Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. (Bertolt Brecht)

Muchos me llamaran aventurero, sólo que de un tipo diferente y de los que ponen el pellejo para demostrar sus verdades. (Ernesto "Che" Guevara)

Aquellos que ceden la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad. (Benjamín Franklin)

viernes, 29 de junio de 2018

¿De verdad van a destruir nuestra sociedad los "Robots"?

No somos demasiado buenos como civilización anticipando problemas difíciles que todavía no nos han causado daños”. Nick Bostrom (entrevista El País Retina).
Nick Bostrom es filósofo y profesor de la Universidad de Oxford, dirige el Instituto para el Futuro de la Humanidad y el Centro de Innovación de Estrategia de Inteligencia Artificial, un verdadera autoridad en la materia. En esta entrevista, Nick se pregunta acerca de “una superinteligencia artificial cada vez más poderosa cuyos objetivos no estén alineados con los humanos. El reto es tener la tecnología que permita alinear estos poderosos sistemas con los valores humanos y que siempre hagan lo que nosotros queremos que hagan”. Es decir, por ejemplo, que no generen estrategias políticas basadas sólo en criterios economicistas o de ahorro dejando fuera los valores sociales. Todo esto es extendible a la biotecnología y cualquier ciencia donde la IA juegue un papel esencial. Deshacer lo ya hecho no suele ser fácil; todo lo positivo de la tecnología y sus nuevos desarrollos, sin una adecuada precisión, planificación y control de consecuencias puede eliminar cualquier beneficio para pasar a ser desastroso. Y esto es lo que puede ocurrir ante la implantación de la robótica (y la robótica no es sólo el “humanoide”), impregnada de IA, sin una adecuada planificación y adecuada transición. Porque, como dice Nick, “No somos demasiado buenos como civilización anticipando problemas difíciles que todavía no nos han causado daños”. Pero que sabemos que van a llegar, porque llevamos años hablando de ello, y que tendrán fuertes consecuencias y traerán cambios sustanciales económicos, administrativos y sociales.
Cada vez que leo o escucho todo lo malo que nos van a traer los “robots”, no puedo evitar una sonrisa. Nos van a robar los trabajos, nos van a sustituir en las relaciones, nos van a aislar, a vigilar… en definitiva, se van a apoderar de nuestro mundo. Es sorprendente la capacidad de autodestrución previa que tenemos como individuos y como sociedad. Esto sucede cada vez que históricamente se produce una revolución tecnológica o industrial. Y luego, después del pánico social, de horas, días, meses y años de “horror” dedicados a hablar de las penurias que vendrán, de la falta de empleo, del empobrecimiento de la humanidad… la sociedad se recicla, se reinventa, se reorganiza, y acaba viviendo mejor. ¿Alguien es capaz de negarlo?.
No es la robótica quién nos va a crear problemas; somos nosotros, los humanos que diseñamos esa robótica, quién nos vamos a meter en problemas por pasar el tiempo adivinando esos problemas, en lugar de buscar los medios adecuados para adecuar esa nueva transformación económica y social que se va a producir a nuevas formas de gestión, de trabajo, de hábitos y de comportamiento. Es decir, por dedicar demasiado tiempo a asustarnos, en lugar de a formarnos.
Adit Abhyankar es jefe de ventas de Google Analytics 360 en Europa Continental y Mercados Emergentes. También en una entrevista para El País Retina en marzo 2018, explica cómo “la creatividad en marketing digital depende de entender la oportunidad tecnológica en juego”. Pero esto es aplicable a cualquier cambio en cada sector social producido por la transformación tecnológica a consecuencia de las nuevas soluciones TIC’s dotadas de IA, entre ellas la robótica avanzada. “Tenemos que impulsar el pensamiento más creativo. Los creativos son ahora más importantes que nunca, ¿por qué?. Porque podemos comprender mejor el comportamiento y necesidades de los seres humanos. Es más, somos capaces de intersecar ese conocimiento de los hábitos de alguien justo cuando desea algo”. Y este debe, y puede ser, también aplicado para generar cada vez mayor número y diversidad de bienes, productos y servicios accesibles y usables. Nunca hemos tenido tanto conocimiento, tantas herramientos Tic’s a nuestro alcance para buscar soluciones y mejorar cada sector, sea laboral, sanitario, social, de comunicación o de movilidad; nunca hemos tenido tantos recursos para gestionar, preveer y planificar las transformaciones cada vez más rápidas producidas por las tecnologías; por ello, también debemos ser cada vez más rápidos en ejecutar la soluciones para adaptarnos a esos cambios.
Vemos cada día cómo las máquinas van sustituyendo el trabajo físico, rutinario y los considerados de nivel medio o baja cualificación. Para todas, pero especialmente para esos puestos de trabajo, sólo la reinvención y actualización permanente del puesto de trabajo y actividad puede mantenerlos. Los estudios demuestran que los países, las empresas y los trabajadores que están gestionándolo mejor son aquellos que se están abrazando a la formación continua. Pongamos el esfuerzo en la educación, en la formación cualificada, adaptada y adaptativa, en lugar de quejarnos y preocuparnos de nuestros propios inventos.
La robótica, ben diseñada, accesible y usable, en todos los sectores (domésticos, médicos, asistenciales, empresariales, industriales, o de ocio y culturales), se presenta una vez más como una verdadera oportunidad de negocio y de inclusión social. ¿Acaso no puede ser, una vez más y como históricamente demuestra el avance tecnológico y científico, una nueva fórmula de incorporar la diversidad funcional y discapacidad de forma activa en la sociedad?. Porque es imposible negarlo: más allá de las barreras que crean, los beneficios son mucho mayores. ¿O acaso un ciego está peor ahora que antes de aparecer el mundo digital, el teléfono inteligente, la evolución de la informática o las redes sociales?. Con todos su fallos y carencias, por supuesto y sin olvidarlas. ¿Acaso no es una oportunidad de incrementar el consumo y la productividad?. Recordemos que lo que es accesible, usable y útil, “se compra” y genera beneficio social (incluyendo el acceso al empleo para millones de personas).
La robótica como ciencia posee un enorme potencial de beneficio social y de innovación, por la necesidad de ser más competitivos. Beneficio social, a través de robots de asistencia personal, de dispositivos de mantenimiento de infraestructuras, robótica médica, ingenios para la seguridad ciudadana, etc. ¿Seguro que no abre infinitas posibilidades?. ¿Estamos seguros que va a ser nuestra perdición? Yo más bien creo que puede significar un salto enorme de beneficio social y de inclusión, si lo hacemos bien. Pero eso requiere pensar, planificar a medio y largo plazo, formar y educar, y actuar. Actuar contemplando la diversidad y discapacidad también desde un punto de vista de negocio. Perspectiva que también el Tercer Sector social especialmente (discapacidad, mayores y colectivos en riesgo) debe asumir de manera real y urgente, y no sólo a través de declamaciones demagógicas ante los políticos. Se necesitan estrategias nuevas, innovadoras y permanentes de colaboración Público-Privada como el CENTAC (Centro Nacional de Tecnologías de la Accesibilidad), que persigue TRABAJAR CON la industria, la empresa y las Administraciones Públicas, y NO CONVENIAR con ellas. Hay sensibles diferencias en ello.
En definitiva, “se trata de involucrar a la sociedad en temas de robótica”, decía ya hace varios años Carlos Balaguer (UC3M), en RoboCity2030.
Nadie duda hoy que la robótica es progreso y desarrollo tecnológico, incrementa la productividad y consecuentemente la competitividad y la inventiva. Lo que provoca niveles de desempleo más bajos. Eso sí, siempre con parámetros de accesibilidad y usabilidad. Cuando Google empezó a comprar empresas de robótica allá por 2014 (sólo en ese año adquirió ocho, entre ellas Boston Dinamics), podemos estar seguros que algo va a cambiar en nuestros entornos, sociales y profesionales. Lo sabemos, entonces, ¿por qué no prepararnos, profesional, social y mentalmente?. ¿Nos generaremos nosotros solos la exclusión?.
Francesco Ferro (PAL Robotics) lo tiene claro: “La robótica tiene múltiples aplicaciones en muchos campos diferentes, pero hay una máxima que lo une todo: los robots sirven a las personas". Manifiesta que “la intención de la robótica es hacernos la vida más cómoda, permitirnos llegar donde los humanos no podemos o facilitarnos las tareas más arduas". Disponemos de robots capaces de reconocer el entorno, personas, objetos, voces e interactuar con el humano. Si no olvidamos en sus diseños y formas de manejo y control la accesibilidad y usabilidad, estaremos entrando en una era tecnológica para todos, sin discriminación. ¿Abre la robótica o no abre infinitas posibilidades de beneficio social, nuevas profesiones y más amplias, y simultáneamente enormes posibilidades de beneficio económico?. Debemos canalizar el desarrollo de la robótica a mejorar necesidades básicas del ser humano, inmutables siempre, y cubrir áreas donde los esfuerzos físicos tienen a la larga costes sociales y gastos públicos cada vez más considerables, por el envejecimiento poblacional (que lideran Japón y España). Ahí es donde deben intervenir los inventos robóticos.
Takanori Shibata, creador de la foca terapéutica Paro, también está de acuerdo en que la robótica está para mejorar la calidad de vida. "Los robots van a contribuir a que la calidad de vida aumente entre nosotros. En cuanto a la posibilidad de que generen desempleo, es verdad que los trabajos repetitivos y fáciles los están empezando a hacer en la industria los robots, pero el trabajo que necesite de la mente humana no lo podrán hacer. El trabajo humano será de mejor calidad".
Preparémonos para crear nuevos especialistas, en nuevos trabajos, y profesionales más preparados de conocimientos humanistas y sociales, conocimientos que debiera impregnar la robótica que fabriquemos y la IA que la nutrirá. Robótica que, gracias precisamente a sus cada vez más altos sistemas de IA, podrían realimentarse y cerrar el círculo, ayudando a crear nuevos diseños robóticos cada vez más accesibles y usables.
Si nos centramos única y exclusivamente en reclamar nuestros derechos, como colectivos “perjudicados”, y ser sociedad pasiva frente a lo que sabemos que va a llegar, no nos podremos quejar. Trabajemos para que la revolución robótica sea un verdadero beneficio. Pasemos de contemplar la reclamación de igualdad universal y la “horrible discriminación” que produce la tecnología avanzada, como un negocio, y vayan de la mano beneficio social y económico.
O tendrá razón Nick Bostrom: “No somos demasiado buenos como civilización anticipando problemas difíciles que todavía no nos han causado daños”.
Todas las que llamamos “nuevas tecnologías” están hoy interconectadas, y no tienen sentido unas sin las otras. Robótica, Internet, IoT, Cloud, Inteligencia Artificial (IA), Big Data, teléfonos inteligentes, televisión interactiva,… cada una y todas en conjunto, bien diseñadas y desarrolladas (accesibilidad y usabilidad), generan algo muy importante: beneficio social, beneficio económico, autonomía e inclusión. Sí, he dicho bien, inclusión; porque por defectuosas que sean (y por supuesto, siempre diré y defenderé que hay mucho que mejorar), han supuesto un alto nivel de bienestar social para la discapacidad, dependencia y entornos familiares. Y eso, amigos, la autonomía y la igualdad generada a través de las Tic’s, es el verdadero nicho de riqueza social y oportunidad económica.


