primera línea: “Hace cinco años comenzaron a hablar de estilo de vida, en lugar de pensar en productos separados, se propusieron unir el ecosistema. Por el camino han aprendido que no pueden trabajar solos, que son necesarias las alianzas con otros fabricantes y aparatos”. (El País, 7 de enero de 2016). Ahora hace falta, ya que están convencidos de que no pueden trabajar solos y necesitan conocimiento compartido para ser líderes, que incorporen a su sistema de trabajo los expertos en accesibilidad y usabilidad, como parte permanente de la línea de producción.
Sin embargo, me preocupan mucho más los servicios digitales que están apareciendo en torno a la tecnología actual, también presentes en el CES, y especialmente todo lo relacionado con el internet de las cosas (IoT) y los sistemas de pago por móvil. Demasiados actores, demasiados productos, demasiadas marcas y enorme dispersión y modelos. La carrera sin frenos en estos campos por llegar y situarse los primeros, sin paradas para analizar adecuadamente la accesibilidad y usabilidad de los medios y productos, puede acarrear daños enormes para grandes capas de la población. Pero también para las empresas, si las empresas y el mercado no son capaces de darse cuenta de que el negocio no está ya en comprar el último Smartphone, la última cafetera inteligente, la novedosa última cerradura electrónica o el muñeco-robot que nos pone la cocina. No, el negocio no está ya en comprar, sino en usar; y si el consumidor-usuario no es capaz de usarlo, el negocio no existirá. Ni será, por supuesto, tecnología social. En el caso de la domótica y del hogar inteligente, cada vez más cercana al internet de las cosas en el ámbito doméstico, las opciones y productos cada vez son más diversos, pero también son más anárquicos. Samsung proponía unificar la gestión del hogar, de toda la casa, utilizando el televisor como centro de operaciones. Pero, ¿sus televisores? ¿Deberemos arriesgarnos a vincular nuestra inversión de hogar inteligente a nuestra marca de televisor?.
Hace años, gran parte de las novedades presentadas en el CES (y en las demás ferias tecnológicas a lo largo del año) eran casi prototipos, o podíamos tardar en verlos en el mercado de consumo masivo y habitual. Hoy, casi todo lo que vemos, empieza a estar en pocos años, cuando no meses, en nuestras vidas. Bajo esta premisa, ir preparando el futuro sería lo lógico, no arreglar el presente cuando ha dejado de ser futuro. Estamos viendo venir lo que sin duda va a estar en un presente cercano, y o bien ya lo empezamos a conectar con otros “futuros” que también van a ser presente, como las smart cities o ciudades inteligentes, o tendremos que solucionar los dos (en cuanto a su integración de accesibilidad y usabilidad para el ciudadano). La feria CES ha mostrado de nuevo los desarrollos en vehículos de conducción asistida, aún lejos de los que prescindirán del conductor, aunque los sensores y mapas 3D acercan ese futuro. Conviene recordar que de los coches “autónomos” se empezó a hablar, de manera común, hace escasamente cuatro o cinco años. Resulta claro, es evidente, que hay cada vez menos distancia entre el futuro tecnológico de consumo y el presente inmediato del consumidor-usuario, por lo que cada vez en mayor medida resulta necesario, también trabajar más deprisa en no descuidar la accesibilidad y usabilidad tecnológica. ¡Arreglar el presente defectuoso es siempre tan caro económica y socialmente!.

viernes, 11 de diciembre de 2015

La inversión pública, el fallido aliado de la accesibilidad tecnológica


A estas alturas, no creo que nadie tenga duda que las Administraciones Públicas son el principal mercado, y comprador, de productos del sector TIC privado. Y más en España, con tres Administraciones superpuestas, y cada una de ellas con sus Ministerios y derivados, Consejerías Autonómicas, Ayuntamientos y, además, empresas públicas y semipúblicas. El gasto que se realiza en adquisición de tecnología con dinero público es incalculable. Visto así, sin duda debiera ser el primer elemento de presión para forzar que la tecnología adquirida incorporara los mejores criterios de accesibilidad y usabilidad, además de perseguir ser el mejor ejemplo a seguir de cara a la empresa privada. Sin embargo, a la hora de realizar los pliegos técnicos, las condiciones y criterios que primen los teléfonos, tablets, ordenadores, televisiones o cualquier elemento tecnológico adquirido por una Administración Pública, no existe ninguna referencia a los criterios de accesibilidad y usabilidad.
Las Administraciones Públicas deben ser las primeras responsables y las primeras en cumplir las leyes que aprueban. Y quiero creer que lo son. Respecto a la accesibilidad tecnológica, en nuestro país tenemos una cuantas leyes y Reales Decretos que obligan a ello, amén de haber ratificado una Convención Internacional de Derechos de las personas con discapacidad, con un artículo 9 dedicado íntegramente a la accesibilidad. Convención que obliga a nuestro país, por encima de nuestro derecho interno. Dicho esto, me gustaría analizar un caso concreto, el desembolso que se realiza, con dinero público, en adquirir smartphones y tablets para nuestros diputados, nacionales y autonómicos, concejales municipales, cargos públicos de empresas públicas o semipúblicas, y organismos relacionados con las Administraciones.
Si lo que se prima es la mejor opción económica para su adquisición, mi pregunta es, ¿necesitan todos nuestros responsables públicos teléfonos y tablets de última generación con costes superiores a los 600 € cada uno, para realizar su trabajo?. ¿Aprovechan toda su capacidad?. ¿Les sacan rendimiento?, e incluso, ¿saben usarlos en todo su potencial?. ¿utilizan todas sus prestaciones, o sólo correo, internet y whatshap, con algún que otro jueguecillo?. Quizás, con terminales más económicos, se ahorraría más de la mitad del desembolso, y ese ahorro bien podría ser destinado a dotar de elementos tecnológicos en los colegios e institutos, para aquellos alumnos que necesitaran recursos TIC adecuados, accesibles y usables. Por ejemplo.
En la noticia que difundía Europa Press, el 23 de julio, se decía: “1,4 millones para renovar los móviles de los diputados y el ADSL en sus casas. Según los pliegos aprobados por la Mesa del Congreso, que recoge Europa Press, el objeto del contrato es facilitar las comunicaciones, fijas y móviles, tanto de voz como de datos, que sean necesarias para el correcto funcionamiento y desarrollo de las tareas propias de la Cámara, así como el mantenimiento de las infraestructuras de telecomunicaciones. En el caso de la telefonía móvil, el servicio deberá estar soportado por tecnología de última generación, se adquieren 425 smartphones de última generación. Como el contrato acabaría en 2016, el coste podría llegar casi a los dos millones, ponía.
Ahora bien, siguiendo con el análisis, si se opta por estos terminales de gama alta, debe ser por otro motivo, más allá del económico. Es bien sabido que, normalmente, los teléfonos o tablets de gama alta incorporan más y mejores prestaciones de accesibilidad y usabilidad, al tiempo que mejores pantallas y materiales, que facilitan la vida y la autonomía de las personas con discapacidad. Los Iphone son los mejores con diferencia para personas ciegas o con discapacidad visual; los últimos de Samsung o LG disponen de acciones muy interesantes y útiles para personas sordas o con discapacidad auditiva. Entonces, haciendo una regla de tres, puedo llegar a una conclusión. Puede ser que el motivo por el que se compren teléfonos y tablets de gama alta sea, aún a costa de gastar más dinero público, el que haya unos cuantos diputados ciegos y sordos, aunque no hayan declarado su discapacidad o tengan certificado. El motivo sería para proteger su privacidad, y quizás por imagen. De esta forma, el Congreso estaría garantizando el derecho de estos diputados ciegos y sordos a trabajar en igualdad de condiciones; no deja de ser una adaptación del puesto de trabajo, también garantizado por nuestra legislación. Pero los ciudadanos debiéramos exigir más. Si este es el motivo por el que se adquieren terminales muy caros porque son más accesibles y usables, para los diputados ciegos y sordos que tengamos, con más motivo debieran figurar estas características en los pliegos técnicos, por responsabilidad política y pública. De esta forma, la empresa y la industria tendría que empezar a apostar por la accesibilidad y usabilidad tecnológica, porque es mucho dinero el que se mueve.