viernes, 23 de marzo de 2018

¿Alguien se ha dado cuenta de que necesitamos una transformación digital total (e inclusiva) en la Educación?

Stepehn Hawking acaba de fallecer, el 14 de marzo de 2018; y Stephen Hawking es el mayor ejemplo visible que demuestra lo que la tecnología puede hacer en beneficio de la persona, pero también en beneficio de la sociedad, que no puede ni debe permitir la pérdida de ningún capital humano. Todos y cada uno aportan valor a la sociedad. Sin el sintetizador de voz adaptado que Stephen empezó a usar en 1985, después de practicarle una traqueotomía, todo su conocimiento y valor intelectual probablemente se hubiera perdido. Previsiblemente se hubiera perdido toda su posterior aportación científica a la sociedad. Sin la tecnología adaptada, no hubiera sido posible. Y desgraciadamente, poco nos fijamos en este ejemplo para extenderlo al mundo de la educación, e impedir que ningún ser humano quede fuera de juego por no disponer de los recursos y servicios tecnológicos adaptados y accesibles para su beneficio personal, y aportar valor social. ¿Cuáles son las tecnologías por las que apuesta actualmente el sector de la Educación aquí, si es que apuesta por alguna?
Que el sistema educativo debe transformarse, es algo que nadie (racional) duda; no lo tengo tan claro en el caso de los responsables públicos. Un sistema educativo moderno no puede evolucionar sin desterrar viejos hábitos, y sin anticiparse a las nuevas realidades sociales emergentes que llegan a ritmos cada vez más acelerados. La modernización del sistema educativo ya no puede basarse en el conocimiento teórico, cada vez más cambiante en esta sociedad tecnológica y del conocimiento. Se necesita inversión urgente en medios, infraestructuras, nuevos materiales Tic’s y, pero sobre todo, en actualizar la mentalidad educativa y fuerte inversión en reconversión detoda la estructura docente. El futuro inminente ya no es teórico, es práctico. Y el futuro de los nuevos profesionales requiere otros hábitos, otros medios, y otra metodología, que sirva para acceder a los nuevos empleos, los nuevos retos, y a una adaptación y evolución constante. Y con elementos, medios y formatos accesibles a todos los ciudadanos, adaptados a sus capacidades.
En definitiva, hay que modernizar la educación. Afrontar de manera eficaz y urgente la transformación digital en este campo. Es cierto que gran parte del sector educativo, si no todo, coincide en que nadie sabe a ciencia cierta qué deparará el futuro en este campo y en cualquiera, pero de lo que no hay duda es que será digital. La Sociedad de la Información y del Conocimiento no tiene marcha atrás, y es digital. Todo el potencial de la Economía Digital (y la Educación y la Formación forman parte esencial de la buena salud de una Economía), de transformación de negocios, gestión social, hábitos y cultura, donde el ciudadano es interactivo, fue uno de los temas principales del Mobile World Congress de 2018. En él, el fundador y CEO de Rakuten Hiroshi Mikitani centró la atención en la importancia del móvil y de la tecnología en movilidad; y donde las nuevas formas de estudio y aprendizaje están cada vez más íntimamente unidos al uso del móvil y de las Tic’s en movilidad, con nuevas formas de comunicación entre formadores y “formados”, y donde el aspecto audiovisual adquiere cada vez mayor relevancia. Rakuten manifestó que “el 86,1 % de las visitas que recibe el gigante del e-commerce japonés llegan a través de dispositivos móviles”. Y esta circunstancia se presenta cada vez más en la formación, de ahí la urgencia de incorporar necesariamente la accesibilidad y usabilidad en el mundo digital.
Un buen ejemplo de la necesidad de cambio viene reflejado en la anécdota, preocupante por lo real del caso, de Mohamad Alaloush, que podemos leer en el artículo publicado en El País Digital de 16 de marzo, titulado “El Amazón de la educación: convertirse en un profesional sin salir de casa”: “un refugiado sirio que ahora vive en Berlín, abandonó la universidad en tres ocasiones distintas. Estaba cansado de las clases obligatorias que, a su parecer, solo consistían en memorizar conocimientos. Pese a no tener ninguna licenciatura, ha sido escogido por una empresa de desarrollo de software en Berlín y por el banco N26 en entrevistas de trabajo frente a compañeros que habían pasado seis años estudiando en la universidad”. Lo realizó siguiendo varios cursos de Udemy, una red global con decenas de miles de cursos online, y sobre la que Denise Halm, la directora general para España e Hispanoamérica, manifiesta “Esta historia demuestra que los mejores maestros no siempre se encuentran en las aulas. Udemy es el Amazon de la educación”. Esto no demuestra sino la urgencia de acometer un cambio radical en los sistemas educativos públicos; urgencia que viene reforzada por, además, no perder el control de nuestro propio sistema, y generando enorme gasto inútil. Y porque además, resulta más fácil concienciar a estas nuevas redes educativas y a quienes están detrás de ellas y quienes participan o se forman en ellas, de la necesidad de la accesibilidad y usabilidad de las Tic’s. La experiencia me demuestra que es más fácil llegar a sus conciencias y generar sensibilidad en la búsqueda de soluciones de accesibilidad y usabilidad, que entre los estamentos tradicionales (y que además están obligados). Curiosamente, en el artículo podemos ver que su creador, Eren Bali, de Turquia, donde la formación es escasa y la brecha social grande, buscó la salida en cursos en internet, y llevó su idea de formación online a Silicon Valey, donde despegó. “Su misión es mejorar la vida de las personas a través del aprendizaje”, defiende, lo que me lleva a reflexionar si la solución a la falta de conocimientos e implicación en la accesibilidad y usabilidad en las Tic’s no estará fuera de los circuitos tradicionales pese a que están obligados a ello, al ser teóricamente los responsables de garantizar la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, con independencia de sus capacidades..