En la publicación digital MovilZona, el 1 de julio de 2015, se publicaba: Uno de los casos más polémicos fue la aprobación por parte de la asamblea de Madrid de una partida presupuestaria de 363.000 euros para dotar de nuevo material tecnológico a los diputados de la asamblea. Por supuesto esta medida se aprobó por unanimidad, y en ella se especificaba que cada diputado Madrileño tendría a su disposición una tableta Surface Pro de Microsoft de alta gama. En total se trata de 160 tabletas con un valor de nada menos que 2.204,95 euros por unidad, un precio para una tableta sin duda muy poco accesible para la mayoría de los ciudadanos”. En este caso, no creo que en la asamblea de Madrid hubiera diputados ciegos o sordos, porque la Surface Pro de Microsoft, siendo buena, no es desde luego la más accesible ni usable en cuanto a prestaciones. Ni la más ligera y ergonómica, algo que podría ser muy necesario para personas con dificultades de movilidad severa, o poca destreza manual. En este caso, el motivo de optar por estos modelos debe ser otro. ¿Será porque han llegado a un compromiso con Microsoft para, a cambio de pagar mucho más dinero público por unos terminales a los que casi ningún diputado va a sacar todo su potencial, los próximos modelos sean más accesibles y usables?.
Es evidente que si las Administraciones Públicas, el Parlamento Nacional, los Autonómicos y los Ayuntamientos compran teléfonos inteligentes y tabletas de gama alta, de los más caros, que suelen ser los mejores en accesibilidad y usabilidad es porque parte de sus miembros son ciegos o sordos, o las dos cosas. Si no, seguro que elegirían otros más baratos, que les servirían perfectamente igual para desarrollar sus funciones, y con ese ahorro, los destinarían a otros fines más prioritarios.
La Ley de contratos lo prevé. El Real Decreto Legislativo 3/2011, de 14 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Contratos del Sector Público, dice en su artículo 117, Reglas para el establecimiento de prescripciones técnicas, “Las prescripciones técnicas se definirán, en la medida de lo posible, teniendo en cuenta criterios de accesibilidad universal y de diseño para todos, tal como son definidos estos términos en la Ley 51/2003, de 2 de diciembre, de Igualdad de Oportunidades, no Discriminación y Accesibilidad Universal de las Personas con Discapacidad”. Y termina diciendo “De no ser posible definir las prescripciones técnicas teniendo en cuenta criterios de accesibilidad universal y de diseño para todos, deberá motivarse suficientemente esta circunstancia”. Si se cumpliera este mandato, esto significaría una fuerte presión a la industria, obviamente. Ahora bien, entiendo que precisamente por el motivo de ser sus señorías servidores públicos sensibles, se quiera preservar su privacidad y visibilidad de sus limitaciones funcionales, si existieran; y aún cuando de forma explícita no figure en ningún pliego técnico obligaciones de accesibilidad y usabilidad de la tecnología adquirida, sí debemos entenderlas incluidas de forma implícita. Y la conclusión sería, en definitiva, que sí debe haber diputados, senadores, representantes autonómicos y municipales ciegos o sordos, o ambos, y sólo por la prevención de esa privacidad se usa esta estrategia.
En cambio, y curiosamente, en otras profesiones no hay ciegos, ni sordos. O al menos así lo entiende el Ministerio de Justicia y sus altos cargos. Por eso, y poniendo otro ejemplo, para la Administración de Justicia y todos sus profesionales vinculados a ella, se ha aprobado recientemente por el Gobierno el RD 1065/2015 que regula el nuevo y obligatorio sistema de gestión documental entre abogados, fiscales y jueces, mediante una nueva plataforma electrónica denominada LexNET. A partir de ahora, todas las notificaciones, escritos, recursos, avisos y demás trámites pertenecientes al sistema judicial deberán realizarse a través de esta plataforma tecnológica. Pues bien, en su Disposición adicional tercera. Garantías de accesibilidad a los servicios electrónicos, dice textualmente: “El Ministerio de Justicia PROCURARÁ que todos los ciudadanos, con especial atención a las personas mayores o con discapacidad, que se relacionan con la Administración de Justicia puedan acceder a los sistemas electrónicos de información y comunicación en igualdad de condiciones, con independencia de sus circunstancias personales, medios o conocimientos”. Y entre esos ciudadanos, entiendo que deben estar también los profesionales de la Justicia. Pues sí señores, pone PROCURARÁN y no OBLIGARÁN.
Y así, difícilmente obligaremos a la industria y las empresas tecnológicas a trabajar en tecnologías de la información y comunicación accesibles y usables. Y eso, aunque podamos sospechar que comprarán las tecnologías más caras, por ser normalmente mejores en accesibilidad y usabilidad, porque probablemente haya diputados, concejales, responsables públicos ejecutivos y demás, ciegos o sordos, o ambas cosas. ¿Será capaz la industria y la empresa tecnológica de darse cuenta de este matiz?.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Tecnología cognitiva, o cómo la máquina es más racional que nosotros.