Las grandes ferias tecnológicas debieran servir para muchos responsables públicos, de sectores no estrictamente tecnológicos (estos se supone son conocedores avanzados de las Tic’s) para encontrar soluciones a sus respectivas obligaciones en cuanto a servicios, cada uno en su ámbito. Es deprimente entrar en estas grandes ferias, ver todo lo que las Tic’s nos pueden ofrecer cada vez más, ver cómo avanzan las soluciones digitales, cómo las empresas comerciales, las startups y los emprendedores encuentras soluciones para facilitar la vida de la gente, y resolver problemas sociales; la parte lúdica, de entretenimiento, estrictamente comercial o lucrativa, son sólo algunas facetas de las Tic’s. La parte que me importa, especialmente, es que también sirven para generar beneficio social, autonomía e igualdad. Pero hay que saber verlo, por quien tiene responsabilidades de salvaguarda de derechos. Desgraciadamente, la depresión viene cuando sales de estos eventos Tic’s, de imaginar lo que la realidad virtual, el IoT, la domótica, el Big Data, las soluciones Cloud, la inteligencia artificial y la movilidad digital pueden hacer en educación, sanidad, seguridad o administraciones públicas (por supuesto, contemplando la accesibilidad y usabilidad), y sales al mundo real. El mundo de nuestro día a día. Los sueños quedan en el “mundo virtual” de la feria tecnológica que acabamos de ver y explorar.
Me hace mucha gracia, y reconozco que no lo entiendo, cuando se promulgan “leyes de derechos de las personas con discapacidad”; e incluso una Convención Internacional en este sentido, Convención Internacional de derechos de las personas con discapacidad. ¿Acaso las personas con discapacidad tienen otros derechos distintos al del resto seres humanos?. ¿Quizás tienen el doble de derechos?. Permitanme que recuerde que nuestra Constitución establece la igualdad de todos los españoles en todos los ámbitos de la sociedad; y conviene recordar, en este caso respecto a la educación, dos artículos”:
Artículo 27
1. Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza.
5. Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.
Artículo 49
Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos que este Título otorga a todos los ciudadanos.”
(Y aprovecho para decir que La terminología utilizada, “disminuidos”, está derogada por ley).
En todo caso, habría que sacar leyes que permitan garantizar el derecho de ejercicio y de acceso, en este caso a la educación, en igualdad de condiciones. Y hoy día, esto se puede conseguir gracias a la tecnología accesible y usable, en todos los productos, recursos, servicios y documentos utilizados en todos los ciclos formativos. Quizás, la solución sea que los CIO’s de la Administración, mucho más sensibles y conocedores de las TIC’s, tomen las riendas de la gestión pública y pudieran ser ellos quienes mandaran a los altos responsables públicos: se necesita esto para generar igualdad, dame los recursos económicos. De abajo a arriba; de quien conoce y sabe implementar de manera práctica a quien idea con ocurrencias teóricas. En esencia, eso es lo que mantiene Joost Van Nispen, fundador del Instituto ICEMD, ahora bajo la esfera de ESIC, y cuyo pensamiento da un giro a la gestión empresarial (que también es válido para la gestión educativa). Joost es licenciado en Dartmouth College y máster de Ciencias en el MIT de Massachusetts, así como fundador y presidente del Instituto de la Economía Digital de ESIC (ICEMD), domina cinco idiomas, y es presidente del consejo de formación de ADIGITAL, y de múltiples puestos consultivos en asociaciones internacionales de gran peso en el mundo de la educación tecnológica. En el estupendo artículo aparecido en Computing.es titulado “El CIO será el futuro líder de la gestión empresarial”, donde se le entrevista, expone: “En ICEMD hicimos un estudio sobre el futuro de la educación, cómo las tecnologías impactarán en su desarrollo. La generación Z está entrando en las escuelas de negocio. Son personas cuyo medio natural es Snapchat, conocen los medios sociales y para qué cometido sirven. No leen detenidamente, porque son muy visuales. Con sus pautas de aprendizaje tan diferentes, no se les puede enseñar de la misma forma que en el siglo XX. El reto es cómo orientar la enseñanza para abrirse camino en un mundo de cambios”.  El Instituto “…funciona como un laboratorio de innovación, de experimentación y de investigación para mantenernos al día con las últimas tendencias, y asegurar que se introduzca en la formación de toda la escuela y constituya la base de nuevos programas de formación…”. Fuera el mundo de la retórica, bienvenidos al mundo del aprendizaje bajo la premisa de búsqueda constante de soluciones. Y, aunque él no lo menciona, yo sí: todo debe ser contemplando los criterios de accesibilidad y usabilidad en productos, herramientas, servicios y materiales digitales. De otra forma, seguiremos incurriendo en los viejos hábitos y errores de la pre-Sociedad de la Información y del Conocimiento que ha ocasionado enormes brechas sociales, ahora en el mundo digital.
Como mantiene Joost, “el papel del CIO y el papel del CEO están en plena convergencia”. Donde, volcándolo al ámbito educativo y de la formación, los CEO’s serían los responsables Públicos (Ministro, Secretarios de Estado, Consejeros, Directores Generales…), y donde la convergencia vendría dada por la introducción de los CIO’s dentro de los círculos ejecutivos y de toma de decisiones a la par, dejando de ser meros receptores de órdenes. Seguro que así garantizaríamos de formas más positiva la introducción de la accesibilidad y usabilidad en las Tic’s.
Señores, es necesario invertir en una verdadera Transformación Digital total (e inclusiva de la Educación y la Formación, que genere riqueza social, económica e igualdad de oportunidades. Y mucho menos en subvenciones de dudosa rentabilidad que no generan riqueza (aunque es cierto que sirven para mantener tranquilitos, callados y alimentados a muchos colectivos).

viernes, 19 de enero de 2018

El mundo cambia, las leyes no bastan, necesitamos la Colaboración Público Privada

Para entender bien este artículo, hay que ponerse en situación. En los últimos diez años en España se han dictado más de cien leyes estatales, Reales Decretos y sus desarrollos donde se incorpora, de algún modo, la accesibilidad tecnológica tanto a productos como a servicios. Algunos de los desarrollos legales son específicos para las personas con discapacidad (como el RD Legislativo 1/2013 que refunde la Ley General de Derechos de personas con discapacidad, el RD 1494/2007 de condiciones básicas de accesibilidad para el acceso de las personas con discapacidad a las tecnologías de la Sociedad de la Información y la Comunicación,…), y otras veces la accesibilidad a medios y soluciones tecnológicas va incorporado en el articulado de leyes o Reales Decretos generales (Ley Orgánica 2/2006 de Educación, Ley Orgánica 4/2007 de Universidades, Ley 11/2007 de Administración electrónica, Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público..). A ello hay que añadir una Convención Internacional de Derechos de las Personas con Discapacidad (el art. 9 está dedicado íntegramente a la accesibilidad), y múltiples Estrategias y Planes de Acción (para personas con discapacidad, mayores, infancia, o colectivos “desfavorecidos””) donde la accesibilidad digital se contempla “y manda”. Es decir, esta carrera por generar estos más de cien desarrollos legislativos (y lo sé, porque las he ido recopilando día a día) podría decirse que coincide en el tiempo con la explosión de la denominada Sociedad de la Información y la Comunicación, con la aparición masiva de los teléfonos inteligentes, la inteligencia artificial, la robótica, el internet de las cosas, las Ciudades Inteligentes, el Big Data y el Cloud, la automoción cada vez más inteligente… y donde las empresas líderes del sector tecnológico tienen un capital superior al PIB de muchos países.
La tecnología y sus desarrollos en productos y servicios tiene potencial hoy en día para romper grandes barreras sociales y discriminatorias, generando igualdad, e incorporando accesibilidad y usabilidad de serie y permanentemente. Pues algo falla si no es así, con tantas leyes, Reales Decretos, Convenciones internacionales, Planes de Acción y Estrategias. Permítanme, por tanto, que dude de la eficacia del sistema, y me plantee que quizás es más eficaz contemplar la accesibilidad e inclusión tecnológica como mercado, como negocio, como consumo, y me quiera hacer más amigo de la industria y de la empresa que de las leyes. Y quizá para ello el mejor medio sea mediante la Colaboración Público-Privada, y por qué no, Centros de Referencia donde esta colaboración Público-Privada refuerce su dimensión.
Colaboración Público-Privada donde el valor radica no tanto en hacer por la propia entidad que la coordina, sino para hacer que los demás hagan. Es la forma de trascender más allá de los meros proyectos o iniciativas, caducos y finalistas en sí mismos, y ser el verdadero motor y gestor del cambio. Si pierdes la fuerza en hacer tu, pierdes la fuerza y recursos para hacer que los demás hagan. Eso sí, sirve para justificar más fácilmente un sueldo y “a tus jefes”.
¿Por qué negarnos, o querernos negar, que el mundo lo gestiona el dinero?. ¿Vamos a ser mejores por negarlo?. Tenemos claramente dos demandas: la pública (Administraciones, obligadas teóricamente por imperativos legales), y la privada (consumo), donde la gran mayoría de las personas hoy día, con independencia de sus capacidades, se convierte en un verdadero consumidor y cliente si la accesibilidad a medios y productos TIC’s es la adecuada, para poder hacer uso del nuevo paradigma de e-commerce, e-Administración y Sociedad Digital. Y más aún cuando amplios sectores como el turismo, las ciudades inteligentes y el IoT aplicado a los entornos domésticos y asistenciales cada vez tienen más claro que ahí fuera hay cada vez más millones de potenciales clientes, y donde la discapacidad o cualquier limitación merece la atención; al fin y al cabo, hay que adelantarse a conseguir consumidores y fidelizarlos, y la accesibilidad y usabilidad de las Tic’s cada vez importa más. Prueba de ello es el último CES de las Vegas, este 2018.
La empresa no me engaña, las Administraciones y las leyes no lo tengo tan claro. Sé perfectamente que una empresa o industria que durante dos o tres años no ya pierde, basta que rebaje beneficios, hará un ere o reducción de plantilla, despedirá a un 10 o 20% de la misma, y recortará gastos; cambiará de proveedores sin demasiados miramientos en función del coste y margen de beneficios, o subirá o bajará el precio de sus productos según venga la situación, sin importar quién puede adquirirlos o no o sin son bienes básicos o no; no me engaña, lo sabemos, y son las reglas del mercado, lo queramos ver o no. ¿Pero y las leyes que “garantizan” derechos (en este caso de accesibilidad), y las Administraciones que deben cumplirlos?; ¿me debo sentir engañado si no se cumplen, o es un mero error del sistema?.
¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que la Inclusión Digital (personas con discapacidad, mayores, falta de formación o limitaciones sociodemográficas) es negocio a corto y medio plazo, más allá del derecho?. Es decir, forma parte del sistema de mercado, donde solo lo rentable se contempla. Tomemos estas variables desde la planificación empresarial, y como en cualquier negocio, invirtamos, no seamos necios.
Es muy fácil gestionar la discapacidad y las necesidades producidas por cualquier limitación (funcional, de formación o social) sin su conocimiento real, ni la búsqueda de su conocimiento; es decir, desde fuera o “tangencialmente”. No tienen sentido, por ejemplo, las Fundaciones donde el control de la gestión es dirigido por un mero gestor, sin tener el conocimiento de la vivencia dentro, y se mueven en torno a actividades Conveniales bieintencionadas, pero claramente insuficientes y muchas veces dudosamente eficaces, al tiempo que el mundo real está fuera, en otro lugar. O regido por un Consejo lleno de buenas intenciones, pero sin los pies en la tierra (o mirando al cielo). La accesibilidad (tecnológica en este caso) no se aprende sin vivirla, sin tocarla, sin sentirla y sin ser afectado por ella. Y su solución sólo puede venir por colaboraciones multidisciplinares que busquen soluciones de mercado a ser posible, algo que perfectamente puede ser canalizada a través de iniciativas de colaboración Público-Privada empresarial. La ilusión del derecho obligatorio a los recursos bienes, productos y servicios Tic accesibles está bien, sí; pero ya sabemos que el mundo no suele funcionar así, y menos la industria y la empresa, donde el retorno económico es fundamental.
El mundo de hoy no es un mundo donde la realidad la solucionen las subvenciones o simplemente las leyes. Estamos en un mundo de sistema de mercado, capitalista, queramos verlo o no. Y si queremos cambiar algo, nos guste o no, es convenciendo a la empresa de que esto es rentable. Infiltrando la oportunidad de negocio dentro. Y esto solo es posible bajo un esquema de Colaboración Público-Privada de Administraciones, sector privado y Profesionales sociales (y no estoy diciendo asociaciones, hablo de grupos de expertos en accesibilidad Tic). La mayoría de las Fundaciones, Organismos y Centros financiados con fondos Públicos o privados están gestionados o dirigidos por “ajenos al negocio social” o estómagos agradecidos, cuyas acciones no van más allá de la ejecución de “proyectos patrocinados”, de forma que tangencialmente se lavan conciencias. La filosofía Fundacional es buena, sin duda, y esencial complementariamente, desde luego, pero no cambia el mundo. ¿Por qué gran parte de lo que se hace fundacionalmente no se hace en los procesos internos de producción de las empresas?. Esperar que las subvenciones públicas al sector social y las buenas obras de las Fundaciones privadas solucione los problemas de inclusión digital y accesibilidad tecnológica es esperar mucho; solo desde un modelo de colaboración público privada que incentive la visión de las oportunidades en torno a la accesibilidad tecnológica se darán importantes avances en la eliminación de la exclusión digital.
Cuando llevas muchos años en una silla y repleto de derechos, prefiero hablar claro a la empresa y la industria: “Mira, te voy a enseñar a hacer negocio con la accesibilidad tecnológica, y así beneficiamos también a las personas con discapacidad o limitaciones. Pero no te asustes, te voy a hablar en lenguaje de mercado”. Bien claro. Así, al menos, empieza a escucharme.
Cuando no conoces la necesidad más que por los ojos, no la vives, o simplemente te ponen delante para gestionar “una buena obra” de RSC empresarial, no cambias nada. Simplemente, a lo mejor se duerme un poco mejor. Si realmente la gente, y especialmente muchos mecenas millonarios confiaran en las leyes y su garantía por los Gobiernos y los recursos públicos, no debieran existir donaciones.
Vivimos en un mundo tan velozmente cambiante, con tantas crisis sociales y tal nivel de incertidumbre, que es difícil saber dónde estaremos cada uno y nuestros entornos en un futuro cercano, mediano y mucho menos lejano. Quizás es el momento donde la economía actual deba volver a coger el papel protagonista para eliminar cualquier disfunción de inclusión social y digital, y no dejar sólo a los poderes públicos (que visto está que no son quienes mandan) la gestión del bienestar. Quizás, es el momento de que mediante soluciones efectivas de colaboración Público-Privada volvamos la vista a las premisas de “La economía del bien común” de Jean Tirole (premio nobel de economía). Porque creo que parece más que evidente, que el sector privado, más que el público, cada vez tiene más claro que no puede ni debe dejarse a nadie (y dijo nadie, mayores, personas con discapacidad o limitaciones, situaciones sociodemográficas…) fuera de juego. Aunque sea para ganar dinero, generando mayor bienestar y autonomía en el mercado. Al fin y al cabo, el envejecimiento de la población, no necesariamente debe ser malo para la economía; la ampliación de necesidades también genera mercado. Es la propia empresa, por encima de los poderes públicos, quien se está dando cuenta que debe volver a coger el camino de la Economía Social de Mercado, porque es a la misma empresa a quien no le interesan sociedades que pierdan poder adquisitivo. Y por ende, una de las formas de generar mayor consumo es eliminando las barreras de accesibilidad tecnológica, buscando la total inclusión digital para todos, con independencia de sus capacidades.
La realidad jurídica no refleja la realidad social. Sinceramente, prefiero ponerme de lado del sector productivo y buscar rentabilidad económica mediante la accesibilidad; y reconvertir el sistema subvencionado en verdadero gasto público útil que cubra las obligaciones legales sociales asumidas por las Administraciones, en todos los ámbitos.


sábado, 26 de agosto de 2017

Reflexiones acerca del potencial social del Proyecto de Ley de Contratación Pública.