Hace algo más de tres años tuve la oportunidad de empezar a conocer las posibilidades de la Tecnología Cognitiva, en un congreso de IBM, donde se presentaba un nuevo supercomputador, Watson. Desde entonces, quedé impresionado por las posibilidades que esta nueva tecnología, la cognitiva, tenía para solucionar infinitos problemas que la población con discapacidad, limitaciones o mayores, encuentra en su día a día; problemas que le impiden interactuar en igualdad de condiciones con su entorno, con su ciudad, con los servicios públicos, y, en definitiva, ejercer sus derechos de forma más efectiva. Y especialmente, para aquellas personas con discapacidad intelectual o mental.
Muchas veces he dicho, y lo mantengo, que los ciudadanos tenemos miles de derechos; especialmente en nuestro país. Pero el no poder hacer uso de ellos, por no estar los bienes, productos y servicios públicos adaptados, accesibles y usables a las distintas capacidades funcionales de las personas, viene a dar el mismo resultado que si no existieran estos derechos. Como ciudadanos, tenemos derecho a utilizar la educación, la sanidad, todo tipo de servicios públicos, como la Administración de Justicia, los edificios y las ciudades,… Pero, ¿podemos todos?. Y más allá de las barreras físicas, ¿tiene una persona con discapacidad intelectual, mental o neurológica severa las posibilidades de utilizar todo en igualdad?, ¿de tomar decisiones, cuando no comprende el entorno y formas complejas de comunicación?. ¿Son adecuados y correctos, y no por la falta de conocimiento ni profesionalidad, valga por adelantado, las decisiones que se toman en diagnósticos médicos, en formas de educación, en servicios sociales adecuados a cada uno, en la implementación de servicios públicos..? E incluso en el mundo de los negocios, del comercio y del mercado, para adaptar su estrategias a las distintas capacidades del cliente.
He comentado también muchas veces que uno de los males de nuestra Sociedad de la Información y del Conocimiento, es la incapacidad de trabajar en equipo, de trabajar en equipos sectoriales, en equipos compuestos con profesionales altamente cualificados en el conocimiento de sus respectivas áreas, sean del mundo de los negocios, de la industria, del sector social o de la gestión pública. Esto hace que la sanidad vaya por un lado, la industria y la empresa por otro, el comercio por otro, y los servicios públicos por otro. Y la política, mejor no doy mi opinión, que se puede intuir. Las decisiones que se toman, por tanto, son la mayoría de las veces incompletas, cuando no ineficaces, porque hace en falta la puesta en común de un conocimiento multisectorial y multidisciplinar para tomar decisiones eficaces y eficientes, rentables, para el bienestar de los ciudadanos. Y esa falta de puesta en común de conocimiento, hace que los bienes, productos y servicios, en este caso tecnológicos, puestos a disposición de los ciudadanos, sean incapaces de contemplar la multidiversidad de las distintas capacidades de la población. Entonces, si los humanos somos incapaces de poner en común este conocimiento, y de gestionar ese conocimiento, bienvenidas sean las máquinas, si ellas son capaces de hacerlo. De ahí que me parezcan apasionantes las nuevas tendencias tecnológicas emergentes, como la tecnología cognitiva, o los asistentes personales introducidos en la tecnología en movilidad.
Sin duda, con Watson comienza una etapa completamente nueva de computación cognitiva; la máquina, a través de sus programas incorporados, se retroalimenta y es capaz de mejorar continuamente a través del aprendizaje, proporcionando respuestas y encontrando información mediante el análisis masivo de datos. Las respuestas pueden, por tanto, ser personalizadas a los distintos gustos, condiciones y parámetros del individuo. Es en Nueva York, centro logístico de Watson, donde se está desarrollando esta tecnología que, lejos de pertenecer al futuro, es ya presente, y puede cambiar el mundo. Una tecnología que podría hacer que muchas necesidades de personas con discapacidad, discapacidad intelectual o mayores con capacidades cognitivas ya reducidas, pudieran ejercer muchos de sus derechos en igualdad. Derechos sociales. Especialmente en educación, sanidad, o en el ámbito de la Justicia.. ¿Cómo?. Ayudándolos a tomar decisiones. La tecnología cognitiva está aquí. Y bien podría utilizarse, por ejemplo y entre otros miles de usos, para localizar la tecnología más adecuada para las capacidades funcionales de la persona, y en cada circunstancia.
Watson aprende (“y razona”) en función de los datos digitalizados incorporados, de los datos que capta a través del acceso a ingentes sistemas de Big Data, y de su experiencia en la interactuación con la persona. Para ello, para “aprender” y tomar decisiones personalizadas en función de las necesidades y capacidades de la persona, la tecnología necesita del conocimiento social y de la diversidad funcional de la población; y el conocimiento social necesita a la tecnología como herramienta para, cada vez más y mejor, ayudar a tomar decisiones tanto colectivas como personales.
Para entender el funcionamiento, pondré un ejemplo que viví hace unos meses, cuando asistí en directo en Madrid a una presentación práctica y en vivo de algunas posibilidades de Watson. En esta presentación, pude ver cómo una persona hablaba directamente a una pantalla, en lenguaje natural, es decir, el “corriente” de los humanos, y realizaba una operación de compra de una empresa. A través de preguntas dirigidas directamente a la máquina, ésta respondía en tiempo real: Watson, muéstrame las empresas del sector textil del cono sur americano, de facturación superior a…; ahora, las que tengan…; ahora, las que respondan a criterios de…; ahora, las que se asemejen más a nuestra estructura de personal… Todo ello, en tiempo real. Después, pude ver varios ejemplos, en áreas muy distintas, como una operación en quirófano, mientras el cirujano hacía uso del conocimiento experimental de Watson. Por ello, por haberlo visto en vivo y en directo, no me sorprendió leer este párrafo en el artículo “La nueva era de la computación”, en El País de 5 de julio de 2015.
A una hora al norte de Manhattan, ocurren cosas asombrosas: hombres que charlan con una máquina para decidir la adquisición de una empresa; médicos que dialogan con una tableta en busca del diagnostico de la extraña enfermedad que aqueja a un niño; ingenieros de una industria petrolera que rastrea en la nube cómo reducir la incertidumbre de sus costosísimas prospecciones en el océano; cocineros que analizan en una interfaz la pertinencia de una nueva receta a partir de la composición molecular de sus ingredientes; científicos que escrutan los genes de una persona para aplicar un determinado tratamiento contra el cáncer; asesores financieros que manejan algoritmos para predecir el funcionamiento del mercado y evitar burbujas financieras, o técnicos municipales que escarban en la información de miles de sensores repartidos por toda la ciudad para evitar futuras inundaciones”.