A raíz de la publicación en el BOE de 10 de agosto de 2017 del “Proyecto de Ley de Contratos del Sector Público, por la que se transponen al ordenamiento jurídico español las Directivas del Parlamento Europeo y del Consejo, 2014/23/UE y 2014/24/UE, de 26 de febrero de 2014”, y que ahora pasará al Senado, se me ocurren algunas reflexiones.
La Directiva 2014/24/UE recoge expresamente el principio de accesibilidad como uno de los pilares que ha de regir los procesos de adquisición de productos y servicios que estén destinados a ser utilizados por personas físicas, ya sea el público en general o el personal del poder adjudicador. En efecto, la propia exposición de motivos señala expresamente en su apartado 765:
Para todas las adquisiciones destinadas a ser utilizadas por personas, ya sea el público en general o el personal del poder adjudicador, es preciso que los poderes adjudicadores establezcan unas especificaciones técnicas para tener en cuenta los criterios de accesibilidad para las personas con discapacidad o el diseño para todos los usuarios.
El artículo 42 de la Directiva viene a fijar las reglas concretas en materia de especificaciones técnicas y, especialmente, la exigencias que tales especificaciones han de cumplir en materia de accesibilidad
1. Las especificaciones técnicas definidas en el anexo VII, punto 1, figurarán en los pliegos de la contratación. Las especificaciones técnicas definirán las características exigidas de una obra, un servicio o un suministro”.
La Directiva establece de forma clara e imperativa un mandato a los poderes adjudicadores en relación con las adquisiciones de determinados productos y servicios, consistente en la observancia de criterios de accesibilidad. Y en la medida de lo posible, la observancia del estándar europeo de accesibilidad EN 301549 como requisito técnico en el ámbito de la contratación pública para la adquisición de productos y servicios de las TIC.
Pues bien, de respetarse el texto del Proyecto de Ley tal cual, o de manera sustancialmente aproximada, parece ser que esta obligación va a quedar reflejada, y de esta forma, afectar de manera muy importante a todo, y digo a todo, el proceso de contratación pública en todas nuestras circunscripciones. Y al sector privado que desee participar de este jugoso pastel. Y digo a todo el proceso, porque la obligatoriedad de accesibilidad empieza desde la mera publicación de la oferta, al obligar a generar ésta de forma accesible.
Tal y como está redactado ahora el proyecto de Ley, así queda reflejada la obligatoriedad:
Artículo 126. Reglas para el establecimiento de prescripciones técnicas.
Para toda contratación que esté destinada a ser utilizada por personas físicas, ya sea el público en general o el personal de la Administración Pública contratante, las prescripciones técnicas se redactarán, salvo en casos debidamente justificados, de manera que se tengan en cuenta la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad, así como los criterios de accesibilidad universal y de diseño universal o diseño para todas las personas, tal y como son definidos estos términos en el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social, aprobado mediante Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre.
De no ser posible definir las prescripciones técnicas teniendo en cuenta criterios de accesibilidad universal y de diseño universal o diseño para todas las personas, deberá motivarse suficientemente esta circunstancia.
Disposición adicional decimoctava. Garantía de accesibilidad para personas con discapacidad.
En el ámbito de la contratación pública, la determinación de los medios de comunicación admisibles, el diseño de los elementos instrumentales y la implantación de los trámites procedimentales, deberán realizarse teniendo en cuenta criterios de accesibilidad universal y de diseño universal o diseño para todas las personas, tal y como son definidos estos términos en el Real Decreto Legislativo 1 /2013 de 29 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social”.
Parece que en el Tercer Sector se da especial valor a la inclusión de determinadas cláusulas sociales, que también figuran en el Proyecto de Ley, como es la reserva de un porcentaje de contratación pública a Centros Especiales de Empleo, o a aquellas empresas que incorporen, para casos de desempate, a un número mayor de trabajadores con discapacidad de los obligados legalmente; criterios que están bien, son loables, y por supuesto, bienvenidos. Pero apenas se da importancia a un aspecto que considero aún de mayor trascendencia, base generadora de una verdadera sociedad antidiscriminatoria. Este aspecto es la obligatoriedad de accesibilidad en toda contratación de obras, bienes, productos y servicios de carácter público.
La accesibilidad en bienes, productos y servicios debe ser anterior, para generar el verdadero ecosistema de igualdad social y de oportunidades; y por ende, en el acceso al empleo. Pero es que, la accesibilidad en bienes, productos y servicios crea riqueza y simultáneamente más empleo en sectores y profesiones antes vetados a miles de ciudadanos. A la vez, por supuesto, que se crean entornos universales donde el ciudadano, con o sin discapacidad, es el centro y el verdadero ente activo. ¿Y qué tiene que ver esto con las tecnologías, materia central de este blog?. Todo; absolutamente todo. ¿Acaso conocemos hoy día algún trabajo donde la tecnología no esté presente?, ¿o algún servicio público, sea sanitario, educativo, administrativo o de seguridad, donde la tecnología no esté presente?, ¿o alguna Smart City o ciudad inteligente, espacios públicos en esencia, donde la tecnología el elemento vertebrador?.
Porque, para crear empleo, ¿no es necesario generar primero un ecosistema tecnológico accesible, que no discrimine a ningún ciudadano como ente activo socialmente?. ¿Qué permita la incorporación de la riqueza personal que cada ciudadano tiene, sin discriminación?. La dotación de bienes, productos y servicios tecnológicos accesibles en cualquier corporación pública, y dentro de cualquier ámbito público (educativo, sanitario, cultural, administrativo…), lo que permitiría, entre otras muchas cosas, es facilitar que la mayoría de las actividades laborales y desempeño profesional, pueda ser realizado por cualquier ciudadano que se incorpore a la función pública, tenga o no tenga discapacidad.
Pero los poderes públicos son compradores, o “rentadores”. Es la empresa privada, sean fabricantes o comercializadores, quien debe dotar al sector público de los bienes, productos y servicios que demanda. Queda, por tanto, el sector económico privado ofertante claramente afectado por la ley, y por los condicionamientos técnicos que exige para poder entrar en licitación. Y esto beneficia a todos, sin duda. Pero especialmente a aquellos ciudadanos con discapacidad o limitaciones. Indirectamente, el necesario esfuerzo que deberá realizar cualquier ofertante privado para generar bienes, productos y servicios Tic’s accesibles, debería revertir en una cada vez mayor oferta los mismos. E indirectamente, al generarse progresivamente mayor tecnología y servicios Tic’s con criterios de accesibilidad universal, esta misma tecnología irá incorporándose al circuito productivo privado, y usándose de manera cada vez más amplia y mayoritaria dentro de la empresa y la industria privada.
Es necesario recordar que la accesibilidad universal define los criterios que deben tener los bienes, productos y servicios para ser usados por personas con limitaciones motoras, con limitaciones sensoriales (ciegos o discapacidad auditiva), y discapacidad intelectual. Un porcentaje elevadísimo de ciudadanos con gran discapacidad como las mencionadas, no están incorporadas al empleo activo por carecer de las herramientas tecnológicas accesibles necesarias hoy en día para desarrollar cualquier actividad. Tanto en el ámbito laboral, como en su etapa formativa, y por supuesto universitaria. Y, desde luego, quedan fuera del colectivo de ciudadanos activos, al no poder usar de manera independiente los bienes, productos y servicios que las Adminitraciones deben poner al servicio del ciudadano. Y recordemos, para quien lo olvide, que cualquier falta de autonomía genera costes, muchos costes, tanto para el ciudadano como para quien está obligado por ley.
En el libro publicado por CENTAC en abril de 2017, “Compras Tic’s relacionadas con la accesibilidad en la contratación pública en España”, que puede descargarse gratuitamente desde la propia web del CENTAC (en formato accesible, por supuesto), Rosa Tejerina decía: “Las compras públicas tienen un carácter estratégico, impulsor e integrador. En este informe se destaca la importancia de la inclusión de requisitos de accesibilidad en todas las fases de la contratación con especial incidencia en su incorporación en el pliego técnico de las licitaciones. El objetivo es conseguir garantizar que los productos y servicios TIC que compren las Administraciones públicas y cuyos destinatarios son personas físicas, ya sea público en general o el personal adjudicador, sean accesibles para todas las personas”. Es ese carácter estratégico, impulsor e integrador, el que debe ser el motor para constituir una cada vez mejor sociedad, con participación activa de todos.
Decía Ortega y Gasett que “Solo cabe progresar cuando se piensa en grande, y solo es posible avanzar cuando se mira lejos”. Pensar en grande es generar primero el verdadero ecosistema tecnológico antidiscriminatorio, y luego, o simultáneamente, fortalecerlo con otras cláusulas sociales, que complementen lo que no consiga la accesibilidad tecnológica. Pero nunca tendremos un verdadero sistema social justo, de igualdad de oportunidades para todos, sin un ecosistema de bienes, productos y servicios accesibles, y eliminamos las barreras tecnológicas, hoy perfectamente posible, de forma que dejen de ser utilizables exclusivamente por una parte de la población.


sábado, 3 de junio de 2017

¿Empieza la brecha social tecnológica en la Educación?

“…y seguimos haciendo exámenes.”
Esta frase, repetida varias veces por Marlon Molina durante su excelente intervención en el Congreso del CENTAC en Zaragoza el pasado noviembre de 2016, refleja claramente la falta de adaptación de nuestro sistema educativo, al terremoto tecnológico que ha convulsionado nuestra sociedad en los últimos quince años.
La sociedad ha cambiado radicalmente en pocos años, con la nueva era tecnológica. Hábitos, sistemas de comunicación, procesos productivos y formas de ocio han cambiado. Y ha cambiado (o debería haber cambiado) el sistema educativo. ¿Estamos ante el dilema que plantea Silvia Leal, “E-renovarse o morir”?.
Los docentes suelen tener bastantes más conocimientos que los alumnos; pero no resulta extraño que gran parte de los alumnos tengan más capacidades (de uso y destreza, no de conocimientos ni de informática) tecnológicas que los docentes, y ello les hace pertenecer a mundos distintos que generan incomunicación, e incluso insatisfacción. La forma de transmisión del conocimiento es distinta para unos y para otros.
La brecha social está empezando a nacer desde el propio sistema educativo, tanto el obligatorio como universitario y profesional. Ya no es que afecte sólo a determinada población, como el de personas con discapacidad, por su dificultad en el acceso a la información (en el caso de personas ciegas o con discapacidad auditiva) o falta de adaptación de los materiales (discapacidad intelectual y sensorial). No, empieza a afectar al conjunto de la comunidad educativa, formadores y formados. La diferencia de medios tecnológicos entre centros, la diferencia de formación tecnológica entre los profesionales de la educación de unos centros a otros y de unas zonas a otras, y la incapacidad de adaptación a los cambios que genera y ha generado la Sociedad de la Información y la Comunicación, está haciendo que la brecha social que antes afectaba a una pequeña parte de la población con limitaciones funcionales, se traslade de un modo alarmantemente general a gran parte de la población educativa.
El circuito formativo, desde los primeros ciclos de enseñanza obligatoria hasta la universitaria o formación profesional, sigue anclada en gran parte de su gestión, ahora ya bien entrado el s. XXI, a los mismos ritos de hace uno o dos siglos. Y el resultado, como dice Marlon Molina, es que seguimos haciendo exámenes tradicionales (y obsoletos) para evaluar la capacidad de las nuevas generaciones de alumnos. ¿Dónde queda la transformación digital en la educación, donde queda la introducción de las tecnologías y sus recursos en la evaluación de capacidades personales del nuevo alumno digital?.
Grandes personajes de la historia fracasaron en sus evaluaciones de capacidades para seguir su formación. Giuseppe Verdi no pudo estudiar en el Conservatorio de Milán, pero consiguió crear algunas de las mejores óperas mundialmente reconocidas; Einstein, como Churchill, fracasaron repetidamente ante los sistemas tradicionales de evaluación, los exámenes. Y hoy nos empeñamos en mantener estos criterios rígidos, cuando lo escrito ha pasado a lo digital, la manual a lo audiovisual, la tutorización personal a la virtual, la comunicación directa a la comunicación a través de medios móviles interactivos, y la búsqueda de información de las librerías a los bancos de datos digitales en la nube. Y mientras las tecnologías han cambiado nuestras vidas, hábitos, formas de consumir y relacionarnos, ¿ha llegado la transformación digital a nuestro sistema educativo? ¿En dotación de medios y en capacitación de los profesionales de la educación, para aprovechar todo este avance tecnológico? Y si antes la accesibilidad física a los centros era imprescindible para alumnos con discapacidad física, sensorial o intelectual, ahora la accesibilidad y usabilidad digital es totalmente imprescindible para acceder a la formación online, en sus medios, sus plataformas, sus recursos y, por supuesto, en sus documentos de estudio. Sin la accesibilidad de estos, nada de lo demás tiene sentido. Y esto es, ni más ni menos, que transformación digital en la educación, ¿ha llegado? ¿ha llegado a todos?, ¿o estamos convirtiendo un sistema educativo universal en elitista, según los medios que tengan los Centros, los formadores y los alumnos?.
La transformación digital en la educación debe parar, necesariamente, y sí o sí, en generar una capacitación continua de nuestros profesionales de la educación mediante su propia investigación personal y preocupación por estar al día de los avances tecnológicos, de los nuevos recursos tecnológicos que aparecen, y de cómo adaptarlos y utilizarlos enfocados a la diversidad de capacidades de sus alumnos; entre otras cosas, para tener claro que todo debe ser accesible y usable, si queremos una verdadera igualdad de oportunidades para todos.. De nada sirve inundar de tabletas nuestros centros, de dotarlos de banda ancha o de comprar plataformas y nuevo software. La transformación digital va mucho más allá, y no podemos invertir la estructura educacional: el profesional de la educación puede estar, y de hecho está, más preparado en cuanto a conocimientos teóricos y experiencia; pero el alumnado está sobrepasando al profesorado en hábitos y formas de uso tecnológicos, y esto puede producir verdadera sensación de insatisfacción y obsolescencia del sistema.
Hablemos de la formación online, y citemos algunas reflexiones de destacados profesionales:
"La enseñanza online y abierta está haciendo evolucionar el paradigma educativo hacia entornos más masivos, internacionales, y de más calidad" (Sergio Martín, profesor de la UNED Departamento de Ingeniería Eléctrica, electrónica y de control). ¿Pero para todos, me pregunto?.
"Gracias a los cursos en abierto y a distancia la educación está al alcance de todos. Estudiar en comunidad es muy enriquecedor". (Nuria Cervantes Bañon, alumna de la UNED). ¿Pero para todos, me pregunto?.
"La idea es simple, publicar nuestro material de enseñanza, nuestro contenido del curso, en Internet, y hacer que esté disponible para todo el mundo… gratis". (Dick Yue, Profesor del MIT. Presidente del 'MIT Lifelong Learning Committee 2000"). ¿Pero para todos, me pregunto?.
"Los OER aumentan la adquisición de conocimientos mediante una educación personalizada y con costes reducidos". (Kathy Nicholson. Associate Programme Officer, Education Programme. The William and Flora Hewlett Foundatio). ¿Pero para todos, me pregunto?.
La pregunta es oportuna porque conviene saber, si cuando se habla de "todos", se contempla la accesibilidad en plataformas, documentos y procesos.
La accesibilidad a la educación, tanto en sus plataformas online como en el formato de sus documentos y aplicaciones, cada vez es más importante debido al incremento de la formación universitaria especializada en modo online. Mejor, no más importante, es esencial. “Internet está llegando donde no está la Universidad”, sostiene Andrés Pedreño, director del proyecto UniMOOC del Banco de Santander. “Podríamos grabar las clases de una hora y colgar los vídeos. ¿Pero de qué sirve eso?”, se pregunta Pedreño, de UniMOOC. “Hay que tener en cuenta que el estudiante se va a conectar con su teléfono en la parada del autobús o en el metro. Hay que dar respuesta a sus necesidades. Por eso hay que condensar conceptos en vídeos de dos minutos. Que el conocimiento se vaya acumulando y se valore con test rápidos”. Pero todo esto implica necesidad de adaptar este material a las diversas capacidades del alumnado, si no queremos dejar fuera a nadie, máxime cuando hoy se puede hacer; y paradójicamente, ahí también está su potencial, en la posibilidad de adaptación por parte del alumnado al acceso a esos conocimientos, utilizando sus propias herramientas tecnológicas de estudio que mejor le sirvan.
El paradigma educativo se está transformando a pasos de gigante. En los colegios con técnicas y sistemas innovadores, con los mismos recursos que tienen las escuelas que les rodean, han llegado a eliminar el fracaso escolar y logran el éxito de todos sus alumnos sin importar su procedencia. Y en los sistemas innovadores, las Tecnologías accesibles y materiales digitales, en mayúsculas, deben ser una herramienta esencial.
Y la evaluación, ¿cómo queda?. ¿Seguiremos haciendo exámenes tradicionales, como dice Marlon Molina, o utilizaremos el nuevo mundo digital y su nuevo ecosistema conceptual para adaptar la evaluación para valorar los conocimientos en función de las distintas capacidades funcionales y circunstancias del alumno?.
La solución, sin duda, es la que propone Silvia Leal: "e-renovarse o morir". Es lo que ocurre a las sociedades que se adaptan a los cambios.