En estos laboratorios, los ingenieros y científicos que desarrollan Watson, hablan directamente con las pantallas, y éstas reproducen las palabras por escrito o sintetizadas por voz; lo visto en tantas películas de ciencia ficción, desde aquél “2001: odisea en el espacio” de Kubrick, lo vemos ahora ya en el presente: las máquinas y los hombres, hablando y comunicándose. Definitivamente, una nueva era del conocimiento, los sistemas cognitivos. Una era que va a cambiar la vida de las personas, de los negocios, de las relaciones sociales y de los sistemas de gestión de los servicios públicos dirigidos a los ciudadanos. Y como las máquinas, afortunadamente, carecen de los prejuicios absurdos de los seres pensantes auténticos, es decir, los humanos, quizás “entiendan” definitivamente que el beneficio social debe ir acompañado del económico.
Darío Gil, uno de los ingenieros del centro simbiótico-cognitivo de IBM, mantiene que “la revolución cognitiva nos amplía los conocimientos donde termina el cerebro. Expande nuestra capacidad mental. Es una tecnología con un tremendo potencial transformador. No sustituye al hombre, lo complementa. El sistema cognitivo aporta la capacidad de análisis y de descubrimiento, su capacidad para encontrar conexiones en todo el conocimiento digital disponible”. La tecnología cognitiva es colaborativa, no sustitutiva; complementa la capacidad funcional de la persona.
Watson se diferencia por la forma de comunicarse e interactuar con la persona: en tiempo real y a través del lenguaje natural, comprende lo que se habla y lo que se escribe. Las posibilidades en el campo de la discapacidad intelectual son impensables. Al hacer una analítica combinada del saber y de la experiencia, ya convertida en saber interno suyo, se pregunta, y responde; descubre “cosas” que nuestras capacidades funcionales y cerebrales no. En definitiva, colaboración de la técnica, de la realidad social y del sector social tanto público como privado. Digamos que, además, Watson ha encontrado su aliado al coincidir en el tiempo, para su “alimentación”, con el despegue masivo de la también era del Big Data, el almacenamiento masivo de datos. Con la tecnología cognitiva, los servicios públicos, por ejemplo, debieran ser capaces de manejar mucho mejor la complejidad y multidiversidad funcional de la población, haciendo predicciones más acertadas de las consecuencias sobre los ciudadanos con diversidad funcional, a la hora de poner en marcha sus servicios públicos con determinados bienes y productos tecnológicos.
Watson, y las tecnologías cognitivas, pueden ir mucho más allá en la toma de decisiones sobre las variadas necesidades del mundo (siempre que políticamente interese, claro, algo obvio pero dudoso). Incluido el mundo de los negocios. Y de la sanidad. Y de la educación. Y de las catástrofes naturales. Sobre cualquier disciplina, y utilizable en cualquier ámbito. Sobre todo, cuando el tiempo, la rapidez y exactitud de las respuestas y toma de decisiones es muy importante; y esto ocurre con la discapacidad, los mayores y las necesidades sociales. Conocer, detectar y acertar en la toma de decisiones respecto a las distintas necesidades de la diversidad funcional, ahorra mucho dinero, y genera inclusión y riqueza. Si la previsión que hace IBM de su incremento de ingresos en el negocio de los análisis de datos a 20.000 millones en los próximos cinco años, supone un incremento proporcional del bienestar social, por la toma de decisiones más adecuada, racional, eficiente y amplia, estaremos, efectivamente, ante una nueva era en la Historia.
Coinciden todos los expertos en que en la era del Big Data, lo importante no es la cantidad de datos, sino el correcto análisis de los datos, y, por supuesto, el correcto uso de esos análisis. Esto es especialmente trascendente en aquellos campos con repercusiones sociales y que afecten directamente a la vida de los ciudadanos, y a mejorar su calidad de vida; y esto incluye la autonomía generada mediante una adecuada accesibilidad y usabilidad de nuestro entorno, para todo y todas las capacidades funcionales. La colaboración con los grandes dinosaurios de redes sociales se antoja en este sentido importantísimo, y así lo ha entendido, entre otros gigantes, IBM firmando sendos acuerdos con Twitter y Apple. Porque no nos engañemos, las grandes redes sociales van a ser unos clientes muy aventajados de la tecnología cognitiva, y no hay que demonizarlo, siempre que no suponga discriminación social; al igual que no hay que demonizar decir claramente que si queremos que la empresa invierta en accesibilidad y usabilidad, debemos enseñarla a tener beneficios con la accesibilidad y la usabilidad. Por otro lado, la capacidad de aprender y tomar decisiones de Watson, nos puede llevar, también y de una vez, a tratar lo social como empresa, y a reconvertir el pensamiento del sector asociativo social actual, a un pensamiento activo y de gestión eficiente profesional.
Algo parecido pasa con los asistentes virtuales o personales móviles. Inteligencia artificial y tecnología cognitiva van de la mano. Explicaba Xabier Uribe-Etxebarría no hace mucho, alma mater de Sherpa, que “llevamos trabajando 3 años para poder ofrecer a nuestros usuarios el sistema que revolucione la forma de consumir información en el dispositivo móvil. Hasta ahora teníamos que ir a por la información y la propuesta de Sherpa es que la información basada en nuestros gustos venga a vosotros". A lo que yo añadiría, además de basada en nuestros gustos como mantiene Xabi, adaptada a nuestras capacidades o diversidad funcional. Los algoritmos de predicción mediante Inteligencia Artificial de los asistentes personales, o virtuales, cada vez son más precisos y adaptan sus resultados a los intereses, gustos, costumbres o necesidades de los usuarios. Porque, al igual que hace Watson, aprende continuamente, en este caso directamente del usuario y de sus gustos, comportamiento, costumbres, capacidades y movimientos en su vida diaria. El asistente virtual o personal móvil se convierte, de esta forma, en tu compañero-amigo, el compañero mejor informado sobre lo que te gusta o necesitas, que igual te avisa de la última película, de una cita, o se puede convertir en tu guía para andar por la calle. ¿Nos damos cuenta de su potencial para personas con discapacidad cognitiva, limitaciones o mayores?. Porque cuando los diseños empiezan a centrarse en el usuario, utilizando tecnologías cognitivas e inteligencia artificial, empiezan a tener condiciones adaptativas sorprendentes para cada diversidad funcional.