sábado, 1 de octubre de 2016

Integración, elemento clave para una accesibilidad TIC universal

Accesibilidad integral, necesariamente global. Ya es impensable como sólo necesaria una accesibilidad parcial a determinados productos o servicios: todos son interoperables y están interconectados. Ninguno sin los otros sirven por sí solos para moverse e interactuar con la Sociedad de la Información y la comunicación. El concepto de accesibilidad universal, nacido para el producto, y en todo caso para el servicio TI, se ha quedado corto. De nada nos sirve si no es Integral, de modo que no falle ningún eslabón de la cadena en la ya global Sociedad de la Información: accesibilidad en el producto y el servicio, pero también compatibilidad, multimodalidad, multicanal, multidispositivo, soluciones de comunicación unificadas y accesibles cada una para no romper la accesibilidad en la integración… De forma que se integren tanto terminal o producto de acceso, como información y procesos con foco en la movilidad. Si falla uno de ellos, la Sociedad de la Información Universal se cae. Ya no estamos a principios de los años 80, donde la accesibilidad a nuestra estación de trabajo se ceñía a nuestro pc individual, casi estanco, con escasa conexión a redes y prácticamente nula oferta de servicios conectados. La accesibilidad debe estar integrada en cada escalón de la cadena. Porque, además, el usuario TI ya no sólo es profesional, trabajador en el ramo; ahora todos y cada uno de los usuarios son clientes particulares, a los que cada vez se puede engañar menor en cuanto a las prestaciones que nos venden.
¿De qué nos sirve el poder acceder a Internet desde una Tablet accesible si los documentos, la información, las aplicaciones o los servicios de la red no lo son?.
Es necesario garantizar un mundo donde el intercambio de información digital sea seguro, sí, pero también accesible y fácil, de forma que asegure su uso por todos y mejore la experiencia de los usuarios a través de sus propios dispositivos, que ya le han supuesto un coste: en la nube, en la red, en el hogar, en la ciudad supuestamente inteligente (con impuestos y las consiguientes partidas presupuestarias en lo que toca a las Administraciones), y en la adquisición del producto.
El caso de los wearables (igual puede decirse de IoT) puede ser uno de los más claros y paradigmáticos, por vincular uso personal, llevable, cotidiano, necesariamente conectado, y posibilidades en múltiples campos; entre ellos, la sanidad. ¿Servirán para algo si no se diseñan bajo concepto de accesibilidad total?. ¿Y si no me los puedo poner, por dificultades motrices en las manos? ¿Y si no puedo acceder a sus funciones, por ser ciego, y no diseñarse para ello? ¿Y si …?. Muy cercano al universo wearable, encontramos el “espacio” de la telemedicina. Es cierto que, en este campo, se ha demostrado que los pacientes crónicos que son telemonitorizados ahorran costes y ganan calidad de vida. Ya en noviembre de 2014, en en el I Congreso Nacional de Wearables y Big Data en Salud, fueron presentados proyectos de monitorización en la nube con la inclusión de wearables y juegos. También un proyecto europeo de monitorización remota de pacientes que permitía que los enfermos hepáticos no tengan que pasarse media vida en la consulta. Entre otras novedades atrayentes entonces, la empresa D-LIVER anunció un desarrollo para estos pacientes que sólo debían pincharse el dedo en casa y colocar la muestra en un chip para estar controlados a distancia. El sistema también incluía un wearable o tecnología vestible con el que poder controlar la presión arterial, la temperatura y el ritmo cardíaco. Añadía una serie de ejercicios para tablet con los que controlar la función neuronal, que puede verse afectada con la enfermedad hepática. Vemos que todos estos procesos, ya hace dos años (por la distancia en el tiempo lo pongo como ejemplo, hoy todavía tiene más sentido), requieren de diversas funciones interconectadas e interoperables entre sí. Pero, ¿Y si falla el eslabón de la accesibilidad global en alguno de ellos? ¿Serviría a una persona ciega, con discapacidad auditiva, limitaciones físicas, o mayores?. ¿Dónde quedaría su valor?. ¿Tendríamos que tener dos sistemas paralelos de salud, uno para quienes puedan manejar las tecnologías remotas, y otro para quienes no?. ¿Duplicaríamos el coste, al hacer el servicio ineficiente?.
El mundo hiperconectado es una realidad y va a seguir aumentando. Existe una clara tendencia de crecimiento en el uso de servicios a través de dispositivos moviles. Un sector importante del mercado es la movilidad, hoy en día ya indiscutible, y dentro de este sector, el modelo BYOD (Bring your own device, o trae tu propio dispositivo), decía Federico Dios, senior solutions de Akamei. Y el modelo BYOD, aparte de otras virtudes y entre otras muchas cosas, puede suponer una oportunidad inmejorable de acceso al mercado de trabajo a las personas con discapacidad, al permitirles usar sus ya adquiridos terminales, hardware y sofware, adaptados y adecuados a sus capacidades. Por poner sólo un ejemplo. Un ejemplo claro, además, donde es importante conjugar los criterios de seguridad en los accesos, con de accesibilidad y usabilidad en el mismo.
También es evidente que va a crecer la adopción de las tecnologías que ayuden a incrementar la satisfacción de los usuarios y a fidelizarles. Ya no se puede engañar al usuario, ni despreciar millones de clientes que por sus distintas capacidades necesitan tecnologías accesibles e integración accesible; las personas con discapacidad son clientes cada vez más poderosos, organizados e informados, con una importante presencia en el mercado.
Estamos convencidos de que las tecnología es el elemento clave de dinamización de nuestra economía, palanca de crecimiento y eficiencia y base para construir el futuro de bienestar y prosperidad que nuestro país se merece”. Lo afirmaba Aurora Delgado, directora general de Fujitsu, en una entrevista realizada por Computerworld en marzo 2014. Con un matiz: el mundo TIC es global desde hace tiempo, ya no se ciñe a fronteras territoriales. Y efectivamente, la tecnología es el factor clave del futuro bienestar, pero ese bienestar sólo será eficiente, real, y cierto, si las tecnologías se diseñan y fabrican para adaptarse a las distintas capacidades de todos los usuarios, y a sus limitaciones funcionales y cognitivas. Cada vez se aprecia más una mayor presencia de los clientes en las decisiones de negocio a través de su participación en redes sociales y medios de comunicación en tiempo real. Y las empresas lo saben.
Las organizaciones, sean públicas o privadas, debieran usar tecnologías que permitan una nueva forma de interaccionar con sus usuarios, ciudadanos, clientes o trabajadores, a través de las redes sociales y los dispositivos móviles. Para ello, el usuario, cliente o trabajador, debe poder acceder a esa información y servicios, con independencia de sus capacidades. Hay mucho negocio en juego, si hablamos en términos de mercado; pero también mucho en juego para lograr la garantía de los derechos de la persona, con indepencia de sus capacidades, si hablamos en términos sociales.
El mundo ha entrado en una era de computación integrada que no sólo vendrá determinada por los propios dispositivos, sino por la integración de la tecnología en la vida cotidiana de los usuarios. Intel introducirá una nueva tecnología que incorpora los sentidos de la percepción humana”. Cuando Norberto Mateos, director general de Intel para el sur de Europa, afirmaba esto en marzo 2014, vislumbraba el futuro. Pero para ello, la accesibilidad en cada paso es esencial. Las innovaciones tecnológicas de los fabricantes tendrán sentido y, por tanto éxito, si son capaces de servir de una forma eficiente a estas necesidades sociales, y por qué no, de mercado.
Queda asumido, como ya he afirmado anteriormente, que la accesibilidad a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es indispensable para las personas para participar como miembros de pleno derecho de la sociedad, para poder ejercer la libertad de elección y para una vida independiente y lo más autómoma posible. Cuando son herramientas diseñadas con criterios de accesibilidad y facilidad de uso (y pensadas para ser integradas con esos criterios), las tecnologías son aplicadas por todas las personas en todos los sectores de la sociedad. La tecnología ha dado lugar a nuevas formas de interacción social, a nuevas formas de gestionar los negocios y la economía productiva, a los cambios en la educación, el empleo y los requisitos de acceso a la cultura y el ocio. La distribución cada vez mayor y el permanente despliegue de las TIC ofrece nuevas oportunidades para distribuir, manipular y almacenar información. El creciente uso de las TIC sólo ofrecerá nuevas oportunidades para las personas con discapacidad en todos esos campos, reduciendo los obstáculos a la participación en la vida cotidiana, si se consiguen eliminar las barreras de accesibilidad en los bienes, productos y servicios tecnológicos actuales, y prevenir los futuros.
La Sociedad de la Información y la Comunicación debe estar al servicio de la persona, y no al revés. Sólo siendo utilizable por todos, será para todos. La tan en boga Transformación Digital sólo puede ser Social (que significa beneficiosa para la sociedad) si contempla la accesibilidad como uno de sus diversos, pero irrenunciable, elementos.

viernes, 27 de mayo de 2016

Transformación Digital, ¿o Transformación Digital Social?