jueves, 23 de julio de 2015

Pacto de Honor, Responsabilidad Social

¿No debiéramos pensar en que la Ley, consiste en un pacto de honor entre un Gobierno y los ciudadanos?
No nos engañemos, la accesibilidad tecnológica, no es sólo responsabilidad de la industria, la empresa o el comercio. Es responsabilidad de todos, de todos los actores, pero donde debe jugar un papel principal el Gobierno y las Administraciones. Utilizando las tecnologías más adecuadas, accesibles y usables, en todos los procesos y servicios públicos. Y esto significa adquisición de tecnología accesible y usable; puesta a disposición de los funcionarios con discapacidad o capacidades diversas de la tecnología adecuada; puesta a disposición en las oficinas de información pública, en las web públicas, en los servicios públicos, de la tecnología con características apropiadas a todos los ciudadanos (contribuyentes). Esto significa inversión pública, e indefectiblemente incrementaría el interés del sector privado en la accesibilidad y usabilidad tecnológica. La Constitución, las leyes, los Reales Decretos o los Reglamentos no dejan de ser un pacto de honor entre los responsables políticos, los guardianes de los derechos de los ciudadanos que les otorgan esa responsabilidad, y la sociedad. Y debiera ser un pacto de honor reforzado, o debiéramos creer, en caso contrario, que un apretón de manos entre nuestros abuelos, tenía más validez que todo un cuerpo legislativo. Y más honradez. Cada vez más, la empresa y el comercio se dan cuenta de que las personas con diversidad funcional son consumidores de productos y servicios tecnológicos; ahora hace falta que el otro gran consumidor de tecnologías, productos y servicios haga su desembolso comprometido.
Reproduzco una carta que leí hace unos días, en el XL Semanal de ABC nº 1441,, de junio de 2015, en la sección La carta de la semana”. El título de la carta se llama “La mano y mi palabra”. Carta que decía:
Mi abuelo era arriero, iba con las bestias de pueblo en pueblo y hacía y recogía encargos para los vecinos. Hace veintitantos años que se fue y siempre me acuerdo de él, más en estos días de programas, pactos y promesas. Él era una lección de vida. Tendría yo cuatro o cinco años cuando me dio la primera. Lo veía venir con sus mulas y salía corriendo a recibirlo, me subía a una de ellas y lo acompañaba a entregar los encargos. El vecino lo cogía, le daba un apretón de manos y quedaban en verse más adelante. Cuando era él el que necesitaba algo, pasaba lo mismo, se lo traían y se daban la mano. Curiosa, le pregunté si no pagaba lo que le habían traído; no hace falta, me contestó, le he dado mi mano y mi palabra. Su palabra. Su palabra era lo más preciado que tenía, eso decía, porque en ella estaba su honor, su honra, su vergüenza, y los hombres de bien cuando dan su palabra saben que tienen que cumplirla. Hacen falta hombres (y mujeres) como él, muchos. Mi abuelo Frasco era un hombre de palabra, y yo sigo admirándolo y echándolo de menos.”
Recordemos algunas “obligaciones”. En el año 2007, se aprobó la Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, por la que se modifica la ley orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades. En su Disposición Adicional Vigésimo Cuarta, se dice “Los edificios, instalaciones y dependencias de las Universidades, incluidos también los espacios virtuales, así como los servicios, procedimientos y el suministro de información, deberán ser accesibles para todas las personas, de forma que no se impida a ningún miembro de la comunidad universitaria, por razón de discapacidad, el ejercicio de su derecho a ingresar, desplazarse, permanecer, comunicarse, obtener información u otros de análoga significación en condiciones reales y efectivas de igualdad”. Todo esto requiere tecnología, mucha tecnología, productos y servicios electrónicos accesibles. Sistemas de guiado inteligente en los campus. Portales web accesibles. Dotación de ordenadores, software y tablets accesibles… mucho dinero. Si la inversión se realizara y el compromiso se cumpliera, ¿no activaría la pasión por la accesibilidad al mercado?.
Estribillo (como en las canciones?: ¿No sería mejor un apretón de manos?. Y eso se hace continuamente cada vez que coincide un persona con discapacidad y un responsable del Gobierno, en algún acto, “encuentro con”, visita a”, “comisión de”, o “anuncio de …”, por ejemplo de esta Ley.
Veamos otra. En el año 2011, se aprobó Ley 18/2011, de 5 de julio, reguladora del uso de las tecnologías de la información y la comunicación en la Administración de Justicia, que en su Disposición adicional cuarta, Accesibilidad a los servicios electrónicos, dice: “Las Administraciones con competencias en materia de justicia garantizarán que todos los ciudadanos, con especial atención a las personas mayores o con algún tipo de discapacidad, que se relacionan con la Administración de Justicia puedan acceder a los servicios electrónicos en igualdad de condiciones con independencia de sus circunstancias personales, medios o conocimientos”. Dice GARANTIZARÁN. Estupendo. Eso significa inversión, inversión tecnológica accesible y usable. ¡Es para toda la Administración de Justicia!. ¡Eso es mucho dinero!. ¡En bienes, productos, y servicios tecnológicos accesibles y usables!. ¿Incentiva o no incentiva al mercado de proveedores TIC’s, para poder entrar en la inversión?. Pero, ¿se está haciendo…?.
Estribillo (como en las canciones?: ¿No sería mejor un apretón de manos?. Y eso se hace continuamente cada vez que coincide un persona con discapacidad y un responsable del Gobierno, en algún acto, “encuentro con”, visita a”, “comisión de”, o “anuncio de …”, por ejemplo de esta Ley.
Volviendo al 2007, en aquel año se aprobó también el Real Decreto 1494/2007, de 12 de noviembre, por el que se aprueba el Reglamento sobre las condiciones básicas para el acceso de las personas con discapacidad a las tecnologías, productos y servicios relacionados con la sociedad de la información y medios de comunicación social, que en su artículo 8 dice: “Los equipos informáticos y los programas de ordenador –independientemente de que sea libre o esté sometido a derechos de patente o al pago de derechos– utilizados por las administraciones públicas, cuyo destino sea el uso por el público en general, deberán ser accesibles a las personas mayores y personas con discapacidad, de acuerdo con el principio rector de «Diseño para todos» y los requisitos concretos de accesibilidad exigidos, preferentemente en las normas técnicas nacionales que incorporen normas europeas, normas internacionales, otros sistemas de referencias técnicas elaborados por los organismos europeos de normalización o, en su defecto, normas nacionales”. Esto se aplica también a las campañas institucionales. ¡Qué maravilla! ¡Esto afecta a Educación, Sanidad, Transportes, Empleo Público y oficinas de Información, Cultura,... ¡cuánta inversión en tecnología accesible y usable! ¡Qué atractivo para las empresas si quieren participar en estas contrataciones públicas de inversión en tecnología!. Bueno, todo llegará.
Estribillo (como en las canciones?: ¿No sería mejor un apretón de manos?. Y eso se hace continuamente cada vez que coincide un persona con discapacidad y un responsable del Gobierno, en algún acto, “encuentro con”, visita a”, “comisión de”, o “anuncio de …”, por ejemplo de esta Ley.
Y podríamos seguir con el más de centenar de Leyes y Reales Decretos que en los últimos diez años hablan de discapacidad, tecnologías, no discriminación, accesibilidad universal e igualdad de derechos. Pero me canso.
La empresa privada tendría que “ponerse las pilas” si en cada venta de bienes y productos, o en la contratación de servicios, o en las contratas públicas de cualquier tipo, relacionados con la tecnología o donde la tecnología esté presente (es decir, casi todos hoy día), se exigieran los criterios de accesibilidad y usabilidad necesarios para poder ser usados por todos los ciudadanos, con independencia de sus capacidades. Y eso de que no existe tecnología adecuada o apropiada, cada vez es más difícil. Perfecta no, pero sí cada vez más apropiada, con mayores niveles de accesibilidad y usabilidad.
Casi preferiría que los responsables públicos nos dieran la mano y sellaran el Pacto de Honor, la responsabilidad y el compromiso social, en vez de firmar tantas leyes y tantos Reales Decretos; parece ser que un apretón de manos (de las de antes, de manos sudadas por el esfuerzo), tenía ese “algo mágico”, que no deben tener las Leyes y Reales Decretos, de comprometer a las partes al cumplimiento del acuerdo, y salvaguardar así su honor. Y mucho menos, por supuesto, los programas electorales. Y eso que ahí sí que se aprietan manos, en los mítines.
En el siglo XIX, la gente se suicidaba cuando faltaba a su palabra, por haber ensuciado su honor y el de su familia. Claro que eso hoy día no es posible. Sería imposible cubrir las bajas que se producirían en el Gobierno, el Parlamento, el Senado, las Cortes Autonómicas y las Concejalías a un ritmo tan acelerado (siempre que actuaran así, por supuesto).

viernes, 3 de julio de 2015

¿Conocemos las tecnologías, o sólo estamos informados de ellas?

¿Estamos preparados para absorber el conocimiento (no la información) de la avalancha de tecnologías que están llegando: robótica, visión 3D, impresión 3 D, coches inteligentes, wearables, televisores inteligentes, NFC, beacons, realidad virtual,…?. El leer sobre ellas no es conocerlas; conocerlas es, además, saber usarlas y “exprimirlas”. Algo parecido a lo que antes escuchábamos de, cuando nos hablaban de un buen profesional, “conoce su oficio”; pero es que, hoy día, cada uno de nosotros tenemos un “oficio” común: usuarios de las tecnologías de consumo, comerciales, de uso común, y el conocerlas adecuadamente tiene una influencia mucho mayor de lo que nos damos cuenta en nuestra vida diaria. Y cada vez mayor, si pensamos que toda esta tecnología de “uso común” va a quedar englobada dentro del nuevo macroconcepto tecnológico denominado “Internet de las Cosas”. ¿Seremos capaces de llegar a conocer (no sólo a “saber de” o informarnos de ellas), al menos la mitad de la tecnología que nos va a envolver en nuestro entorno, o seremos meros observadores de nuestro alrededor tecnológico?. ¿Podría darse el caso que todos los aparatos a nuestro alrededor fueran más “activos intelectualmente” que nosotros, por ser capaces de cada vez más tomar decisiones por nosotros?. El “no conocimiento” (que no información) de la tecnología, puede ser bastante peligroso. Estas tecnologías emergentes “socialmente” acumulan cada vez mayor potencial, e impacto sobre la persona y social, por lo que el riesgo de este “no conocimiento” también acrecienta las posibles consecuencias.

La propia industria empieza a ser consciente de ello, y a lanzar algunos avisos. Es el caso de lo que puede ocurrir con el desembarco masivo de la Realidad Virtual en pocos meses. “Es un medio muy poderoso, hemos de tener mucho cuidado para asegurarnos de que la gente tiene la experiencia adecuada con él", ha explicado en una entrevista con Efe durante la feria E3 de Los Ángeles, este 2015, el consejero delegado de Sony Computer Entertainment, Andrew House. Manifestaba el directivo que las tecnologías de visualización y procesamiento han llegado a un punto en el que permiten crear una "sensación de presencia" transformadora capaz de hacer creer a la mente que se encuentra en un ambiente diferente al real. No hace falta ser muy experto para detectar las posibilidades sociales positivas de esta tecnología en campos como la educación, la cultura, la arquitectura o la rehabilitación, por ejemplo; pero tampoco hace falta ser experto para darnos cuenta de que una entrada en tromba de aplicaciones, elementos audiovisuales o juegos sin control, sin un conocimiento adecuado por parte del usuario de esta tecnología, podría llegar a generar reacciones sociales, y alteraciones psicológicas en el usuario, impredecibles. El “conocer” una aplicación o un juego, no significa conocer, sin comillas, la tecnología que la soporta, y su influencia en la persona. Cuando se prueba esta tecnología inmersiva, se puede entender lo comentado anteriormente.

El Internet of Everything (Internet de las cosas) o las conexiones entre personas, procesos, datos y objetos combinan distintas tendencias tecnológicas incluyendo vídeo, movilidad, Cloud, Big Data y comunicaciones máquina-a-máquina (M2M). El IoE formará parte del mundo físico (hogares, carreteras, supermercados, dispositivos biomédicos e incluso animales y personas) mediante sensores que generarán Terabytes (una barbaridad de datos, hablando en lenguaje común y no profesional) de información en la nueva economía de las aplicaciones. La estimación es que en 2022, las conexiones M2M podrían representar el 45% del total, mientras las conexiones persona-a-máquina (P2M) y persona-a-persona (P2P) supondrán el 55% restante. Resulta evidente que, en este conglomerado de tecnologías y conexiones, cada ciudadano va estar inmerso en un nuevo universo vigilado, de mensajes, de nuevas formas de comunicación, de acciones automáticas y semiautomáticas que van a realizar objetos conectados en nuestro entorno, de un nuevo sistema de comercio sin dinero, de “pasos francos” en lugares públicos controlados por procesos biométricos…Nos encontramos con dos problemas, problemas muy serios.