Cuando introducimos el término “Social” en cualquier contexto, entendemos que nos referimos a actuaciones que afectan a una pluralidad indeterminada, pero masiva, de personas. Cuando vinculamos el término a la Tecnología, según su definición en la Sociología, entendemos “Social” por aquello Que repercute beneficiosamente en toda la sociedad o en algún grupo social”.
Nos encontramos en una etapa donde se habla en todos los ámbitos del sector privado (industria, empresa y comercio) y del sector público (Gobiernos y Administración) de la transformación digital y de las formas y urgencia en acometerla. Podemos entender por “transformación” digital” la introducción en todos los procesos y servicios de ambos sectores, públicos y privados, de los productos y recursos que pone a nuestra disposición la industria tecnológica. Sin embargo, este proceso, tomado sin más, sólo generaría un beneficio en la gestión de la eficiencia, y en todo caso, en la ficticia reducción de costes. Pero es cuestionable su peso en un incremento del bienestar social.
Por ello, debemos perseguir el completar el concepto “Transformación Digital” con el adjetivo “Social” (según la sociología). Y para que la transformación digital beneficie a toda la sociedad (concepto amplio y preferible) o a algún grupo social, la introducción de la tecnología (bienes y productos) y sus recursos (aplicaciones y servicios), debe realizarse tomando a la persona como centro, y pensando en la persona como destinatario principal de la transformación digital. Y si queremos una “Transformación Digital Social” completa y en su concepto amplio, con beneficio directo en cada actor de la sociedad, la gran mayoría de los bienes, productos y servicios implementados en ella, deben, además, cumplir necesariamente determinadas condiciones. Dos de ellas, innegociables, la accesibilidad y usabilidad de toda la tecnología y recursos Tic utilizados.
La Transformación Digital no es un proceso de empresa, es un proceso que afecta a toda la sociedad, y a todas las estructuras públicas y privadas, la gestión y los servicios. Desde esta perspectiva, está de moda hablar de transformación digital (aún cuando este concepto no es nuevo, y tiene algunas décadas), pero vinculada esencialmente a la empresa, y a los desarrollos que nos quiere vender la empresa. Sin embargo, esto no deja de ser un error, como tantos otros cuando hablamos de la sociedad conectada. La empresa no deja de ser un espacio más de los que constituyen un entorno mucho más global, una sociedad, un país, un territorio o un continente; y en todos ellos, la célula común e indispensable es la persona. Por ello, debiéramos ir hacia un diseño más universal, y aprovechar la oportunidad que nos ofrecen las cada vez más poderosas tecnologías, y empezar a hablar de la Transformación Digital Social. Un espacio donde confluyen las personas, en cohabitación con sus creaciones: edificios, espacios comunes, empresas, industrias, servicios a disposición del ciudadano (sociosanitarios, educacionales, culturales, transportes…). Es el momento de transformar, si queremos, la sociedad en su globalidad, y no cada “creación” en su particularidad.
La transformación digital es, en definitiva, la transformación de la sociedad. Es el cambio de nuestro modo de vida, de nuestros hábitos, de nuestras costumbres, de un nuevo sistema de trabajo y producción, de nuestra forma de acceso y utilización de servicios públicos y privados. Es la transformación de la educación, la sanidad, la cultura o la comunicación. Todo ello basado en tecnologías presentes o emergentes, que van posicionandose en nuestras vidas sin darnos cuenta: IoT, cloud, realidad virtual, tecnologías en movilidad, sistemas de desplazamiento autónomos (coches inteligentes), desembarco de la robótica… tecnologías que sin los criterios de accesibilidad y usabilidad dejarán a millones de ciudadanos-usuarios-consumidores fuera del círculo, desplazándolo a puntos alejados de la circunferencia que lo sustenta. Y las consecuencias, desgraciadamente, serán desastrosas para la economía, para el gasto público y para la sociedad.
Con la transformación digital pasa lo mismo que con las Smart Cities o Ciudades Inteligentes, corremos el mismo riesgo de tener que retransformar lo transformado, en ambos casos con unos costes de millones de euros. Es decir, lo mal transformado puede suponer la mayor brecha digital y social creada hasta la fecha, tanto en entornos privados como públicos. La diferencia con épocas pasadas (o tan sólo años), es que las excusas se van esfumando: cada vez existen más recursos, bienes y productos TIC’s con amplios abanicos de criterios de accesibilidad y usabilidad, y si en conciencia existiera verdadera voluntad de convertir la Tanformación Digital en Social, los servicios generados, públicos o privados, debieran desplegarse utilizando las tecnologías más adecuadas a la pluralidad de capacidades de los ciudadanos (y consumidores) que conforman la Sociedad. Servicios en cualquier sector: sanidad, educación, transportes, Administración, cultura, comunicación o infraestructuras, por citar algunos.
En el excelente artículo de El País de 26 de abril de 2016 (http://economia.elpais.com/economia/2016/04/25/actualidad/1461606018_234064.html), la directora de IBM Commerce, Carmen García dice "No solo hay escasez de recursos asignados a la digitalización, sino también de personas, como tampoco existe una hoja de ruta definida y compartida con la alta dirección de las compañías." También Sonia Casado, directora general de Accenture Digital, manifiesta "para muchos directivos la transformación digital sigue siendo poner una tienda online, y basta". La conclusión es evidente: en ningún momento se plantean la mayoría de las empresas que su forma de trabajar en el mercado está cambiando, y que el usuario-consumidor es distinto, y en pocos años será esencialmente digital. Quizás entonces, se arrepientan de no haber tenido la visión de anticiparse a la eclosión del ciudadano digital, despreciando el potencial de los millones de capacidades diferentes entre los ciudadanos-consumidores digitales, al tiempo que ven cómo las cuentas de resultados de sus empresas descienden dramáticamente.
David Alandete, director adjunto de EL PAÍS, daba la bienvenida a los asistentes a Retina, el foro Iberoamericano y Tecnológíco que organizó su corporación el pasado mayo en Madrid, con esta afirmación: "La transformación digital no es un problema, es una gran oportunidad". Efectivamente, la oportunidad para las personas, la oportunidad de diseñar una sociedad más igualitaria, la oportunidad de generar consumo y riqueza sin excluir a nadie mediante soluciones tecnológicas adecuadas a la diversidad de la población, tomando en consideración sus distintas capacidades. La tecnología se puede y se debe humanizar, para estar al servicio de la persona. El usuario (como demandante o necesitado de determinados bienes, productos y servicios), debe ser la guía, la pieza clave y común para los medios tecnológicos que maneja la empresa, la industria y la Administración. Para ello, los medios tecnológicos ofrecidos al usuario deben ser accesibles y usables. Es la oportunidad adecuada para aunar beneficio económico y beneficio social. Es la gran oportunidad, como decía Luis Alandete.
Educación. Salud. Cultura. Política. Economía. Nada será lo mismo tras la transformación digital. Nada lo es ya. Políticos, empresarios, emprendedores, educadores, pensadores, gurús... Todos están obligados a repensar la sociedad, los mercados que la alimentan y las instituciones que las rigen con un cambio de paradigma que marca el pulso del siglo XXI: la transformación digital. Y todos están de acuerdo en que el gran cambio es que, ahora, el centro de ese universo ya no son las empresas e instituciones sino el ciudadano, o mejor, el espectador, el lector, el cliente de banca o energía, el alumno. La revolución digital ha dado todo el poder al usuario”. (http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/05/10/actualidad/1462859976_907242.html). Un proceso en donde el Big Data tiene un papel fundamental para llegar a conocer lo que pide el usuario, o los bienes, productos y servicios que necesita cada usuario en función de sus diferentes capacidades. De hecho, Big Data debe convertirse en la herramienta definitiva para compartir conocimiento, integrar conocimiento, y difundir conocimiento, con el objetivo de socializar la tecnologías, sus desarrollos y servicios.
Uno de los ejemplos más evidentes y nefastos de una desastrosa transformación digital la tenemos en el reciente proceso de gestión documental y procedimental en la Administración de Justicia, y de la entrada en vigor de la obligatoriedad de utilización para todos los profesionales del sector (jueces, fiscales, abogados, procuradores…), de la plataforma de transmisión y remisión de todo tipo de documentos a través de la plataforma digital LEXNET. Una plataforma de acceso vía web, incompatible con gran parte de las versiones de navegadores más comúnmente utilizados por los usuarios, entre ellos el último de Microsoft; diseñado sobre Java, por supuesto no accesible y saltándose todos los principios de la usabilidad. Y como no, la obligatoriedad que tienen desde hace años las Administración Públicas de cumplir los requisitos de accesibilidad y usabilidad en todos aquellos portales y servicios de carácter público. Pero además, y consiguiendo hacer el triple salto mortal de una nefasta transformación digital, introduciendo en la brecha digital no sólo a ciudadanos y profesionales con discapacidad o limitaciones funcionales, sino a miles de profesionales y usuarios por la dificultad de su uso, su incompatibilidad de equipos con la plataforma, por su lentitud, por la falta de formación (que debiera haberse previsto) de los usuarios del sector, o lo no menos grave, la falta de cobertura de redes de banda ancha aún en muchas zonas, donde la utilización de internet sigue siendo, incomprensiblemente, deficiente, muy deficiente o sencillamente nula. Es decir, se ha logrado en la Administración de Justicia, clave en el velar por los derechos de los ciudadanos, plasmar la antítesis de lo que debe ser el concepto de la Transformación Digital Social: la Transformación Digital Antisocial.
En la Vanguardia digital de 17 de mayo de 2016, hablando del Digital Enterprise Show 2016, se dice “El evento nace con el objetivo de contar con la presencia de expertos internacionales que hablarán sobre social business, liderazgo digital, ciberseguridad, Internet of Things o movilidad, entre otros. Todo ello con las empresas y su transformación digital como hilo vertebrador del evento”. Me pregunto, ¿dónde queda el ciudadano, para convertir la tranformación digital en Social?. En el mismo artículo, afirma Lluís Altes, Strategy director de Digital Enterprise Show: “El mercado actual se ha visto transformado por la tecnología. Desde cómo se relacionan los nuevos consumidores con las empresas, a cómo estas se relacionan con sus empleados, el mercado exige que iniciemos nuevos modelos de negocio más versátiles y adaptados a la nueva realidad”. Parece que Lluis Altes lo tiene más claro, el eje de la transformación es la persona en cualquiera de sus roles: mero ciudadano, consumidor, empleado o usuario de servicios públicos o privados. ¿Pero tiene claro que estos nuevos modelos de negocio a que alude, deben contemplar necesariamente la accesibilidad y usabilidad en cada componente implementado, para convertir la Transformación Digital en Social?.
Estamos a tiempo: tenemos la mejor oportunidad de incorporar a la Transformación Digital el adjetivo Social; es decir, perteneciente o relativo a la sociedad. Y la sociedad está compuesta por todas y cada una de las personas. No desaprovechemos esta oportunidad.