El “no conocimiento” por el ciudadano de las tecnologías que le van a rodear, (insisto, el estar informados de ellas no es conocerlas), le pueden dejar en situaciones aparentemente más cómodas, pero también más vulnerable. Hoy en día, que estamos casi en los albores de lo que viene, todo el mundo sabe y usa las redes sociales, el whatshap, la televisión digital o una tableta… ¿pero la conoce? ¿sabe los riesgos del Facebook o del whatshap? ¿”Conoce” como personalizarlo, controlarlo y usarlo de verdad?. Para evitar sus riesgos, y para ponerlo de verdad a su servicio. El segundo gran riesgo, que acrecienta el primero para un porcentaje significativo de la población, personas mayores y con capacidades diversas, es que nos olvidemos de la accesibilidad, y sobre todo de la usabilidad en la implementación de todos los servicios que va a generar esta nueva era tecnológica. De nada va a servir que tengamos tecnología accesible, y nos olvidemos de la usabilidad en el diseño de procesos y servicios. Esto, lamentablemente, se va a ver muy pronto en las nuevas “ciudades inteligentes” o “smart cities”. Tampoco va a servir que tengamos tecnología accesible, y la información generada en medios digitales, redes, transmitidas a través de mensajería o beacons, o el comercio electrónico, sea inaccesible.

La tecnología por sí sola no sirve para nada, su potencial aparece cuando se la conoce y cuando la conocemos, y esto incluye sus contenidos. Información no es conocimiento. “Conocerla” significa, entre otras cosas, aprovechar sus capacidades para poder ser usada en toda su plenitud por las personas y sus diversas capacidades. Es necesario generar conocimiento acerca de la tecnología de uso común. Cuando compramos un teléfono inteligente o smartphone, es muy habitual que venga acompañado de una miniguía donde pone cómo encenderlo, algo sobre la batería, cómo cargarlo, y tres cosas más. El resto para el manual, que ya suele estar en la nube y hay que descargarlo. La mayoría de los usuarios ni dan ese paso, y se quedan en instalar las cuatro aplicaciones comunes. Total, se quedan sin saber que su teléfono inteligente se puede configurar para usar con gestos muy sencillos, por la voz, cada vez más por mirada o detección facial, capturar una pantalla sólo pasando la mano por encima, o cambiar los tipos de letra… Si el fabricante incluyera en su miniguía estas “opciones mágicas” para casi todos los usuarios, estoy completamente convencido que añadiría un valor social inapreciable a su producto, valor del que ya dispone pero es desconocido, reforzando su imagen y atrayendo clientes. Cuántas personas mayores, con graves limitaciones de movilidad, o intelectual, utilizarían mucho más la tecnología de uso común. ¿A nadie se le ha ocurrido incluir un archivo sonoro con estas “capacidades mágicas” de las tecnologías comerciales?. Más sencillo, imposible. Aprovéchese el fabricante y comercializador de la cada vez más comodidad congénita del ciudadano digital.

Juan Pablo Lázaro, Presidente de CEIM CEOE Madrid, manifestaba en una mesa redonda, en el último Fujitsu World Tou en Madrid: “Decimos que estamos en la era de la sociedad de la información y del conocimiento, pero creo sólo estamos en la etapa de la información, aún no hemos llegado a la del conocimiento”. O quizás, simplemente, y referido a las tecnologías, sus novedades y crecimiento acelerado, el exceso de información sobre ellas nos impide conocerlas. Llenar el cerebro de información superflua puede ser tan malo como no ejercitarlo”. Quien lo dice también sabe algo de esto. Es el neurólogo John Medina (Seattle Pacific University, EE.UU), que advierte que “muchos problemas de memoria (y de conocimiento, añado yo) no están causados por el deterioro de las neuronas, sino por las dificultades del cerebro para bloquear el exceso de datos”.

Lo verdaderamente importante es que los ciudadanos usen (manejen) las tecnologías, no que las tecnologías usen (manejen) al ciudadano. Y para ello el conocimiento (no información de la tecnología), sus usos y riesgos, es esencial. Las Tic’s están eliminando cualidades esenciales del ser humano, como pensar, investigar, descubrir y solucionar. Y, por supuesto, leer, desgraciadamente, salvo los “titulares” de twiter. Ni tan siquiera las instrucciones de los cacharros Tic’s, para evitar estar precisamente a su merced y ser nosotros quienes las usemos de manera consciente. En cierta medida, nos estamos convirtiendo en “mentes dominadas”.

Lo importante de la tecnología no es la tecnología en sí, sino el conocimiento de ella (no la “información de” o “el saber de”), cómo usarla y “saber” para qué sirve. Que la persona “común”, es decir, fuera del ámbito profesional o científico, aprenda a utilizarla de forma que le facilite, simplifique y ayude en su vida diaria. Los fabricantes y comercializadores de las TIC debieran empezar a darse cuenta que generar conocimiento acerca del potencial y uso de sus cacharros, lo que atrae, visto desde el lado egoísta o “capitalista”, es clientes y consumidores. Al igual que los proveedores de servicios, que debieran convertirse casi en verdaderos expertos del uso de las TIC comerciales, cada uno en su sector, para enseñar al usuario-cliente, con independencia de sus capacidades, a usarlas para, en definitiva, que les pidan más servicios. Todo esto involucraría, además, a los sectores profesionales y comerciales, en la presión para perseguir una mejora cada vez mayor en la accesibilidad y usabilidad de la propia tecnología, dándose cuenta, al interactuar como “enseñante” directamente con el cliente, de su necesidad.